Archive for enero, 2010

Veneno de Pata Negra

27 enero 2010

Es curioso observar cómo el germen de Pata Negra, uno de los más claros exponentes en eso que hemos dado en llamar “rock andaluz” (algo por lo demás bastante heterogéneo), se encuentra en dos mundos distintos. Por un lado el de los hermanos Rafael y Raimundo Amador, que provienen de un ambiente marginal, el barrio sevillano conocido como las “tres mil viviendas” (solución urbanística aprobada en 1968 y ejecutada en 1977, con que la que se quiso concentrar varias agrupaciones de chabolas en una única zona situada, por supuesto, a las afueras de la ciudad). Quien no haya estado en las Tres Mil no se puede hacer una idea de lo qué es aquello; habrá sitios peores, pero sin duda es un sitio chungo. Los Amador a lo que se dedican allí mayormente es a tocar la guitarra, cantar y fumar porros.

En una de éstas conocen a Kiko Veneno, nacido en Cataluña pero criado en Sevilla, licenciado en Filosofía y Letras, a quien le va la bohemia y a ella se dedica, componiendo canciones y tocando la guitarra mientras viaja por Europa y Estados Unidos. Fue Kiko Veneno quien empezó a poner discos de rock a los Amador. Según tengo entendido llegaron a compartir los tres un piso donde se podía fumar costo sin parar, escuchando a unos gitanos y a un payo improvisar sobre discos de Pink Floyd, blues y flamenco. La familia Amador estaba indignadísima porque sus hijos se apartaban del flamenco que se suele considerar más puro.

Los tres empiezan a juntar un repertorio y a darse a conocer como Veneno y, en 1977, Ricardo Pachón, un tipo famoso en Sevilla por estar metido en eso de los artistas (ha producido a Camarón, Lole y Manuel, Silvio y demás), consigue hacerles grabar un disco en unas sesiones precipitadas, siempre después de despedir a toda la camarilla que acompaña al grupo y, según cuenta el propio Pachón, de repartir un tripi disuelto en un vaso de agua entre los músicos. El disco Veneno fue censurado por su portada, una fotografía de una postura de costo en la que se había grabado el nombre del grupo (la solución del problema fue envolver el material en papel de aluminio) y no vendió un carajo, que se dice por Sevilla. Sin embargo, con el tiempo, es citado por todos y señalado como uno de los discos más influyentes de la música popular española en revistas de reputación tan dudosa como Rolling Stone. Puedo dar fe de que, si bien algún tema está por pulir, es un buen disco. En todo caso, un buen ejemplo del potencial de esa mezcla entre flamenco y blues que los Amador tocan de esa forma tan natural. Talento en bruto y marginal, aderezado por las letras alucinadas de Kiko Veneno.

Después del fracaso discográfico, Veneno se separa y los Amador deciden montar su propia banda, Pata Negra. De los discos de Pata Negra que he escuchado con atención, yo me quedaría con tres: Pata Negra (Mercury, 1981), el más flamenco, Guitarras callejeras (Nuevos Medios, 1985), el que más me gusta, y Blues de la frontera (Nuevos Medios, 1987), el más comercial. Teniendo en cuenta que los Amador predican en lo musical algo ajeno a la sofisticación y que las letras están escritas justo después de fumarse un caliqueño, lo cierto es que, de nuevo, la manera en que mezclan blues y flamenco, que tanto llamó la atención de B.B. King, en temas como Rock del Cayetano (la versión del disco Guitarras callejeras) o el instrumental Blues de la frontera, es prodigiosa. Incluso, en algunos temas (Morao Mellizo, La pata negra) utilizan estructuras que pueden llegar a recordar al jazz, pero muy de refilón.

Pata Negra – Rock del Cayetano (Guitarras callejeras, 1985)

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Beachwood Sparks: La Verdad Pincha una Paradoja de Nuestra Mentira

26 enero 2010

El proceso de hacer leña del árbol caído nos funde también en un abrazo con el dolor ajeno. Todas las cosas, incluso las enternecedoras, nos llevan a ese terrorismo de ir por casa que muchos consideramos espiritual.

Cada cual es dueño de sí mismo, y por sorprendente que parezca, de un grupo de egoísmos distintos a veces surge la comunidad. El egoísmo que prevalece una vez satisfecha la necesidad de reunión no suele ser el más sensato, pero sí el que tiene mejores murallas, porque es mejor que los trapos sucios nos los laven los demás, aunque nos encontremos con la ropa de otro en el cuerpo ajeno, y las tallas dejen de ajustar. Una causa perdida es un terremoto, pero no un deseo. Y muchos deseos parecidos son una fe, al menos durante un instante. El instante que aprovecha el que piensa en mejorar su cabaña predicando con convicción una verdad al azar, la misma que servirá para golpear a los que pretenden robarle la confianza de sus iguales, sus súbditos. El buen movimiento siempre se hace al revés, porque la confusión no es sólo sexo. Lo es todo.

Cuando hay demasiado ruido, es injusto que únicamente queramos escuchar el silencio. Aunque algo parezca perdido, las demás cosas, y también todas las cosas, mejoran. Hablemos de la música. Y de la verdad de la paz.

Beachwood Sparks – Confusion Is Nothing New (Once We Were Trees, 2001)

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Johnny Thunders: Dispuesto a cambiar su suerte

22 enero 2010

Vivir de la música sin realizar excesivas concesiones a la industria discográfica, que ha hecho un imperio económico a costa de explotar a los artistas con contratos leoninos en los que en más de una ocasión el autor llegaba a ceder los derechos de su obra para poder grabar un disco y que ahora, cuando ha empezado a no obtener con su mercadeo los pingües beneficios a los que estaba acostumbrada, se erige en máxima defensora de los autores, ha llevado a demasiada gente con talento al ostracismo. Johnny Thunders es un ejemplo.

