Nicholas Payton en Sevilla: El Padrino toca lo que le da la gana

15 mayo 2010

Muchos no quieren entender que acudir a un concierto de pago no conlleva la posibilidad de elegir el repertorio, que los músicos deben ofrecer sus propuestas musicales sin más imposiciones; las primeras quedan a nuestro juicio, nosotros decidimos si acudimos en otra ocasión a verles o no. Uno supone que aquellos que acudieron anoche al concierto de Nicholas Payton en el Teatro Alameda, dentro del festival de jazz organizado por la Universidad de Sevilla, y abandonaron el recinto antes de la conclusión de la actuación, se sintieron estafados. Hemos de suponer que habían acudido a escuchar jazz, y sólo jazz, y se toparon con Payton y sus secuaces interpretado jazz, sí, pero también R&B, ritmos contemporáneos y tiernas baladas que servían de vehículo para que Payton dejaran la trompeta bajo el brazo y entonase dulces melodías de alcoba, con una voz lo bastante efectiva como para que la mayoría de los asistentes quedásemos encantados. No era jazz, pero tan a gusto, oigan.

Payton acudió a la cita puntual, con un elegante conjunto de traje y sombrero, con chaleco pero sin corbata, y con actitud amable pero tajante: allí mandaba él. A su lado, el percusionista Daniel Sadownick, que ejerció de consiglieri, y tres jóvenes a seguir: Vicente Archer (contrabajo), Lawrence Fields (piano eléctrico y piano) y Marcus Gilmore (batería). La puesta en escena incluía los continuos paseos de Payton entre solo y solo, situándose a los márgenes del escenario; desde allí lo controlaba todo, mientras sus manos, cruzadas delante de él, sostenían la trompeta. Y cuando tocó jazz sonó como los ángeles, ya fuera a la manera tradicionalista de Wynton Marsalis, en una maravillosa oda a una ciudad que no ha muerto: I’m gonna stay in New Orleans, ya fuera sonando al Miles Davis eléctrico de los setenta, ya fuera tocando post-bob o jota manchega. En fin, a semejante trompetista uno quisiera verlo siempre en faena, tocando solos y más solos, escala arriba escala abajo, y no aburriendo con la empalagosa Blue, una balada que no funcionó sino para que los más entráramos en sopor y los menos enfilaran la salida. Pero el Padrino manda.

Vineshoot

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