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El Corazón de las Tinieblas

11 diciembre 2010

El loro sueña con una entrada libre al mundo del tiempo. El loro secuaz de los prismáticos, robot, prótesis de la palabra. Maraca, verde, pico, alas. El loro con sus eternas decoraciones pastel, sus garras basculantes, su pipa y sus pipas. Ésto no es un loro, en absoluto. Ésto es la imagen que proyectasteis el primer día de Un Chien Andalou, o el mismo misterio, la misma pipa, las mismas pipas, alejaos del loro, pipas, todo está señalado y él es ahora no un loro más sino la especie protegida de la célula, el celuloide triple que estuvo allí, aquí, y estará. Las catacumbas de un loro. Prohibido el plano frontal, prohibida la nube de humo de tabaco. El loro con los sentidos convertidos en biznietos da el gran salto a la fama. Y bien, en la fama, allí está, haciéndose preguntas que se multiplican.

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Leyes de la Hemorragia (1910 – 1988)

28 noviembre 2010

Kid Chocolate, de su sudor emergía un arco iris grasiento, un halo que se repetía sobre cada uno de sus músculos. Sus golpes sustituían a figuras políticas importantes. De acuerdo con las preferencias de los espectadores se preparó una secuencia óptima de tortura y ejecución. Suficiente para derrocar al primer ministro francés con el escándalo. Una maniobra de notable castidad, enfocada pensando en su futura traslación al cine.

Kid Chocolate a menudo soñaba despierto con su derrota ante Tony Canzoneri. Con su concepción inmaculada. Con todos esos fotogramas del contorno de su labio inferior llagado por los golpes. Mientras caía a la lona por primera vez pensaba en una desconocida apretando sus muslos contra el esmaltado blanco de una bañera. Fueron dos segundos y pocas décimas. Y toda una vida.

Kid Chocolate. Fragmentos de su rostro que nos parecían de algún modo familiares. La misma geometría que Mickey Mouse. Doce golpes contra el inventor de una nueva vacuna. El pecho y la cara de Vic Burrone aparecerían en las fotografías de las revistas de moda a la semana siguiente, destrozados.

El boxeo soy yo, decía. Una vez sedado y en casa, los asesores estudiaban el progreso de las nuevas estadísticas.

Mastretta – Kid Chocolate (Melodías de Rayos X, 1998)

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Objeciones

8 agosto 2010

– ¡Claro que estábamos también allí, por supuesto! por la mañana llovió, fue emocionante, y a mediodía descubrimos que habíamos empezado el trabajo de muy buen humor.
– Me temo que están ustedes equivocados, allí no había nadie más. Ese día del que nos hablan no existe. Quizá creyeron que pasaban los minutos y nada ocurría, y empezaron a imaginarnos. Pero sólo estábamos nosotros y era otro día.
– No es posible, hubiera parecido artificial. Y no hubiéramos podido mover toda esa montaña de material hasta aquí solos. Y ustedes tampoco… ¡pero mire, si ahí mismo tiene los bártulos y las cajas!
– Puede que eso sea cierto, pero allí no había nadie más.

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Carga Exitosa

3 agosto 2010

Los abuelos perezosos siempre están abriendo una caja de pastillas. Esas son sus carantoñas tímidas de mamíferos invitados a una fiesta que siempre les sube por las escaleras. Desaparecen en un país que ya no existe. Lo ocultaron durante mucho tiempo, pero los viejos muebles acabaron haciendo sitio para lo evidente. Ya no recuerdan haber encontrado el trébol de cuatro hojas, ni haber visto al hipopótamo. Se dan prisa por salir de las casas, y eso es lo que ahora les resulta emocionante. Pero el mundo es el mismo, sólo que ellos nunca volvieron. Lo consideraron un sistemático ejercicio de armonía. Y lo mismo ocurría con los coleópteros, con el latín, con la colección de crujidos del salón-comedor.

Pero ahora levantan la mano y la tocan: su piel de hace miles de años. Sus brazos apoyados en sillones Luis XIV y toda clase de remedios contra la congelación se remueven abatidos. Reconocen, mirando las violetas, que están pensando en inventar el fuego.

Massive Attack – Be Thankful For What You’ve Got (Blue Lines, 1991)

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Ovnis de Papel

1 agosto 2010

Es sin duda una costumbre brutal alejarse del hogar, aunque se alteren los conceptos morales. De la misma manera brutal podría alterarse el sabor del rouge para que fuera el mismo que el de la sangre. Aparecen con insólitos sombreros y pieles multicolores, y sin embargo nadie esperaría encontrárselos subidos a un balancín al lado de tres o cuatro niños, actuando aun de forma más generosa que ellos a la hora de usurparlo.

Por eso nunca mataron a nadie: la musa les persigue y los coleccionistas se mezclan en sus agendas. Nunca mataron a nadie, pero la coherencia no era su fuerte. Los negocios de marroquinería están libres de censura.

Cuando el anfitrión hace un gesto, los invitados cesan el alboroto, y el servicio suspende sus diligencias. Ahora es la estatua que tanto deseábamos. Detrás, una mujer atraviesa un espejo, empieza a pasear por los corredores de la desmemoria. La fiesta ya no volverá a ser la misma.

Un trozo de pastel con los sencillos colores de la añoranza vuela por el aire. La estación está próxima. En el momento en que los invitados llegan al tren empieza el verano oficialmente. Para matar la soledad van ocupando los cuerpos de los ausentes, y depositan pilas de fotografías sobre los asientos vacíos. Desde los diferentes gritos se requieren los servicios de diferentes especialistas.

Philip Glass – Are Years What? (Glassworks, 1981)

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