Archive for diciembre, 2010

David Bowie: Ziggy Stardust

29 diciembre 2010

Sujetado por un Ziggy con gomina, ese cojín en forma de llama situada en la parte inferior de la foto parece una pincelada recordatoria del paso del tiempo, un indicio, por si la textura de postal rescatada no fuese suficiente, de que el mundo retratado ya empieza a desaparecer.

En el centro la imagen, el David Bowie ya veterano del gesto que empezaba a ser catapultado a la cima de las listas de éxitos, cigarrillo en alto, con el gesto de victoria más preciso que hemos visto en ninguna de las portadas de sus álbumes, es alejado por una delgada neblina de su horizonte: los estudios de grabación de la RCA en Reino Unido.

No lo escolta en el autohomenaje Rick Wakeman. Ni Mick Ronson. Ni Ken Scott. Tal vez se advierta (no es seguro) un marco conteniendo algún trofeo discográfico ajeno. Rematando lo invisible se debería poder observar la silueta doble de nuestro hombre, con la mano a modo de visera sobre los ojos, casi cubriendo todo el cuadro, mirando hacia fuera. Hacia nosotros. Debería parecer sorprendido, como si dijese nunca pensé que a finales del 2010 hubiese todavía gente interesada en nuestro mundo. Puede que así fuera un segundo antes, pero el gesto fue otro, quizá porque los demonios no acostumbran a ser tan madrugadores.

Aun quedamos, pues, algunos de esos interesados en revivir retratos ficticios de Bowie, impulsados por la importancia que damos a abrir los ojos sin que necesitemos para ello de un desengaño, advirtiéndonos también entonces a nosotros mismos y a los demás de que como dicen en esa historia que nos va a empezar a contar el único rockero que queda vivo, no pienses que estás en ésta canción. Y todo puede resultar incluso ridículo, porque los sueños se encadenan igualmente, y sentado sobre la quinta silla de una total de nueve, sacando la cabeza por encima del cuello de una camisa blanca que parece dibujada a tiza por un niño, Ziggy Stardust se anima. El que está a su lado, ahora sí, es Mick Ronson, héroe del glam. Y de la figura de Rick Wakeman emerge una camisa morada sobre unos pantalones largos, mientras vemos como se sitúa de pie junto al puente por el que cruzan algunos inocentes que aun andan dormidos.

La foto imaginaria pudo haber sido tomada por muchos fotógrafos de renombre, pero para asegurarnos de que hacemos lo correcto, los que contamos debemos decir que sólo andábamos buscándoos un buen regalo, de esos valorados porque nos aclaran que nuestros nombres están apuntados, desde hace demasiado tiempo, a una contrarreloj.

David Bowie – Ziggy Stardust (Live in Santa Monica, 1972)

wagnerian

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Jorge, Ilegal o Magnífico

24 diciembre 2010

“El personaje Jorge Martínez se comió al artista pero dejó rastros de su genialidad.” (Diego A. Manrique)

Jorge Martínez e Ilegales aparecieron en escena a principios de los ochenta ejerciendo de perfectos macarras. En su discurso y actitud el rock & roll se hizo carne. Si necesitas una explicación sobre esto último, es que no sabes qué significa el rock & roll y acaso no te interesen las siguientes líneas. Como ves, no pretendo descubrir la impostura a pesar de que nuestro enlace en Oviedo nos cuenta que no, que la imagen que Jorge proyecta es otra máscara. Cuenta que es ultratímido y reservadísimo, que tiene varios pisos en Oviedo, que no anda por ahí por las noches en los bares de mala fama que nuestro enlace sí frecuenta, que hace mucho deporte y se cuida, que es cultísimo… Desde luego, Jorge Martínez ha sabido construir un personaje interesante, lleno de claroscuros. Jorge, con mucha clase, parece que diga muchas cosas sin decir demasiado. Cita a Nietzsche y corre despavorido, aunque sea a hostias, de cualquier lazo emocional que pueda ahogarle. Un tipo inteligente y un sentimental, acaso por eso huya.

