Archive for mayo, 2010

Follow the leader

29 mayo 2010

El tiempo pasa y la memoria, como el metal, se oxida. A veces es recomendable echar mano del archivo, allí donde guardamos (en la memoria) ciertas noticias que ya son historia. Porque nos repetimos una y otra vez el concepto de lo cíclico, según el cual todo lo ocurrido vuelve a pasar, sin darnos cuenta de que nada vuelve, que siempre ha estado con nosotros. 2010, el nombre del año en curso, suena a futuro, a un futuro que ya está aquí, y el ser humano sigue recurriendo a patrones de conducta que viene reproduciendo, con múltiples variantes, adaptando el mismo comportamiento a los nuevos tiempos, desde el paleolítico. Un ejemplo de ello sería el gregarismo. No ha amanecido el día en el que cada individuo sea su propio héroe, se sigue buscando un líder, sin atender a que juntos somos más. Difuminado en la masa, mimetizando el comportamiento de sus semejantes, el ser humano casi siempre sigue los pasos de un líder. Y dicen que…

Había una vez una isla volcánica en el Lejano Este, con una población de cincuenta mil habitantes. Nadie se preocupaba por el volcán, que había permanecido inactivo durante cien años, pero un día empezaron las erupciones. Al principio eran pequeñas, pero su intensidad aumentó en cuestión de horas. Cundió el pánico, y la gente intentó apiñarse en los pocos botes disponibles para alcanzar el continente.

Pero se encontraba al frente de la isla un comandante que estaba decidido a mantener el orden a toda costa. Publicó proclamas asegurando que no existía peligro alguno y envió tropas a que ocupasen los barcos para que no hubiera pérdida de vidas en los intentos de abandonar la isla en embarcaciones sobrecargadas. Su personalidad era tan fuerte, y su valor tan ejemplar, que consiguió calmar a la multitud, y aquellos que intentaban escapar volvieron avergonzados a sus casas y se sentaron a esperar que se restableciera la normalidad. Cuando el volcán voló por los aires un par de horas más tarde, llevándose consigo la isla entera, no quedó ni un solo superviviente.

(Fragmento de Masa Crítica, relato incluido en Cuentos de la Taberna del Ciervo Blanco, Arthur C. Clarke)

Vineshoot

Roni Horn: Identidad

25 mayo 2010

Roni Horn (Nueva York, 1955) dice: no hace falta demasiado para hacer evolucionar una identidad. La simplicidad de los temas que utiliza en sus fotografías deja mucho espacio para esa especulación al espectador. Es su participación la que completa la obra y le permite tener significado.

Aunque la técnica fotográfica de Horn es tradicional (se inspira a menudo en el lenguaje del retrato a gran escala), su tratamiento de los objetos dentro del encuadre cuestiona esas tradiciones. Su obra Bird (1998-2008), veinte fotografías exhibidas en conjuntos de dípticos, es un ejemplo perfecto de la exploración de Horn en la identidad de los objetos fotográficos. Cada conjunto muestra un retrato muy detallado de un ave salvaje islandesa. Las aves están fotografiadas desde atrás, encuadradas como si fueran el busto de una estatua famosa, con cada imagen mostrando individualmente la cabeza y cuello de cada pájaro, lo que las convierte prácticamente en una mancha realizada con vistosas plumas. A primera vista las fotografías parecen una instalación de objetos irreconocibles, abstracciones jugando con la forma y el espacio, primeros planos y fondo, positivo y negativo. Sin rasgos, cuerpo, o símbolo alguno que podamos identificar rápidamente, sólo las plumas nos permiten saber que lo representado es un ave. En cuanto reconocemos al animal, sin embargo, detalles que nos habían pasado inadvertidos se convierten en obvios. Empezamos a cerciorarnos de lo específicas (como una huella digital o el tono de nuestra piel) que son las plumas del lomo de un ave.

Con dos imágenes casi duplicadas, una al lado de la otra, Horn exagera la individualidad de cada pájaro y la singularidad de cada fotografía, aunque muchas de las aves, y las mismas imágenes, sean semejantes. En dos tomas traseras idénticas, sin embargo, vemos dos gestos diferentes. Las curvas del cuello o las inclinaciones de la cabeza actúan como marcas de individualidad. Aunque Horn ha creado un documento casi empírico de un ave salvaje, fotografiada de modo estándar sobre un fondo blanco, Bird se transforma, con nuestra ayuda y atención, en un conjunto de retratos distinguibles, y por tanto, únicos.

