Archive for marzo, 2010

No todo es vanidad

12 marzo 2010

Gracias a mi conducta vagamente antisocial,
temo no verme nunca encaramado a un pedestal.
No alegrará mi efigie el censo de monumentos,
no vendrán las palomas a rociarme de excrementos.
Y es una pena, la verdad,
porque sería muy bonito
seguir de adorno en mi ciudad
sobre un bloque de granito.
Pues qué penita y qué dolor.
Qué penita y qué dolor.
No tendré estatua, no señor.

Gracias a mi postura más bien anticlerical,
no será un siglo de estos cuando entre al santoral.
No acudirán beatas a pedirme un milagrillo,
no vendrán los ladrones a vaciarme mi cepillo.
Y es una pena, la verdad,
porque tenía cierta gana
de echarle un ojo a la deidad
mientras me doran la peana.
Pues qué penita y qué dolor.
Qué penita y qué dolor.
No tendré culto, no señor.

Gracias a que mi musa se las da de cerebral,
son pobres mis compases para expresión corporal.
No danzarán mis prosas las reinas de discoteca,
no vendrán los carrozas a hacer su gimnasia sueca.
Y es una pena, la verdad,
porque sería algo inefable
cambiar la torpe realidad
y ser o Borges o bailable.
Pues qué penita y qué dolor.
Qué penita y qué dolor.
No tendré el Nobel, no señor.

Gracias a mi tozuda desición existencial,
no cabe entre mis planes dar ningún salto mortal.
No gozará la honras funerales mi alma en pena,
no vendrán los gusanos a tirar de la cadena.
Y es una pena, la verdad,
porque sería algo divino
ver como todo es vanidad.
Y yo en decúbito supino.
Pues qué penita y qué dolor.
Qué penita y qué dolor.
No tendré esquela, no señor.

Rosendo – Y todo es vanidad (Y todo es vanidad: Homenaje a Javier Krahe, 2004)

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Verdades latentes, variables ocultas

9 marzo 2010

Somos así, el rigor no nos conmueve. A día de hoy la incompetencia se sienta a comer con nosotros a diario. Esto de hablar de música es un ejemplo. Llevados por la afición o por el dinero, nos ponemos a ello cuando la mayoría de los que lo hacemos a duras penas controlamos la escala pentatónica. Oigan, todo es ponerse a escribir con la Wikipedia de la mano. A nadie le importa la realidad. Lo que por ella consideramos quizá ni siquiera exista.

La revista Nature publicó hace tres años la noticia según la cual físicos australianos proclamaban haber realizado un experimento que descartaba un extenso conjunto de teorías sobre “variables ocultas centradas en la realidad”, ofreciéndonos la inquietante consecuencia de que la realidad no existe cuando no la observamos. Demos esto por probable. Como dijo Paul Klee, si bien antes se escribía de las cosas que se podían ver en el mundo, de lo que al hombre le gustaba o le hubiese gustado ver, hoy se ha hecho evidente la relatividad de las cosas visibles y se reconoce la creencia de que lo visible es una anécdota más del universo y que hay muchas otras verdades latentes.

A continuación la transcripción de una entrevista repleta de ellas; realizada por la periodista francesa Sylvana Lorenz al músico de jazz Kurt Rosenwinkel con ocasión del festival de jazz de Niza del año 2009.

S: ¿Hablas francés?
K: No, lo siento. Un poquito (en francés).

S: He visto tu concierto, estabas de espalda al sol. ¿No tenías calor?
K: Un poco, pero daba igual.

S: No sientes nada mientras tocas, ¿verdad?
K: Exacto.

S: ¿Por qué llevas…? ¿La gorra es parte de tu imagen?
K: Decidí ponerme gorra. Me gustan las gorras, así que las uso (risas).

S: ¿Así que eres guitarrista y compositor?
K: Sí.

S: ¿Lo que escuchamos eran composiciones tuyas?
K: No, hoy sólo tocamos versiones. Standards de jazz. Este proyecto se llama “Standards Trio”, así que no tocamos ningún tema de los míos.

S: ¿No improvisáis?
K: Bueno, sí, improvisamos sobre los standards de jazz. Como en el contexto del jazz tradicional. Tocamos temas e improvisamos sobre ell0s.

S: ¿Así que lo que escuchamos hoy eran improvisaciones?
K: Sí, sí, por supuesto.

S: Es increíble, porque era muy melódico.
K: Gracias.

S: Y también jazz muy tradicional. ¿Cuáles son tus influencias?
K: Bud Powell, Charlie Parker, Max Roach, Miles Davis, Booker Little, Elmo Hope, Sonny Rollins, que debe estar sentado por allí, Joe Henderson, Wayne Shorter…

S: Muchas influencias.
K: Sí.