Vástago de una familia de rancio abolengo asturiana, no le hizo falta de nada y lo que no le dieron se lo supo procurar con ingenio; por ejemplo, pintando cuadros para comprar la guitarra que su padre le negaba. Nació en Avilés, el 1 de mayo de 1954, y cuenta que fue un niño leído, inquieto y solitario; que a sus amiguitos les reñían si jugaban con aquel niño tan travieso. Su carácter le llevó a un colegio especializado en niños conflictivos. También pasó por la facultad de derecho para abandonarla y dedicarse a la música, primero en orquestas de medio pelo y, después de cumplir el servicio militar, formando el grupo Madson a finales de los setenta. Pronto Madson mutó en Los Metálicos y estos por fin en Ilegales; que este año se suicidan para transformase en la orquesta Jorge Ilegal y los Magníficos.

Desde principios de los ochenta por Ilegales han pasado muchos músicos, sólo Jorge Martínez se ha mantenido siempre en una formación que, sin embargo, permanece estable desde hará unos quince años: Jorge (guitarra y voz), Alejandro Blanco (bajo) y Jaime Beláustegui (batería). Jorge es también el autor de las 126 canciones que conforman, sin contar versiones, el repertorio de Ilegales. Entre estas 126 se encuentran algunos de los mejores temas de rock en castellano de la historia (corta) de esta música, pero a día de hoy parece todavía necesario romper una lanza por un grupo que, salvo contadas excepciones, ha sido ninguneado por los canales mayoritarios de difusión de lo que llamamos cultura. Habrá quien piense que el carácter pendenciero de Jorge Martínez tiene la culpa de ello, yo creo que han sido sus letras.

De una conferencia sobre el surrealismo recogida en el libro Las peras del olmo de Octavio Paz: “Día a día se hace más patente que la casa construida por la civilización occidental se nos ha vuelto prisión, laberinto sangriento, matadero colectivo. No es extraño, por tanto, que pongamos en entredicho a la realidad y que busquemos una salida. El surrealismo no pretende otra cosa: es un poner en radical entredicho a lo que hasta ahora ha sido considerado inmutable por nuestra sociedad, tanto como una desesperada tentativa por encontrar la salida. No, ciertamente, en busca de la salvación, sino de la verdadera vida”. Nótese que el rock & roll comparte pretensiones con el surrealismo, la diferencia es que mientras el primero actúa por abajo el último operó por arriba.

El carácter subversivo de las canciones de Ilegales ataca las convenciones de lo que llamamos realidad, concepto instrumentalizado por las clases dominantes, adictas al status quo. Si éstas han subvertido el deseo humano, encauzándolo hacia el consumo, Ilegales han visto siempre el escenario completo. Y nos lo han gritado al oído desde su primer disco:

Tiempos nuevos, tiempos salvajes
Toma una arma, eso te salvará
Levántate y lucha
ésta es tu pelea,
levántate y lucha,
no voy a luchar por ti

Tiempos nuevos, tiempos salvajes
toma tu parte, nadie regala nada
No hay nada sin lucha,
ni aire que respirar
No eres un juguete,
levántate y lucha ya

Tiempos nuevos, tiempos salvajes
toma un arma, eso te ayudara
Levántate y lucha,
ésta es tu pelea
Levántate y lucha,
no voy a luchar por ti

Ilegales – Tiempos nuevos, tiempos salvajes (Ilegales, 1982)

In memoriam.

