Archive for junio, 2009

Reggae-pop

29 junio 2009

reggae2

El reggae-pop existe, me lo ha dicho un crítico.


I should have known better with a girl like you
That I would love everything that you do
And I do, hey, hey, hey, and I do

I never realized what a kiss could be
This could only happen to me;
Can’t you see, can’t you see?

That when I tell you that I love you, oh,
You’re gonna say you love me too, hoo, hoo, hoo, hoo, oh,
And when I ask you to be mine
You’re gonna say you love me too

So, I should have realized a lot of things before
If this is love you’ve gotta give me more
Give me more, hey hey hey, give me more

I never realized what a kiss could be
This could only happen to me
Can’t you see, can’t you see?

That when I tell you that I love you, oh
You’re gonna say you love me too, oh
And when I ask you to be mine
You’re gonna say you love me too

You love me too
You love me too

The Skatalites – I Should Have Known Better (Foundation Ska, 1996)

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Sisa: L’home dibuixat (VOSE)

27 junio 2009

sisa

Con un trozo de carbón y otro de cuero viejo
dibújame un señor sin un pelo de tonto
Ponle flores en la cabeza, un traje de nylon,
unos guantes de piel de gato y una etiqueta en la frente
que diga:

Yo soy el hombre dibujado, el que no tiene carne ni cuerpo
Hombres dibujados como yo, si os fijáis, veréis muchos

Para acabar de hacer tu obra de arte,
repásale muy bien la nariz gorda y larga
Cuélgale un lazo rojo, dibújale dientes de oro
y en la espalda un cartel que diga:
No estoy muerto.

Yo soy el hombre dibujado, el que está hecho de papel
Hombres dibujados como yo cada día nacen más

Después para celebrar el parto sin dolor,
enséñale a cantar una canción de amor
Y con agua mineral lávale la cabeza
ponle un nombre original y por bandera un trapo
que diga:

Yo soy el hombre dibujado, el que no tiene cuerpo ni carne
De los hombres dibujados como yo se aprovechan los poderosos

Sisa – L’home dibuixat (1968)

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Panegírico para Charles Mingus

21 junio 2009

mingus

Cuando hace unos años empecé a escribir estas líneas tenía la sensación de estar lanzando al mar un mensaje en una botella. Afortunadamente perduraban en mí reminiscencias de cierto romanticismo decimonónico, vaya usted a saber por qué, y me embarqué feliz en un viaje que recorría tiempo y espacio conectando mi vida con la de un genial bajista y compositor de música jazz nacido el 22 de abril de 1922 en una base militar sita en Nogales, Arizona, cerca de la frontera con México. Entonces, como ahora, esperaba que esta conexión animase a los lectores y se dejaran embargar, no hay otra forma, por la misma emoción que yo siento todavía al escuchar su música.

Además de haber sido un virtuoso de su instrumento, el contrabajo, líder de bandas de jazz que contaron entre sus miembros algunos de los mejores músicos e instrumentistas de toda una generación, Charles Mingus fue uno de los grandes compositores de música del siglo XX. Eso se deduce al escuchar, por ejemplo, la épica Meditations on Integration: una epopeya de más de veinte minutos de duración que se podría imaginar llevada al cine por Cecil B. DeMille de no ser por el tema y el formato (se trata de un nuevo viaje temporal en el espacio, esta vez para caer prisioneros de una realidad que no es la nuestra, sino la de quien nació en el África negra y llegó a América como esclavo). Sucede que Mingus también tenía afecto por los ritmos infecciosos de la música popular norteamericana, léase blues y R&B, además gozaba de un excelente y chabacano sentido del humor y, lo que fue decisivo en su carrera, fue activo militante en la lucha por los derechos de los ciudadanos de raza negra en los Estados Unidos, hasta tal punto de que su militancia le ocasionaría más de un problema con las fuerzas del orden. El tema Original Faubus Fables del disco Charles Mingus Presents Charles Mingus (1960) (disco cuyo contenido político impidió a Mingus publicarlo en su sello habitual) es un excelente ejemplo de estas manifestaciones. Todo ello le perjudicó a la hora de ser considerado por parte de la crítica musical de su época, en su mayoría de raza blanca, como el excelente compositor que fue. Aquellos que gustan de los clásicos como única forma de expresión musical reconocible pueden también acudir en busca del talento de Mingus en discos de su etapa de madurez como Mingus Moves de 1973 o recurrir al documental Charles Mingus: Triumph of the Underdog, realizado por Don McGlynn en 1997, buena parte de este último enfocado como instrumento corrector.

