Archive for febrero, 2010

Serrat y su distopía

26 febrero 2010

Dicen…

Sería fantástico
que yo estuviese equivocado
y que el váter no estuviera ocupado.

Que hoy hiciese un buen día,
que me diera un buen pedazo.
Y que San Pedro no cantase ni aunque le pagaran.

Sería fantástico
que no hubiese nada urgente.
No pasar nunca de largo y servir para algo.

Ir por la vida sin cumplidos
llamando a las cosas por su nombre.
Cobrar en especies y sentirse bien tratado.
Y mearse de risa y echar a volar todas las palomas.

Sería todo un detalle,
todo un síntoma de urbanidad,
que no perdieran siempre los mismos
y que heredasen los desheredados.

Sería fantástico
que ganase el mejor
y que la fuerza no fuese la razón.

Que se instalara en mi barrio
el paraíso terrenal.
Y que la ciencia fuera neutral.

Sería fantástico
no pasar por el tubo.
Que todo fuera como está mandado y que no mande nadie.

Encontrarse como en casa en cualquier sitio.
Poder ir distraído sin correr peligro.
Sería fantástico que todos fuéramos hijos de Dios.

Sería todo un detalle,
y todo un gesto por tu parte,
que coincidiésemos, te dejases convencer
y fueses como yo siempre te imaginé.

Eso, más o menos,
es lo que viene a contar este manojo de sueños.

Joan Manuel Serrat – Seria fantàstic (Serrat en directo, 1984)

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Camino de Burma-Shave

25 febrero 2010

Me voy tan lejos como me lleve la carretera.
Supongo que voy camino de Burma-Shave.

Burma-Shave es una canción de Tom Waits que, desde hace cosa de un par de meses, tiene mi imaginario patas arriba. Todo desde que leí en un libro una nota a pie de página, irresistible como sólo las notas a pie de página pueden serlo. Ésta hacía la número 32 de un librito con la traducción de las canciones de los primeros discos de Waits. En su lectura conocí no sólo que la fuente de inspiración que condujo del músico a la canción fue la película They Live by Night de Nicholas Ray (como ejemplo de que la incompetencia también es inspiradora, alguien tradujo en España el título de esta película como Los amantes de la noche), sino también algo que despertó mi curiosidad.

Burma-Shave era el nombre de una marca de espuma de afeitar estadounidense que repartía sus anuncios con carteles colocados en las cunetas de las carreteras de los EE.UU. Cada anuncio daba a leer versos que, un cartel tras otro, iban completando un breve relato que siempre concluía en un sitio idílico, por ficticio, un lugar al final del camino llamado Burma-Shave.

G.K. Chesterton dijo una vez que los cuentos de hadas son más que reales. No porque digan que los dragones existen, sino porque nos dicen que a los dragones se les puede vencer.

¿Salimos esta noche para Burma-Shave?

Tom Waits – Burma-Shave (Austin City Limits, 1978)

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Mirando alrededor

20 febrero 2010

De acuerdo, hay músicas más sofisticadas, pero defendamos por un momento la tesis según la cuál la emoción puede estar contenida en una canción de tres minutos y medio. Es cierto, desconfiamos de un formato que ha sido explotado por la industria musical hasta la saciedad, todo desde el momento en que la juventud se sumó a la sociedad de consumo. Sí, en su día las emisoras de AM estadounidenses limitaban precisamente a esa duración de tres minutos y medio las canciones que emitían; aquello dejó espacio a la FM, una frecuencia con la que emitían sin tantas restricciones otro tipo de emisoras de radio, y por amor al arte (dos palabras poderosas), satisfaciendo la demanda de una audiencia menos tolerante al aburrimiento. A día de hoy la FM suena como en su día la AM o aún peor, correcto, pero sigue habiendo artesanos, más o menos en los márgenes, que consiguen alegrarnos el día, o fastidiarlo, según la emoción, en menos de tres minutos y medio.

He caminado durante horas,
necesito descansar.
Mira alrededor,
no hay donde descansar.

Hay un tienda
que vende trajes de caballero.
Un poco más allá
un agente inmobiliario o un par de ellos.

Y un cartel de comida para llevar
sobre una puerta sucia.
Fotos que brillan con comida,
ligeramente pasada por el microondas.

Hay un salón metodista.
Prohibido fumar
Prohibido perros

Hay un ambiente sombrío
en el salón metodista,
a pesar de un póster que dice que
“El Señor está con nosotros”.

Y es un día precioso,
para salir a caminar.

Es un día precioso,
pero no aquí.

Robert Wyatt – A Beautiful Peace (Comicopera, 2007)

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Bernard Shakey, o alternar caminos

19 febrero 2010

La historia de la gestación del último disco de Neil Young, Fork in the Road, la tienen en estas mismas páginas (Eco-Rocker). Lo que nos falta es aportar una reseña sobre el artefacto sonoro en sí, cosa que dejo para otro momento o, casi mejor, otras manos. Lo que me propongo es hacerles contemplar cómo el viejo Neil promociona el disco con un vídeo en su página de Myspace (Neil Young – Fork in the Road), todo un alarde de dominio cinematográfico. Lo firma el álter ego de Young para estos avatares, Bernard Shakey (Bernardo el Tembloroso), protagonista del vídeo y poseedor del iPod más divertido que un servidor ha visto jamás.

