El temor de lo insólito

22 abril 2010

¿No había un viejo chiste acerca de la mujer que habla tanto por teléfono que el marido, desesperado, corre a la tienda más próxima y la llama por teléfono para preguntarle qué cenarían esa noche?

Y, de repente, [su mujer] le resultó tan extraña que Montag no pudo creer que la conociese. Estaba en otra casa; como en ese chiste que contaba la gente acerca del caballero embriagado que llegaba a casa ya entrada la noche, abría una puerta que no era la suya, se metía en la habitación que no era la suya, se acostaba con un desconocida, se levantaba temprano y se marchaba a trabajar sin que ninguno de los dos hubiese notado nada.

(Fahrenheit 451, Ray Bradbury)

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