wagnerian

Hubert Laws: Hamelin

24 mayo 2010

Todos conocemos a gente a la que no hemos escuchado nunca hablar bien de nadie, de igual modo que otros acostumbran a hablar bien hasta de su mayor enemigo. Cualquier cosa nos sirve. Son las herramientas de los que aun están aprendiendo a sobrevivir, de los que ante la inseguridad de lo llamado ‘inmoral’ se acogen a la peligrosa seguridad de lo institucionalizado. Algunas mujeres se ponen vestidos porque saben que darán que hablar, y es la única gracia que pueden tener esos vestidos para ellas. Por eso las bocas más oscuras siempre nos parecen las que no se abren para ciertos asuntos. Al fin y al cabo, no se puede acusar a nadie de mimetizarse con el paisaje si así se mejora el paisaje, o de molestar al egoísta si para un claro bien común es necesario molestar. Pero es sospechoso, sin duda. El que no esconde nada está lleno de secretos para los demás.

Al final esa resistencia tampoco tiene mucho misterio: se tienen otras cosas, mejores o peores, que hacer. Por eso a muchos les aguantan las piernas un bosque entero, o se ponen a ahuyentar a los fantasmas con un guiño, o se encuentran a alguien con una flauta que explica una música aun mejor que la de ayer, y se ponen a escuchar.

Así funciona esto de los privilegios.

Hubert Laws – All Soul (Laws Of Jazz, 1966)

wagnerian

Yo No He Dicho Nada De Esto

21 mayo 2010

En la lucha por llevarse el botín, sea cual sea, cada artista utiliza sus armas de seducción de igual forma que cada uno de nosotros tenemos nuestros propios criterios para valorarles. En algunos casos, por ejemplo, no se acostumbra a etiquetar a nadie porque no se es un especialista. O no se analiza el arte desde la óptica de un psicólogo, un sociólogo o similar, sino que se pone en juego fundamentalmente el sentido común, estableciendo con frecuencia referencias de lo que alguien extrae de su propia vida y experiencia de forma que esa extrapolación le sea útil de forma bidireccional. O diría que, sobre todo, muchas veces el que narra se deja guiar por sus sentimientos y percepciones. Para esto último cuenta con la sensibilidad, los principios y también los valores, aunque estos hayan sido devaluados previamente por algunos espabilados que han repetido desde dentro de sus burbujas absurdas apelaciones a los ‘valores humanos’ para regatear preguntas, cuestiones, actos incómodos y/o certeros. ¿Acaso hay valores que no sean humanos? ¿de qué diablos hablan?

Digo todo lo anterior porque ayer una persona cercana y querida me hizo dos preguntas interesantes. En la primera me preguntaba si yo considero el rock una forma de rebeldía social, a lo cual le respondí que no me apetece revisitar un concepto que no sé si tendría que ser revisado o es tan injusto ahora como cuando surgió. Probablemente sea igual de válido, pero no me acostumbro a etiquetar los hechos más allá de los actos que realizan las personas que los protagonizan, como debería haber dicho previamente. Mi rechazo hacia algunos comportamientos en el rock son irreversibles y muy a mi pesar, ya que considero que esa presunta rebeldía es uno de los grandes acicates y seducciones de ésta pequeña música primitiva. Cuando en el rock se habla de sexo, se habla de algo muy distinto al sexo, para bien la mayoría de las veces, mal para el resto. Lo mismo que cuando se habla de drogas. Y hablo de la música en sí, no de las vidas de los que la rodean, aunque al final sean lo mismo. Pero ocuparnos de esto sería lastimoso, porque la mayor parte de lo que consideramos rock no está formado por pelagatos melenudos que no se paran a pensar en el porqué de lo que hacen, sobre todo a ciertas edades, cuando la pasión por la música equilibra los impulsos sexuales implícitos de todo comienzo.

He aquí que con esas simples palabras pongo en duda uno de los tópicos más odiosos del rock y continúo con el asunto que me traía entre manos: no puedo pasar por ciertas cosas de puntillas, ya que me han provocado una risotada frontal al chocar contra mi propia sensibilidad. Y, aun más importante, ciertos actos me parecen divertidos si me los cuenta sin pretensiones mi amigo mientras subimos en el ascensor, o me parecen dignos de un cretino, lo cual es igualmente definitivo, si se comentan en una rueda de prensa multitudinaria.