Músico de culto, de aquellos que nunca salen en los medios de información (y persuasión), pero reciben llamadas de admiradores a altas horas de la madrugada; bajito, escuálido y pálido; adicto sin tapujos a la heroína; Johnny Thunders (nacido John Anthony Genzale Jr. el 15 de julio de 1952 en Leesburg, Florida) encarnó a la perfección el papel del perdedor, el mito nocivo ejemplo de aquello que la juventud no debe hacer con su vida. Y sin embargo, él proclamó desde el trono de su pequeño reino, conquistado en los corazones de los que necesitan de vez en cuando un buen chute de energía, que había nacido para perder. Thunders encarnó un mito consecuente.

Ningún género musical ha conseguido canalizar la rabia y frustración adolescente como el rock and roll, Thunders siguió la corriente eléctrica hasta desparecer consumido antes de hacerse viejo. A eso se le llama vivir duro, pero en realidad es vivir a secas. Johnny era de aquellos que te gritaban a la oreja que existía otra forma de vida, mejor o peor en función de las necesidades de cada uno, pero sí distinta a la que habían vivido tus padres y abuelos, y él se ponía de ejemplo.

Sus discos no vendieron mucho y sin embargo hoy se siguen escuchando, parece que, como dijo el poeta, las respuestas no habrán sido válidas, pero las preguntas siguen planteadas. Disfrazada de romanticismo, de lujuria por la vida, de la fascinación por caminar por el lado peligroso, de la marca de la derrota, a día de hoy la vida de gente como Thunders gana mucho comparada con la de según qué oficinista. Johnny Thunders murió en abril de 1991, dejando escrito que no puedes abrazar un recuerdo, toca ser nuestros propios héroes.

Johnny Thunders – You Can’t Put Your Arms Around a Memory (So Alone, 1978)


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The Olivers: Bautismo

12 enero 2010

A veces despreciamos tanto la música que empieza a importarnos más la vida de los que, muy a menudo pensando en su propio jolgorio o en una risible transcendencia post-mortem, utilizan trucos para llegar a ciertas utopías individuales a las que sólo podría responder la crítica musical de pago contando con la inocencia de sus aburridos lectores. Éste hecho sitúa por fin nuestra estupidez simpática del día a día en la estupidez solemne de lo que creemos maduro y por tanto apto para hacernos un poco mejores en días venideros. Nada como programarnos un dogma para derrotarnos a nosotros mismos.

Una de las creaciones más asombrosas de ese mundo de nadie en el que nadie parece haber residido y al que nadie escapa, la era pre-internet, es la absoluta negación de la comodidad de estar vivos si no se ha transcendido masivamente. The Olivers grabaron un sólo sencillo, y eso quedó de su carrera. Fue allá por 1966, en el sello Phalanx, y de alguna manera fueron soldados de un momento que no ha pasado por el azaroso tamiz de la modernidad. De aquel limbo no sabemos casi nada en ésta era del byte, excepto que eran cuatro y que al menos uno tenía talento.

The Olivers – I Saw What You Did (I Saw What You Did cara A, 1966)

The Olivers – Beeker Street (I Saw What You Did cara B, 1966)

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Un libro de Vicenç Navarro, pásalo

11 enero 2010

En España, mientras puede contemplarse con mayor o menor perplejidad cómo los más radicalizados sectores conservadores pasean por las calles mensajes apocalípticos, tiene uno la sensación de que poco espacio hay para la izquierda, ni que ésta sea moderada. Cuando hoy día alguien habla de clases sociales le tildan de inmediato de jacobino, de vivir en el pleistoceno. Siendo Vicenç Navarro asesor de una candidatura del PSOE, y durante una conferencia de prensa, un periodista tildó de anticuado el eslogan sugerido por el propio Navarro para anunciar una propuesta de la extensión de los servicios de salud dental, todavía no incluidos en la sanidad pública española. Como responsable del eslogan, Navarro contestó al periodista que también parecía anticuada, por antigua, la Ley de la Gravedad, pero que seguía todavía vigente como podía comprobar si saltaba desde un tercer piso. Descubierta la falacia.

Catedrático de Ciencias Políticas y Sociales de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona y profesor de Políticas Públicas en The Johns Hopkins University de Baltimore, EE.UU., Navarro estuvo exiliado de España por motivos políticos durante décadas, no fue hasta 1994 cuando regresó para reincorporarse a la vida académica catalana. No estamos hablando de un cualquiera, como indican en las notas de la contraportada del ensayo El subdesarrollo social de España, editado por Anagrama y regalado por el diario Público en su colección Biblioteca de Pensamiento Crítico, Navarro ha sido asesor de gobiernos como el socialdemócrata sueco y del de la Unidad Popular de Salvador Allende.

En el libro, el profesor Navarro se muestra de lo más persuasivo demostrando con datos objetivos cómo la España social (y recuerdo que lo es tanto como de Derecho según la Constitución) está todavía subdesarrollada en comparación con los países europeos de su entorno. El profesor aporta causas y apunta consecuencias en un discurso que explica por qué ha estado apartado de los medios de información (y persuasión según Navarro) públicos catalanes, controlados por el gobierno de Jordi Pujol, durante años. Un discurso que no puede calificarse de anticuado si no es después de levitar a tres pisos de altura.

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