Archive for septiembre, 2012

Javier Krahe: ¡Ay Democracia! (Entrevista)

17 septiembre 2012

Acaso el cantautor Javier Krahe (Madrid, 30 de marzo de 1944) se haya convertido en autor de eslóganes sin proponérselo. Aunque  ha declarado, y cantado, en más de una ocasión que no le inspiran las gracias de la clase dirigente, la canción ¡Ay Democracia! de su disco Toser y cantar (18 Chulos, 2010) ha sido utilizada tanto para ilustrar la jornada electoral en el blog del periodista Ignacio Escolar, como para inspirar pancartas mostradas durante las manifestaciones del 15-M; que lo han visto estos ojitos.

Volvimos a charlar con él cuando se acercó a Sevilla a finales del pasado mes de enero para actuar en la sala Malandar; un día después actuaría en la Palo Palo de Marinaleda, donde también estuvimos. Si la primera entrevista que nos concedió nacía de la curiosidad que me despertaba un tipo de familia bien que cantaba sus canciones por garitos, esta segunda tenía que ver con algo que no acababa de concretarse en mi cabeza cuando ya podía ver a Javier encaminarse hacia mí, con una clave se sol en la solapa y unos clavos en la cadera, renqueante a causa de un accidente doméstico que lo había tenido en silla de ruedas durante la grabación del disco. Nos sentamos donde siempre para pedir cosas distintas.

Música de fondo: El primer verso de ¡Ay Democracia! (Me gustas Democracia porque estás como ausente/Con tu disfraz parlamentario) está inspirado en una conocida poesía.

Javier Krahe: Sí, de Pablo Neruda: “Me gusta cuando callas porque estás como ausente” (del libro Veinte poemas de amor y una canción desesperada, 1959).

Mdf: En la portada, la palabra ‘democracia’ está escrita con mayúsculas.

JK: Ya, porque la trato como si fuera una mujer.

Mdf: ¿Y qué te ha llevado a escribir de nuevo sobre estas gracias? Habías dicho que no volverías a hacerlo sobre política. ¿Estás cabreado?

JK: Sí. Como tantos, me considero estafado. De todas formas, más que yo mismo, creo que en la canción estoy expresando un sentimiento común a bastante gente. En principio yo me propuse hacer una canción sobre la democracia en donde explorara qué tipo de democracia me gustaría que no estuviera ahí.

Mdf: ¿Cuándo empiezas a escribirla?

JK:  Bueno, el primer verso… (Risas) El primer verso de la canción hará seis años y no avanzaba. Hice lo que es la primera estrofa hará más de dos años (Me gustas, Democracia, porque estás como ausente/con tu disfraz parlamentario/con tus listas cerradas, tu Rey, tan prominente/por no decir extraordinario/tus escaños marcados a ocultas de la gente/a la luz del lingote y del rosario). Así que hará unos seis años tenía el primer verso y me propuse sacar una canción de ahí.

Mdf: ¿Este lento proceso se debe a la pereza?

JK: Me dejo llevar por mis estados de ánimo. No tenía mucho empeño en terminarla porque la consideraba fallida.

Mdf: ¿Por qué?

JK: Pues porque no iba a explorar lo que yo quería explorar. Me metí a ello, lo que pasa es que no me salía, se convertía en una canción complicadísima. Esta fue una escritura muy lenta, que avanzaba a trompicones. De pronto me venía algo, lo apuntaba y luego, cuando tenía ya bastante, pensé que valía la pena que la terminara porque era lo que está rondando en la cabeza de mucha gente. Y así tengo una canción más para el repertorio.

Mdf: Creo que buena parte de tus seguidores desearía un disco completo con este tipo de canciones.

JK: Pues no creo que se lo vaya a dar, no me pega nada.

Mdf: Sin embargo tú te lo puedes permitir mientras otros no pueden.

JK: Yo me puedo permitir lo que quiera, porque decidí hace mucho que iba a ser así.

Javier Krahe – ¡Ay Democracia!  (Toser y cantar, 2010)

Vineshoot

Lou Reed: Metal y Rock ‘n’ Roll

6 septiembre 2012

El año que yo nací Lou Reed (1942) celebró su suicidio, su divorcio en público y de público mayoritario; y de prensa comercial y de compañía discográfica. Y lo hizo con una máquina de metal. Sueños que se congelaron en una mente poliédrica, abrasada en su adolescencia con un agresivo tratamiento de electroshock acordadado por la sanidad pública estadounidense y los progenitores del muchacho, angustiados por la notoria ambigüedad sexual del joven Lou, que no se ajustaba a los dogmas del patriarcado del pueblo judío. Puede que fuera entonces cuando convirtió su vida en un poema suicida, hiperrealista, endemoniado, desconsolado, en fin, después de años de periplo tratando de emular el éxito de sus artistas favoritos, primero escribiendo canciones a sueldo para una oscura compañía, luego, tras conocer a Sterling Morrison y John Cale, como celoso líder de The Velvet Underground (1965-1970).

Tuvo que llegarle el éxito de la mano de otros, y convengamos que esto debió ser difícil de digerir para aquel joven licenciado en literatura que intentaba conjugar expresión artística y reconocimiento comercial. De su asociación en 1972 con David Bowie y Mick Ronson se publicaría el disco Transformer, y de éste varios sencillos de éxito: Walk on the Wild SideSatellite of Love o Vicious; canciones que el artista arrastraba al directo como salvoconducto, en tratos con los promotores de conciertos que le toleraban el uso abusivo de sustancias a cambio de una buena pasta. Un año después, aprovechando el repentino éxito comercial de la etiqueta Lou Reed, la industria edita un disco en directo: Rock N Roll Animal, donde se  envuelven con vistoso andamiaje hard rockero viejas canciones de la Velvet y las ya inevitables en el repertorio de un artista que hace bueno aquello de drogas, rock and roll y vender muchos discos.

Sin embargo, entre la publicación de ambos elepés, Reed había grabado la que él consideraba su obra más personal hasta el momento, aquella en la que daba rienda suelta a sus desvaríos literarios: una colección de canciones depresivas con la ciudad de Berlin (1973) como escenario. El tema era lo bastante escabroso como para que pocas emisoras de radio quisieran oír hablar de ese disco, que acabó siendo un fiasco comercial. Claro, el artista adolescente quedó perplejo.

Y como si fuera necesario romper un hueso mal soldado para curar la fractura, o dar un paso adelante y decir: “aquí estoy y soy todo harapos”, en 1978 Lou Reed entregó a la compañía discográfica la que presentó a su junta como la revolución de la música pop. Mantuvo una reunión con sus perplejos miembros, que no acaban de creer que aquello fuera el futuro de nada, y en realidad contribuyó a que lo fuera de la electrónica. Una vez aprobado el lanzamiento, pudo alcanzar los lavabos donde no reprimió por más tiempo el ataque de hilaridad. El artefacto fue Metal Machine Music (1975).

Lejos de los sonidos de alto contenido eléctrico, pero también de sofisticados arreglos, el disco ofrecía 64 minutos de asalto sonoro equitativamente distribuidos por cara. Y de sonoro corte de mangas a quienes matan a sus hijos.

Lou Reed – Metal Machine Music, parte 1 [Metal Machine Music, 1975]

[audio http://dl.dropbox.com/u/17365018/Lou%20Reed%20-%20Metal%20Machine%20Music%20Part%201.mp3]