Charles Mingus se crió en un ambiente reaccionario y racista donde se le discriminó tanto por ser parte negro como por ser parte blanco. Sus abuelos maternos tenían nacionalidades china y británica, mientras que los paternos eran de origen sueco y africano. El primer conocimiento que tuvo el joven de la música fue en la Iglesia de Holiness, suburbio negro de Los Ángeles donde se había trasladado su familia. Allí demostró tener buen oído y amigos para convencerle de que abandonara los estudios de chelo, un instrumento más propio de blancos que de negros, y se dedicara a practicar con el contrabajo. Tomó lecciones de Red Callender, contrabajista profesional de la era del swing, y en 1940 consigue su primer trabajo en la banda del batería Lee Young (hermano de Lester). Ya en 1942 Mingus se había convertido en un efectivo contrabajista, teniendo incluso la oportunidad de realizar varias actuaciones acompañando a Louis Armstrong. Más tarde se traslada a Nueva York, cuna por aquel entonces de las nuevas tendencias musicales, introduciéndose en los círculos de la nueva música jazz, el bebop. Participó en el mítico concierto de 1953 celebrado en el Massey Hall de Toronto junto a luminarias del género como el saxofonista alto Charlie Parker, el trompetista Dizzy Gillespie, el pianista Bud Powell y Max Roach a la batería. A partir de entonces llegaría su periplo como líder, su primer contrato discográfico y su primera obra maestra: Pithecanthropus Erectus (Atlantic, 1956).

Hoy en día, la crítica le considera como un músico de vanguardia, y Charles Mingus se nos descubre en la mayor parte de su producción discográfica, incluyendo la póstuma, como uno de los iconoclastas que cambió la forma de entender la música jazz. Una vez reconocida, y reverenciada en su caso, la influencia de Duke Ellington y Charlie Parker, creó un lenguaje nuevo y receptivo a los ecos de músicos tan dispares en forma, que no en concepto, como Ornette Coleman e Igor Stravinsky. La trompeta que doblaba la sección de viento al minuto y medio de Peggy’s Blue Skylight (Tonight at Noon, 1957) que recuerdo sonaba mientras escribía estas líneas no dejaba lugar a dudas.

Nos queda, como guardián de la memoria, su música. Las grabaciones de Mingus son melodías de sirena que atraen hacia sí todo ejemplo de consciencia, jugando con nuestro cuerpo y mente hasta dejar al oyente extasiado; es decir, debemos de realizar el honesto esfuerzo de considerar a Charles Mingus a la altura de otros grandes de la música norteamericana de todos los tiempos por partida doble, no sólo como excepcional intérprete sino sobretodo como uno de los compositores fundamentales de la más relevante manifestación cultural realizada en el norte del continente americano: la música jazz.

Discografía seleccionada: The Clown (Atlantic, 1957), New Tijuana Moods (RCA, 1957), Blues & Roots (Atlantic, 1959), Mingus Ah Um (Columbia, 1959), Mingus Dynasty (Columbia, 1959), Mingus at Antibes (Atlantic, 1960), Charles Mingus Presents Charles Mingus (Candid, 1960. Atlantic se negó a publicar proclamas antirracistas como el citado Original Faubus Fables, 1960), Oh Yeah (Atlantic, 1961) y, el para muchos favorito, The Black Saint and the Sinner Lady (Impulse, 1963). Todos grabados entre finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, constituyen el cuerpo de la obra discográfica  y son un buen lugar donde conocer, a través de su música, a Charles Mingus; fallecido el 5 de junio de 1979 en Cuernavaca, México.

Charles Mingus – Wednesday Night Prayer Meeting (Mingus at Antibes, 1960)

Ted Curson – Trompeta
Eric Dolphy – Saxo alto
Booker Ervin – Saxo tenor
Charles Mingus – Contrabajo
Dannie Richmond – Batería

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James Booker, el genuino sonido Nueva Orleans

20 junio 2009

jb

No soy aficionado a comentar lo que no me gusta, cuando lo hago suelo acabar criticando el trabajo de los demás. Yo que probablemente me estaba rascando mientras ellos realizaban la obra y, luego, venga a darles caña con esto y con aquello. Pero qué quieren que les diga sino mi sincera opinión de vez en cuando. Y aclaro, antes de entrar en materia y explicar este galimatías, que soy un enamorado confeso del sonido Nueva Orleans.

Se ha publicado recientemente un disco a nombre de uno de los clásicos de R&B de Nueva Orleans: Allen Toussaint, uno de aquellos que tenían que pasar por estas páginas, como ya hicieran Snooks Eaglin, Eddie Bo y otro más que se avecina. Por cierto, el disco se llama The Bright Mississippi, y deducen lenguas autorizadas que proviene de una fina labor de producción, a cargo Joe Henry (Spinal Tap, 1992), y no tanto de la inspiración individual del músico. Resulta que son todo parabienes para este disco, pero a mí me recuerda al que Wynton Marsalis grabó el año pasado con Willie Nelson, con esa producción tan aseada que desvirtúa el sentido original de la música. Lo que ofrecen es un placebo, una versión profiláctica de música que tiene su origen en tabernas y lupanares.

