El factor humano

4 noviembre 2009

Kevin Carter

En marzo de 1993 Kevin Carter se encontraba en Sudán, donde capturó la famosa imagen que le valió un premio Pulitzer de fotografía: una niña famélica cae al suelo exhausta ante la mirada expectante de un ave carroñera. Carter fotografió la escena durante minutos, esperando sin  éxito a que el animal extendiese sus alas y conseguir así una impactante metáfora visual de la muerte. Una de las imágenes tomadas ese día sería posteriormente publicada por The New York Times sin pasar desapercibida, los lectores se preguntaron qué fue de la niña. La realidad es que fue abandonada a su suerte como miles de hambrientos antes y después de que fuese tomada la instantánea. Dos meses después de lograr el premio, Carter se suicidó.

Había nacido en Sudáfrica en 1960, un par de años antes de que a Nelson Mandela le metieran en prisión. Cuentan que a pesar de pertenecer a la privilegiada minoría blanca, se sentía cómplice de una atroz injusticia, que con veinticuatro años descubrió en el periodismo la manera de luchar contra el apartheid. A principios de los noventa, cuando en Sudáfrica empezó el proceso de paz que condujo a la democracia, en Soweto y otros guetos negros se desató la violencia, murieron miles de personas. Carter estuvo allí, entre las piedras y los palos, los gases lacrimógenos, las balas de goma y las de verdad, entre los que mataban y los que morían. Junto a otros tres amigos fotógrafos, Ken Oosterbroek, Greg Marinovich y João Silva, integró lo que se dio en llamar el “Club Bang Bang”. Se situaban cada día en primera línea y captaban imágenes de una violencia desgarradora. Se podría pensar que la cámara hacía de barrera entre ellos y la espeluznante realidad que le rodeaba, pero en abril de 1994, Oosterbroek murió alcanzado por una bala. Seis días antes, Carter había recibido la noticia de ser galardonado con el Pulitzer.

El 27 de julio de 1994, tres meses después de que Mandela alcanzara la presidencia sudafricana e iniciase su labor de reconstrucción nacional, Carter aparcó su coche en la ribera del río donde había jugado siendo niño, conectó con un tubo de goma el tubo de escape con el interior del vehículo y murió antes de conseguir la paz que deseaba.

Vineshoot

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