Archivos para Noviembre, 2009

El tío que dejó a Bill Gates por el baloncesto

29 Noviembre 2009

Veo a Paul Allen sentado ufano siguiendo los partidos de la franquicia de la NBA de su propiedad, Portland Trail Blazers, y me sonrío. Recuerdo que todos empezamos a oír hablar de él como confundador de una exitosa compañía informática, junto a un hombrecillo conocido como Bill Gates. Pero en septiembre del año 2000 decidió abandonar la compañía y todos los cargos que en ella ocupaba, cuando ésta pasaba por su mejor momento. Aceptó una generosa oferta de su socio y desde entonces se dedica a vivir la vida según principios distintos de los que marcan la codicia, entre otras bajas pasiones.

No crean, ahora Allen disfruta de sus costosos pasatiempos y, como siempre fue aficionado al deporte pero practicarlo cansa, en 1998 pagó 70 millones de dólares por dicho equipo de la NBA. A Allen también le gusta la música, sobretodo el rock & roll, y la toca sentado, tiene un estudio de grabación profesional en su casa y ha financiado el museo dedicado a su paisano Jimi Hendrix en Seattle. Por si fuera poco, cabe añadir que el amigo Paul es además aficionado a la búsqueda de vida extraterrestre y está involucrado en el proyecto SETI, acrónimo del inglés Search for ExtraTerrestrial Intelligence (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), entidad surgida bajo el patrocinio de la NASA que cuenta con numerosos proyectos encaminados a encontrar vida extraterrestre inteligente; hasta envían mensajes de distintas naturalezas al espacio con la esperanza de que alguno de ellos sea contestado.

Desconozco si es éste un ejemplo a seguir; quien pueda, claro. Gastar todo ese dinero en caprichos, vivir sin responsabilidades para siempre jamás, son consustanciales al deseo del ser humano más desumanizado. Más bien es sólo un ejemplo más de que los tiempos cambian, dudo que necesariamente para mejor.

Vineshoot

Chelsea Hotel: Una Fantasía de Manhattan

26 Noviembre 2009

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Cuando se viaja suele ser para constatar que lo que imaginamos merece existir. Para que no exista la lógica decepción al llegar a nuestros desconocidos destinos favoritos, preparamos durante cierto tiempo nuestra mítica de rutas y visitas, y ahí es donde el verdadero viaje empieza. Después sólo hay que tomar un vehículo locomotor cualquiera, y viajar para constatar qué pizca de verdad hay en todo aquello que hemos imaginado.

El Chelsea Hotel es esa mítica elevada al cubo. Mencionado en la obra de muchos artistas, y visitado después por artistas que querían conocer a esos otros artistas que lo cantaban, y sabían que el Chelsea a esas alturas no era un mal sitio para hacerlo.

Allí debieron estar también, pues, cientos de wannabes haciendo lo mejor y lo peor para estar en primera plana del mundo cool de la bohemia, o al menos del prometido desenfreno orgiástico, o al menos, lo mínimo, de los escándalos relacionados con la droga. Todo ello añadido a que la caja que contiene al Chelsea es la mismísima caja mítica de Manhattan, que además está dentro de la caja mítica de Nueva York. Y ahí tenemos al Chelsea metido en el imposible fregado de ofrecer correspondencia entre deseo y realidad al viajero.

La realidad, entonces, puede pasar por que el Chelsea sea un sitio agradable, que aprovecha bien su pasado para atraer a unos cuantos curiosos por ésta ruta poco frecuentada en los paseos turísticos que atraviesan la Gran Manzana. Medias frases con un simpático recepcionista, dar una vuelta por el legendario hall… se hace difícil imaginar que realmente ocurrió allí todo aquello que cuentan las crónicas. Principalmente porque lo que ocurrió (dicen) allí es lo mismo que está ocurriendo en cualquier lugar del mundo en éste mismo momento. Y eso debería ser todo.

¿Le quita ésto encanto a la visita? ni un ápice. Por eso éste artículo se escribe en ese mismo hotel, y pasa a formar parte de esa otra mítica, la que se pretende desmitificadora de cualquier lugar o hecho. Poner un pie en el hall del Chelsea da significado a la imposibilidad de desmitificar nuestros deseos, por muy estúpidos que sean. La razón es simple: los necesitamos, para que el Chelsea no sea un hotel más. O para que nuestra vida merezca desarrollarse en esa habitación en la que nuestros muebles encajan como una semilla en la tierra húmeda.

Nico – Chelsea Girls (Chelsea Girl, 1967)

wagnerian

Triunfo, la revista de la estrella roja

21 Noviembre 2009

Han pasado ya cosa de un par de años desde que un convenio entre la Universidad de Salamanca y Ediciones Pléyades posibilitó la existencia de Triunfo Digital, de nuevo, como su extinta edición en papel, bajo la dirección de José Ángel Ezcurra. La revista Triunfo se publicó desde 1962 a 1982, primero como semanario cinematográfico, después pasó a la información general y, poco a poco, se fue orientando hacia la política. En Triunfo colaboraron los ya fallecidos Eduardo Haro Tecglen, Luis Carandell y Manuel Vázquez Montalbán; también Diego A. Manrique, Ramón Chao, Andrés Rábago (bajo el seudónimo de Ops, más conocido hoy día como El Roto), Teresa Pàmies o Juan Cruz, entre muchos otros.

En esta nueva versión en Internet se puede encontrar la colección completa de la revista, cerca de mil números, con una opción de búsqueda habilitada por secciones, números, autores o a través de una cronología. Asimismo, se encuentra también digitalizada la revista filial Tiempo de Historia y se prevé para un futuro próximo que esté disponible el que fuera “semanario de humor dentro de lo que cabe” Hermano Lobo. Sirvan estas líneas como testimonio de otra forma de periodismo que fue posible, si bien no rentable.

Vineshoot