Alguien dijo que el disco era la tumba del jazz, pero que los músicos tienen derecho a vivir. Este disco suena estupendamente, a los músicos que participan ya los conocemos y son excelentes, te lo puedes poner el domingo por la mañana mientras desayunas; precisamente por ello produce la sensación de que lo hayan grabado recién levantados, con una taza de café humeante y un plato de galletas al lado. Comparándolo con otras obras del género, me quedo por ejemplo con el Junco Partner de James Booker (el de la foto), claro que todos diremos que este disco no tiene tanta “clase”.

Si he realizado esta digresión es porque me vengo percatando, muchos otros antes que yo lo han hecho, desconozco si con acierto, que en la vida en general, y en la música en particular, las personas prefieren moverse en torno a una zona confortable que no les prepara para lo inesperado y claro, por mucho que intenten mirar para otro lado, lo inesperado existe. Y perdón por el rollete existencialista, pero no sé cómo explicarlo de otro modo. The Bright Mississippi es un disco de una factura impecable, pero como pasa con buena parte de la producción del anatematizado Marsalis, y de ahí la comparación, al escucharlo me da la sensación de poder anticipar todas las notas, ninguna sorprende. Esto da una apariencia de seguridad que hoy día puede resultar imprescindible para vender discos, pero que a mí personalmente me toca las narices.

Por otro lado, Junco Partner es un gran disco, el mejor que he oído jamás de James Booker, y también uno de los paradigmas del sonido de Nueva Orleans del que tanto hablo. No esperéis acompañamiento más allá del piano, del que el tío sacaba ecos hasta de música clásica, desconozco si estos eran reminiscencias de sus primeras clases de música. Booker fue de los que hicieron sus pinitos de la mano de sus progenitores en la iglesia, pero mezclar con Chopin con el  blues de forma natural tiene su aquel. Sobre este disco uno puede hablar de mestizaje, en eso Nueva Orleans se las traía. Y el tío dominaba como nadie el estilo de su ciudad, esa mezcla tan infecciosa de blues, jazz, R&B, boogie-woogie… Lo mejor de este tipo de música es su exuberancia y alegría porque, como dice un amigo, son cuatro días.

James Booker – Black Minute Waltz (1976, Junco Partner)

Vineshoot

The Embrooks: A Orillas Del Mersey

12 junio 2009

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Garaje épico, si podemos imaginar algo así sin sonrojarnos. Ingleses, casi mods, casi psicodélicos, con un cetro aporreando las bases rítmicas. Buscar el poder, es decir, llegar a las vísceras, es lo suyo.

Criticados a la baja como una copia actualizada de los Who, cuesta apreciar esa semejanza, y cuesta más creer que recurrir a referencias para desvirtuar una música que presume de basarse en clichés sea lo más adecuado para banalizarlos.

Ni en su música ni en sus letras reconoceremos esas señales. The Embrooks carecen, sin más, del sentido de la diversión basado en la pura mala leche inherente a los Who.

Sí son un referente más claro los Small Faces, por su instantaneidad y por la voz de Alessandro Cozzi Lepri, no hija putativa pero sí familiar lejana de la de Steve Marriott, que a coro con la del bajista Mole pretende recrear el sonido potente, puro, de una época que nunca acaba.

No tienen miedo a dejar rastros de sangre en los riffs, ni a caer en la tentación del posible himno. Nadie diría que quien toca la batería es una mala mujer. No suenan acomplejados, porque saben que no dependen de la música para vivir. Para eso tienen sus carreras universitarias, dos brazos, y una espina dorsal en llamas.

Cuatro discos, uno recopilatorio, el primero de ellos grabado en el sello Voxx, muchas versiones de oscuros hitos sesenteros, y todos los miembros con ascendentes en Escorpio.

De 1996 hasta hoy en las tarimas, aceras y metros. Héroes urbanos y probablemente una pandilla de pijos malcriados en sus casas a la hora de comer. No, no siempre pueden ser amables, ni rectos.

Y además, como tantos músicos y bandas, se exceden en el minutaje de sus canciones. Algo bueno debe tener que el vinilo ya se vea poco: con un 5% de nuestros músculos alineándose para pulsar el botón ‘next’ lo arreglamos.

Tocando con su convicción se consigue una fuerza y un sentimiento que no sólo llega a los apasionados. También a los que se levantan poco del sofá para mover el flequillo. Nada mejor para que, unidos, obviemos los 40º a la sombra.

Destrozadla otra vez, Alessandro…

Qué suerte tenemos.

The EmbrooksBack in My Mind (Yellow Glass Perspections, 2004)

The Embrooks – Emilia Burrows (Yellow Glass Perspections, 2004)

The Embrooks – Show Me a Little Smile (Yellow Glass Perspections, 2004)

wagnerian