S: Pero siempre el mismo estilo.
K: No, tengo influencias de artistas de todo el mundo. Por ejemplo de flamenco, compositores clásicos como Shostakovich, Chopin, y otros muchos estilos de músicas desde hip-hop hasta… bueno, las que he mencionado. Generalmente jazz, pero también muchas otras músicas.

S: ¿Tratas de aparentar que tocas jazz moderno?
K: ¿Perdón?

S: ¿Tratas de aparentar que tocas jazz moderno?
K: Bueno… No…

S: Jazz clásico.
K: Que si toco jazz moderno, supongo que querrás decir. Sí.

S: Me fijé en tu cara mientras tocabas y parecías estar profundamente mentido en la música. ¿Sueñas mientras tocas?
K: (Risas).

S: ¿En qué piensas mientras tocas?
K: Bueno, a veces recuerdo sueños. A veces… A veces pienso en sentimientos, en gente, hoy estaba pensando en Bud Powell mientras tocaba y… sólo con visualizarlo tocando el piano…  No sé, hace que toque mejor. También trato de contactar con las influencias que te comentaba, y con los espíritus y sentimientos que hay a nuestro alrededor.

S: Pude verlo en tu rostro.
K: Bien.

S: Estabas conectado.
K: (Risas). Sí.

S: ¿Dónde vives?
K: Vivo en Berlín, en Alemania.

S: Es terrible, ¿no? Vivir en Berlín. ¿No crees?
K: ¡Me encanta! ¡Es un sitio fantástico!

S: ¿Cómo son los alemanes?
K: ¡Son estupendos! ¡Son fantásticos!

S: (Risas).
K: Berlín es una ciudad muy cosmopolita, hay mucha diversidad, es una ciudad dinámica.

S: ¿Pero por qué? ¿Por qué un músico de jazz como tú vive en Berlín? ¿Por qué tu elección?
K: Estuve viviendo en Nueva York durante mucho tiempo, luego me mudé a Suiza para estar con mi, entonces, mujer, luego recibí una oferta para trabajar de profesor en Berlín, así que la acepté.

S: ¿Que piensas de Niza? ¿Es la primera vez que vienes a esta festival?
K: Vine hace mucho con Gary Burton. Solía tocar en su banda. Era quizás en 1992. No he venido desde entonces a Niza. ¡Es bonita!

S: ¿Como líder es la primera vez?
K. Sí. Es un sitio estupendo. Llegamos el jueves y nos dio tiempo a dar una vuelta.

S: Has venido con dos músicos, batería y bajo, pero he escuchado que sueles tocar con más músicos aparte de un bajista y un batería. ¿Cuales más?
K: Tuve un quinteto. Mi último disco es en quinteto y he hecho bastantes cosas en quinteto, con saxofón, piano, bajo, batería y guitarra. También tuve un cuarteto durante un tiempo, como durante el pasado año, pero el trío es algo que siempre me ha gustado, y en ésa estamos.

S: Hemos pasado un rato muy agradable escuchándote, Kurt. Bienvenido a Niza.
K: Gracias. Muchas gracias. Ha estado bien.

(Fuente: bernie)

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Alfredo Rodríguez: Cuba linda

4 marzo 2010

Alfredo Rodríguez, “pianista nada virtuoso, compositor y cantante. Pero sobre todo, un gran bohemio”. Así me lo presentaron, por correo electrónico. Me contaron que murió hace apenas cinco años en París, donde vivía desde hacía más de veinte. Rodríguez se había marchado de su Cuba natal en 1960 para ir a vivir a Nueva York y después instalarse en París a partir de 1983. No volvió a Cuba hasta el año 1996, invitado por el joven trompetista Jesús Alemany para tocar en su disco Cubanismo. En su breve regreso a Cuba, Rodríguez no perdió la oportunidad de utilizar los mismos estudios y músicos de las sesiones de Cubanismo para registrar un disco a su nombre: Cuba linda.

Empecé a escuchar a Alfredo Rodríguez con ese disco. No estaba acostumbrado a escuchar música cubana y,  haciendo bueno aquello de que además de mala música también hay malos oyentes, la asociación que se produjo en mi cabeza entre los arreglos de viento del primer tema del disco y las verbenas populares presagiaba lo peor, que no iba a poder disfrutar de aquel artefacto sonoro que me habían recomendado a causa de condicionantes que uno quisiera abolidos de su vida. Sin embargo, con el tema que da título al álbum y con el siguiente, Cuando vuelvo a tu lado, pude reconocer un sentimiento familiar.