Bajo este seudónimo, Neil Young ya ha dirigido varios largometrajes que capturan contados momentos de su rica trayectoria musical. Si unos gustan del café, copa y puro, en 1979 Young luchaba contra el óxido que atacaba a los viejos rockeros de los años sesenta editando disco, doble álbum en directo y película documental del concierto, Rust Never Sleeps (El óxido nunca duerme), en la que demostraba dotes de buen artesano filmando a su banda Crazy Horse sobre un escenario de enormes dimensiones, micrófono y amplificadores gigantescos incluidos, mientras unos hombrecillos encapuchados, que bien parecen haber sido sacados de La Guerra de las Galaxias, pululaban de aquí para allá.

No fue su primera ni última película. Ya en 1973, después del éxito en aumento de sus primeros discos en solitario y su culminación en 1972 con el disco Harvest, Young rodó el documental Journey Through the Past, retrato de sus años mozos como estrella de rock y miembro integrante de los descafeinados Buffalo Springfield hasta el entonces presente, que hoy día es pasado, año de 1972; incluyendo tomas con su otro grupo, los anacrónicos Crosby, Stills, Nash & Young. De ese mismo documental, publicó una banda sonora que, a diferencia de lo que acostumbra ser habitual, no incluye las tomas de estudio de las canciones, sino que éstas suenan tal cual lo hacen en la película, con ruido de fondo y diálogos, lo que supuso un suicidio discográfico que posteriormente Young explicaría en las notas del disco recopilatorio Decade, en concreto en las del sencillo de éxito Heart of Gold:

“Esta canción me puso en medio del camino. Viajar por allí pronto se hizo aburrido así que puse rumbo a la cuneta. El viaje por allí era más duro, pero conocí gente más interesante”.

1982 fue el año de Human Highway, disparatada película que no hizo perder dinero sino al propio Neil Young, que en 1991 revisaba aquello del óxido, para comprobar que en efecto nunca descansa, desentumeciendo los músculos, de nuevo junto a Crazy Horse, en Weld, disco y película sacados ambos de un par de conciertos de una misma gira. Notable el esfuerzo de Young en la película por hacer protagonista del concierto al público y no a la banda.

En 2003 apareció Greendale, adaptación del álbum del mismo nombre, que sigue las vidas de los miembros de una familia de pueblo, y en 2008 la que es hasta el momento su última obra, CSNY Déjà Vu. Déja Vu es el documental de la gira de reunión de Crosby, Stills, Nash & Young, formación liderada esta vez por Young, que utiliza el icono hippie para combatir la política del entonces presidente de los Estados Unidos, George W. Bush. Young consigue retratar con maestría la ideología sectaria de buena parte de su propia audiencia, que no duda en renegar e insultar al músico mientras éste expresa su mensaje en directo, un mensaje que va más allá de los colores de tus ojos o de un mundo extraño de ilusión. En particular es destacable la secuencia de un concierto de la gira celebrado en Atlanta, ciudad sureña, que narra una de las interpretaciones de la polémica Let’s Impeach the President (Impugnemos al Presidente), tonada inspirada por la entonces reciente invasión de Iraq:

“Impugnemos al Presidente por mentiroso/Por meter a nuestro país en una guerra con mentiras/Abusando del poder que le dimos/Haciendo pasar todo nuestro dinero bajo cuerda“.

Parece como si siempre nos fuera a quedar el viejo Neil, y no sólo por sus discos.

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Andrew Wyeth: ‘Christina’s World’ (1948)

17 febrero 2010

Ahora que nos atrevemos a pensar en cosas que nunca vamos a decir, sabemos que lo que no decimos lo diríamos mejor si pudiéramos convertir la palabra en experiencia.

En una zona de paso del MoMA de Nueva York está expuesto uno de los mejores y más evocadores cuadros del minucioso Andrew Wyeth (1917-2009). Para verlo, hay que sacar el cuello sobre la coronilla de las personas que entran y salen de las salas, o meter la cabeza entre las que suben y bajan las escaleras, y no tienen más remedio que permitir vernos la obra o impedirnos disfrutarla. Se planificó así, como si molestara tener un cuadro tan apto para admirar y discutir en un museo tan lleno de gente. Lo mismo ocurre, sin ser mi pretensión mentir pero uniendo cierto espíritu al de la verdad, en el mismo museo y con obras de, curiosamente, Edward Hopper.

Duele porque, al menos el de Wyeth, es uno de esos cuadros que nos cuenta cosas mejores que las que nosotros pensamos, las digamos o no, y también porque nos habla de las personas que pudimos ser no hace mucho sin saberlo hasta entonces. O de cosas que no hemos vivido pero que en determinado momento decidimos que probablemente también nos pertenecen.

Wyeth contaba que la mujer que pintó arrastrándose a través de la hierba era su vecina en Maine:

Lisiada por la polio, estaba limitada físicamente pero jamás espiritualmente. Mi reto consistió en hacer justicia a su extraordinaria conquista de una vida que muchos consideraban carente de esperanza.’

Dos niños, junto a mí y como yo, intentaban echar un tranquilo vistazo al cuadro. Lo que llama la atención de un niño casi siempre merece la pena, así que insistí con ellos un buen rato, entre risas. Por eso ahora, y quizá ya entonces, cuando veo la mirada detenida de un niño, pienso en el mundo de Christina, o en el aquí y el más allá del cuadro de Wyeth. Y pienso en que el niño y su mirada también forman parte de mi vida, y de la vida de muchas miradas que no han sabido decepcionarnos demasiado a menudo.

wagnerian