Archive for agosto, 2010

Veneno: No pido mucho

12 agosto 2010

The Dude says, “adaptación de Kiko Veneno del poema No demano gran cosa, escrito por Miquel Martin i Pol“:

No pido mucho:
poder hablar sin cambiar la voz,
caminar sin muletas,
hacer el amor sin que haya que pedir permiso,
escribir en un papel sin rayas.

O bien si parece demasiado:
escribir sin tener que cambiar la voz,
caminar sin rayas,
hablar sin que haya que pedir permiso,
hacer el amor sin muletas.

O bien si parece demasiado:
hacer el amor sin que haya que cambiar la voz,
escribir sin muletas,
caminar sin que haya que pedir permiso,
hablar sin rayas.

O bien si parece demasiado…

Veneno – No pido mucho (Veneno, 1977)

Vineshoot

Anuncios

Andrew Cyrille: Un batería moderno consumado

10 agosto 2010

Espero que semejante título signifique algo para usted, que lee estas líneas inspiradas por cierto deseo contenido durante largas y satisfactorias escuchas de un artefacto sonoro que tuvo antaño (sic) la consideración de disco de vinilo. Sepa que tan rimbombante descripción (“un batería moderno consumado”), que The New York Times publicó un día en sus páginas, puede acompañarse de otra de la Penguin Guide to Jazz: “Un gran batería, un buen compositor y un estupendo líder; si te lo pierdes es por tu cuenta y riesgo”. Como para hacerse el despistado.

Y resulta que Andrew Charles Cyrille (Brooklyn, NYC, 1939) estudió de mozuelo los rudimentos de la batería con el ya clásico Philly Joe Jones, después pasó la primera mitad de los años sesenta completando estudios musicales primero en la Juilliard y posteriormente en la Hartnett School of Music. Al mismo tiempo, empezó a tocar con diversos músicos de jazz, desde Illinois Jacquet y Coleman Hawkins hasta Kenny Dorham, Freddie Hubbard y Rahsaan Roland Kirk, entre otros; también tocó con el batería nigeriano Babtunde Olatunji y trabajó en un espectáculo con bailarinas, es decir, Cyrille se convirtió en un batería versátil, capaz de acompañar a cualquiera. En 1964 instauró la que sería una sociedad de once años con el controvertido pianista Cecil Taylor, que le valió reconocimiento suficiente como para establecerse a la vanguardia de los baterías de jazz. Fue entonces cuando The New York Times y “un batería moderno consumado”, a la espera de que los lectores lo descifraran.

Porque hay que empezar por algún sitio, cualquier disco de Cyrille puede ser el principio. Mi experiencia comenzó con Ode to the Living Tree (1997), y puede ser cierto que escuchar una versión de cerca de veinte minutos del A Love Supreme (Acknowledgement and Resolution) de John Coltrane en el segundo lugar de la lista de temas resulte, según el momento, algo exigente, pero Ode to the Living Tree (que contiene también versión de Mr. P.C.) parece un disco sobresaliente a la luz de esta vela.

Como la historia de la gestación del mismo. En diciembre de 1994, cuando realizó su primer viaje a África, Andrew Cyrille tenía 55 años; viajó a Ghana para tocar en un festival, después se dirigió a Senegal, donde grabó el disco en un estudio de Dakar. Según Cyrille, fue el primero de jazz grabado en Senegal, y ciertos espíritus se dieron cita durante las sesiones. Hay dos temas interpretados en solitario por Cyrille (o en colaboración con un percusionista local), Coast to Coast, que abre el disco planteando el escenario como si de un viaje de costa a costa se tratara, y Water, Water, Water, que concluye como todo viaje, aun de vuelta, en otra parte distinta de donde uno partió.

Andrew Cyrille – Water, Water, Water (Ode to the Living Tree, 1995)

Andrew Cyrille – Dakar Darkness (Ode to the Living Tree, 1995)

Andrew Cyrille – batería
David Murray – saxo tenor
Oliver Lake – saxo alto
Adegoke Steve Colson – piano eléctrico
Fred Hopkins – contrabajo
Mor Thiam – percusión

Vineshoot

Objeciones

8 agosto 2010

– ¡Claro que estábamos también allí, por supuesto! por la mañana llovió, fue emocionante, y a mediodía descubrimos que habíamos empezado el trabajo de muy buen humor.
– Me temo que están ustedes equivocados, allí no había nadie más. Ese día del que nos hablan no existe. Quizá creyeron que pasaban los minutos y nada ocurría, y empezaron a imaginarnos. Pero sólo estábamos nosotros y era otro día.
– No es posible, hubiera parecido artificial. Y no hubiéramos podido mover toda esa montaña de material hasta aquí solos. Y ustedes tampoco… ¡pero mire, si ahí mismo tiene los bártulos y las cajas!
– Puede que eso sea cierto, pero allí no había nadie más.

LolloploploppoM

Luis Eduardo Aute: La Belleza

7 agosto 2010

Enemigo de la guerra
y su reverso, la medalla,
no propuse otra batalla
que librar al corazón
de ponerse cuerpo a tierra,
bajo el peso de una historia
que iba a alzar hasta la gloria
el poder de la razón.

Y ahora que ya no hay trincheras,
el combate es la escalera
y el que trepe a lo más alto
pondrá a salvo su cabeza,
aunque se hunda en el asfalto
la belleza.

Míralos como reptiles,
al acecho de la presa,
negociando en cada mesa
maquillajes de ocasión;
siguen todos los raíles
que conduzcan a la cumbre
locos, porque nos deslumbre
su parásita ambición.

Antes iban de profetas
y ahora el éxito es su meta;
mercaderes, traficantes,
más que nausea dan tristeza,
no rozaron ni un instante
la belleza.

Y me hablaron de futuros
fraternales, solidarios,
donde todo lo falsario
acabaría en el pilón.
Y ahora que se cae el muro
ya no somos tan iguales
tanto tienes, tanto vales,
¡viva la revolución!

Reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo;
ese viaje hacia la nada
que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada
la belleza….

Luis Eduardo Aute – La Belleza (Segundos Fuera, 1989)

wagnerian

Carga Exitosa

3 agosto 2010

Los abuelos perezosos siempre están abriendo una caja de pastillas. Esas son sus carantoñas tímidas de mamíferos invitados a una fiesta que siempre les sube por las escaleras. Desaparecen en un país que ya no existe. Lo ocultaron durante mucho tiempo, pero los viejos muebles acabaron haciendo sitio para lo evidente. Ya no recuerdan haber encontrado el trébol de cuatro hojas, ni haber visto al hipopótamo. Se dan prisa por salir de las casas, y eso es lo que ahora les resulta emocionante. Pero el mundo es el mismo, sólo que ellos nunca volvieron. Lo consideraron un sistemático ejercicio de armonía. Y lo mismo ocurría con los coleópteros, con el latín, con la colección de crujidos del salón-comedor.

Pero ahora levantan la mano y la tocan: su piel de hace miles de años. Sus brazos apoyados en sillones Luis XIV y toda clase de remedios contra la congelación se remueven abatidos. Reconocen, mirando las violetas, que están pensando en inventar el fuego.

Massive Attack – Be Thankful For What You’ve Got (Blue Lines, 1991)

LolloploploppoM