Como la risa es contagiosa, escucho a Mick Jagger decir en Cannes, en la charla correspondiente al documental Stones in Exile, que en aquellos días eramos guapos y jóvenes. Hoy somos unos estúpidos. Se refiere a los Rolling Stones del 1972, año de publicación de Exile on Main Street. En otro momento refiere que de aquella época le impresionó la visión de Apocalypse Now. Añade que a principios de los setenta la guerra de Vietnam seguía en marcha, Nixon estaba en la Casa Blanca y Merckx volvía a ganar el Tour de Francia. Pero nosotros no nos enteramos de nada. No quisiera puntualizar que ser guapo y joven no te vacuna contra la estupidez, ni ahora ni nunca. Tampoco que la película de Coppola data de 1979. Ni me gustaría comentar que fue aclamado por un público fervoroso. No le(s) culpo, así son las cosas a menudo. Lo que digas o dejes de decir tiene la importancia que le supongan los que te escuchan. Así que ya puestos, haremos como que no he dicho nada.

La segunda pregunta que respondía a mi amigo (cuando ya salíamos del ascensor) implicaba a un crítico de cine al que espero no tener que mencionar en los días que quedan antes de nuestra despedida. Se sorprendía mi amigo de que no hubiera hecho ningún comentario sobre el silencio del mundo de las artes acerca de los últimos debates de la temporada en el mundo occidental. Pues bien, me interesan tan poco ciertos personajes que no ha de extrañar mi silencio. Pero algunos de ellos vocean su lucrativa ineptitud a los cuatro vientos, y las escasas intervenciones que les leo me parecen tan lamentables que aunque se critican solas, me llevan a cometer el error de re-comentarlas omitiendo lo más importante para el que espera nuestro comentario y a ser posible una guerra.

Los hechos: Jean-Luc Godard envia una misiva a Cannes: Queridos Thierry Frémaux, Wild Bunch, Vega Films, Alain Sarde; debido a problemas de tipo griego, no podré ser su invitado en Cannes. Amistosamente, Jean-Luc Godard. El crítico, porque estamos hablando de un crítico, dice no entender la frase, y hace una burla cruel y sobre todo infundada de la acción del director, muy alejada de las intenciones originales. El simple hecho de que se juegue a la confusión con frases tan claras, basadas en hechos que todos conocemos y pretendiendo hacer de todos los demás unos mentirosos sin serlo, hace que éste plumilla desaparezca para mí en tres, dos, uno. Ya puede hacer un triple salto mortal con tirabuzón y palomilla mientras se da la vuelta a la camisa y cae al suelo sujetándose con el dedo meñique de la mano izquierda, que para mí como si no existiera. Si quiere forjarse una carrera adoptiva y seguir sin dar un palo al agua, me da igual si lo consigue (que es posible), porque ya es la nada. Por suerte, casi nadie aclama. Por desgracia, a veces consigue que caigamos en la trampa de leer sus artículos.

Sobre ésto último también preferiría que hiciéramos como que no he dicho nada, amigos, aunque sería un placer haberlo dicho.

Mea culpa.

wagnerian

Aquellos días de cine

21 mayo 2010

“Aprovechen la pausa para revisar su agenda de amigos, encontrarán que han malgastado su preciado tiempo y paciencia en conocer a un montón de ineptos. No se corten, cojan un boli y táchenlos”. (Antonio Gasset presentando Días de cine)

Hay películas que uno se niega a ver por los malditos prejuicios, y aun así se pueden calificar gracias a la crítica cinematográfica; sin paradojas que valgan, por el momento. Los prejuicios pasan a ser la toma en consideración del juicio de alguien que uno cree lo suficientemente dotado para la crítica, en este caso sobre una película. Digo esto porque a Tom Cruise, en el programa de televisión Días de Cine, a propósito de El Último Samurai, le llamaron ‘el hijo tonto de Toshiro Mifune‘. Claro, esto condiciona al presunto espectador, yo todavía no he visto dicha película, ni ganas. La crítica, emitida por La 2 de Televisión Española el 8 de enero de 2004 (y a la que seis años después he podido acceder gracias a la magia del p2p) lamentaba cuán indigna heredera es la película de una tradición que conoció tiempos mejores de la mano de directores como Akira Kurosawa, Hiroshi Inagaki o Masaki Kobayashi.

Después de tan arrebatadora manifestación de desprecio, se entiende que parte del público minoritario que veía la televisión casi de madrugada comparta la opinión del programa sobre la película, su director Edward Zwick y Tom Cruise. El que fuera magnífico presentador del mismo, el categórico Antonio Gasset, llegó a comentar que lo único interesante de Cruise era su ex-mujer, Nicole Kidman. Y es evidente que sin haber visto alguno de los trabajos anteriores de los responsables de El Último Samurai, es difícil seguir la opinión del crítico, por estima que uno le tenga, pero no es mi caso. De manera que digo aquello de ‘así no se puede ver una película’, pero sí correr la voz, acaso demasiado tarde, con el ánimo de señalar al inductor de tan refractario mensajero.

Vineshoot