Vineshoot & The Música de Fondo Band

Pessoa, anarquismo

19 diciembre 2010

Fernando Pessoa
Anarquismo

La noche y el caos forman parte de mi.
Me remonto al silencio de las estrellas.
Soy el efecto de una causa del tiempo,
del Universo [quizás lo excedo].
Para encontrarme, debo buscarme entre las flores,
los pájaros, los campos y las ciudades,
en los actos, las palabras y los pensamientos de los hombres,
en la noche del sol y las ruinas olvidadas de mundos hoy desaparecidos.
Cuanto más crezco, menos soy.
Cuando más me encuentro, más me pierdo.
Cuanto más me pruebo, más veo que soy flor
y pájaro y estrella y universo.
Cuanto más me defino, menos límites tengo.
Lo desbordo todo. En el fondo soy lo mismo que Dios.
Mi presencia actual contiene las edades anteriores a la vida,
los tiempos más viejos que la tierra,
los huecos del espacio antes de que el mundo fuera.

Vineshoot

El Corazón de las Tinieblas

11 diciembre 2010

El loro sueña con una entrada libre al mundo del tiempo. El loro secuaz de los prismáticos, robot, prótesis de la palabra. Maraca, verde, pico, alas. El loro con sus eternas decoraciones pastel, sus garras basculantes, su pipa y sus pipas. Ésto no es un loro, en absoluto. Ésto es la imagen que proyectasteis el primer día de Un Chien Andalou, o el mismo misterio, la misma pipa, las mismas pipas, alejaos del loro, pipas, todo está señalado y él es ahora no un loro más sino la especie protegida de la célula, el celuloide triple que estuvo allí, aquí, y estará. Las catacumbas de un loro. Prohibido el plano frontal, prohibida la nube de humo de tabaco. El loro con los sentidos convertidos en biznietos da el gran salto a la fama. Y bien, en la fama, allí está, haciéndose preguntas que se multiplican.

LolloploploppoM

The Road (John Hillcoat, 2009)

6 diciembre 2010

Ayer tarde vi llover, vi The Road y, como no estabas tú, te lo cuento. Aviso: la película es indiferente al mundo apocalíptico en el que se desarrolla, lo de menos son las causas de una hecatombe que, a diferencia de películas concebidas para sacar el sombrero en taquilla, aquí sirve de perfecto MacGuffin. Contemplamos un mundo poblado no por salvadores sino por supervivientes; los acontecimientos no son importantes, sí sus consecuencias.

Sé que el personal acudió a las salas esperando ver una película de acción para encontrarse otra cosa, con un alegato contra la deshumanización de la especie que nos ocupa. Pero el mérito es de la novela de Cormac McCarthy, no de la película de John Hillcoat. Un buen director con este material hubiera conseguido que los espectadores salieran arrastrándose de la sala, presos de la angustia. Una historia no va a cambiar el mundo, pero sí podemos pedirle unos instantes de sacudida que motiven para la reflexión, Hillcoat tiene que recurrir a la sangre para acercarse a algo parecido. Además, como tantas veces en el cine moderno, los flashbacks sobran; claro que entonces no podrían haber colado a Charlize Theron, hada de (otra vez) las taquillas.

Mérito también del autor de la novela que los personajes estén bien definidos. El hijo representa la esperanza de la humanidad, no como especie sino como animal civilizado (es el portador del “fuego interior”), por su parte, un notable Viggo Mortensen en el papel de padre simboliza el instinto de supervivencia, por tanto, la desconfianza que vivimos los unos respecto a los otros. McCarthy escenifica la tesis de Hobbes sobre el hombre como un lobo (feroz) para el hombre, permitiéndonos apreciar que se cumple en un medio en el que la existencia de los seres humanos no es segura. En un hipotético mundo en el que las necesidades básicas de las personas estuvieran garantizadas, Hobbes quedaría superado.

El final de la historia, que no revelaré, plantea una sencilla cuestión aritmética. Aunque nos pasemos la vida restando, a veces conocemos personas con la que sumar, gente que anda todo el tiempo tras nosotros (o por delante, quizá a la izquierda) y nosotros sin saberlo. Llegamos a la pescadilla, por fortuna el nudo gordiano es otra cosa.

Nick Cave & Warren Ellis – The Road (The Road, 2009)

Vineshoot