La melancolía que rezuma la música popular cubana de Cuba linda, interpretada por Alfredo Rodríguez en la isla en que nació y tuvo que abandonar, no era distinta de la que había escuchado en la de músicos con los que estaba más familiarizado, todos ellos con raíces africanas. En particular recordé la interpretación que hizo Eddie Bo del clásico When the Saints Go marching In para el disco Our New Orleans: A Benefit Album for the Gulf Coast, que reunió a distintos músicos de la ciudad para recaudar fondos después de los desastres producidos por el huracán Katrina en 2005. Hay algo que conecta ambas músicas, la cubana y la de Nueva Orleans, algo relacionado con el mestizaje y viajes de ida y vuelta de África a las Antillas. El sentimiento de profundo amor por un trozo de tierra que se ha perdido, quizá para siempre, es el mismo.

En todo caso, el reconocimiento del lenguaje viene siempre después. Repetidas escuchas han confirmado que Alfredo Rodríguez fue un músico excepcional. Un músico cubano que se hizo profesional fuera de Cuba, después de abandonar la música durante años, cuando partió rumbo a Estados Unidos en los años sesenta a formarse como músico, antes de viajar definitivamente a Europa para encontrar libertad en su arte. Y fue en Europa donde Rodríguez alcanzó la madurez que demostró en Cuba linda junto a otros grandes de la música cubana como el mítico Tata Güines a las congas y músicos jóvenes como el propio Alemany o el hijo de otro insigne pianista cubano, Pedro Justiz Peruchín Jr. a la guitarra (quien ha declarado que le impresionaba tanto ver tocar el piano a su padre que nunca tuvo tentación de tocarlo). Presente y pasado de la música cubana reunidos en un disco muy especial, de los que uno califica de imprescindible y se queda tan pancho. En palabras del propio Alfredo:

El disco Cuba linda es otro proyecto musical con una serie de influencias africanas de tipo religioso, diferente al de Cubanismo. Ahí hay un encuentro con músicas autóctonas cubanas como, además de cierta música religiosa como canto de palo, una verdadera conga santiaguera. El disco tiene otro estilo. Ahí hice algo que no se había hecho: piano con comparsa santiaguera. Fue una cosa improvisada. Jane Bunnet creo, según noticias que me han llegado, hizo después la misma cosa, ponerle piano a una comparsa santiaguera. Ésa fue una innovación.

Alfredo Rodríguez – Cuba linda (Cuba linda, 1996)

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Dos mojitos

1 marzo 2010

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Se supone que ya está sonando Patato, o Cachao, o Benny Moré, o alguno de esos monstruos cubanos. Con ese ritmillo sabrosón vas al huerto y cortas un poco de hierbabuena, coges un limón del limonero, después de lavarlas con agua pones tres hojas de hierbabuena en cada vaso, añades dos o tres cucharaditas de azúcar (según el día), luego el jugo de medio limón en cada uno de los dos vasos largos que preparas para tu chica y para ti, y con una maza de madera machacas en los mismos vasos, sin pasarte, las hojas de la menta con el jugo de limón y el “asuquita”, ahí está uno de los misterios del mojito, no hay que pasarse machacando, pero no hay que quedarse corto. El sabor a menta es fundamental, pero sin pasarse.

En este punto añades el ron, dos o tres dedos (mejor tres), de ron blanco, de ese normal añejo blanco de tres años de Havana Club, y te marcas un par de pasos con el ritmo del que suene sabroso en este momento, sea Arsenio Rodríguez o La Orquesta Aragón. Con los vasos así preparados dejas que se acabe de macerar el limón con la menta mientras rompes los cubitos de hielo, dos o tres hielos por vaso, bien picadito, como granizado, y lo añades a los vasos largos.

Entonces solo falta añadirle la soda. Le pones sifón hasta llenar el vaso hasta el borde, echándolo a presión de manera que remueva el hielo, ron, limón, azúcar y menta y lo deje a puntito para ponerle una pajita.

Aquí viene el momento más importante: coges con gracia los dos vasos y te dejas llevar definitivamente por las congas de Patato, es posible que te estremezcas al escuchar la frase, en medio de la guaracha, ¡y a gozar mi son! Eso provocará una sonrisa a tu chica, y seguramente dejará de leer, se levantará y con ese ritmillo vacilón, bailando, se acercará a tí, aceptará el mojito que le has hecho con todo el amor del que eres capaz, y sin decir nada te dará un beso que te hará feliz.

Abelardo Barroso y la Orquesta Sensación – En Guantánamo (Guajiro de Cunagua, 1954)

Ingredientes para dos mojitos
Ron añejo blanco
1 limón
Un poco de azúcar
Unas hojas de menta o yerbabuena
6 cubitos de hielo
Soda o sifón

Tocho