Archive for marzo, 2009

El sueño de la razón produce monstruos

31 marzo 2009

Springsteen entre fuegos de artificio

Bruce Springsteen está de gira y regresa a España; a finales de julio y principios de agosto actuará en Bilbao, Sevilla, Benidorm, Valladolid y Santiago. Parafraseando el título de su nuevo disco Working on a Dream, el músico sigue trabajando en un sueño; su actuación en el descanso de la Super Bowl o su acuerdo con la cadena Wal-Mart para la edición en exclusiva de un disco con sus grandes éxitos incitan a preguntarse de qué sueño se trata.

No parece preocupada su feligresía por las presuntas incoherencias entre el mensaje del músico y el desarrollo de su carrera. Si bien el precio de las entradas de sus conciertos españoles -sobre los 67 y 83 €- no parece beneficiar la economía familiar de los verdaderos damnificados por la crisis, supuestos destinatarios de las canciones del Jefe, cuentan las crónicas que la sucursal sevillana de la cadena FNAC abrió sus puertas el día que ponía a la venta las entradas con más de 200 personas haciendo cola en la calle, agotándose las más caras en cuestión de horas. Sirva esto como ejemplo de la actual falta de relación entre la imagen que Springsteen proyecta de sí mismo, recordemos como ejemplo reciente su disco tributo a la figura del reputado izquierdista Pete Seeger (We Shall Overcome: The Seeger Sessions, 2006), y su verdadero estatus como músico de masas generador de pingües beneficios para la industria musical.

En la biografía autorizada Glory Days, Dave Marsh escribió que Springsteen se mostraba reticente a la publicación en 1984 de Born in the USA, disco de ventas multimillonarias que significaría su ingreso en el ‘mainstream’. Marsh afirmaba que el de Nueva Jersey prefería seguir la senda emprendida con Nebraska, su anterior lanzamiento, disco de producción casera y solitario acompañamiento acústico repleto de canciones protagonizadas por anti-héroes que se deslizaban por el reverso oscuro del sueño americano, que fue su productor musical Jon Landau quien le convenció para asumir la condición de superestrella. Es una forma de explicarlo. También es cierto que el otrora presidente de los EE.UU Ronald Reagan utilizó en una campaña electoral la entonces celebérrima canción de Springsteen, que daba título a aquel disco de 1984, y que el rockero aprovechó uno de sus conciertos para preguntarse en público si Reagan habría leído la letra de la canción, que comienza con la frase “Nacido en el país del hombre muerto”; después interpretaría Johnny 99, del disco Nebraska, bajo la advertencia que seguro ésa no iba a gustarle a Reagan. El caso es que hoy día Springsteen firma los contratos multimillonarios que Landau, en calidad ahora de productor ejecutivo, le tiende. Entre ellos uno con los almacenes minoristas Wal-Mart que ha hecho sonar las alarmas en las filas progresistas de entre sus seguidores.

La multinacional Wal-Mart no sólo es la pesadilla del pequeño comerciante en general y de las pequeñas tiendas de discos en particular, también se ha ganado horrible reputación por su agresiva política laboral. Como ha denunciado Human Rights Watch, la compañía aprovecha la débil legislación laboral norteamericana para negar a sus trabajadores el derecho a sindicarse. Springsteen se excusaba el pasado mes de enero por permitir la edición de ese recopilatorio, que sólo se distribuirá en los almacenes de Wal-Mart, en una entrevista concedida al New York Times: “Siempre estamos metidos en muchas cosas distintas”, declaró alegando a su apretada agenda. “Dada la reputación laboral [de Wal-Mart], fue algo que, de haber meditado con más tiempo, habríamos hecho de forma distinta”. A lo que añadió: “Fue un error. Los fans nos criticarán, como deber ser”.

No tiene de qué preocuparse. Mientras siga cantando al sueño de la clase trabajadora, no le faltarán acólitos poco concienciados para rendir pleitesía e incrementar su cuenta corriente. Habrá quien considere que más vale hacerse rico cantando coplas que despierten las conciencias que, por ejemplo, vendiendo armas. Cierto, pero valoremos entonces al músico en su justa medida. Hoy día no es más que un mercader vendiendo su género.

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