Archive for the 'Cine' Category

Empieza el espectáculo

20 septiembre 2014

All That Jazz

Si todavía quedan aficionadas al cine que no hayan visto All That Jazz (Empieza el espectáculo, 1979), sirvan estas pocas líneas para intentar desfacer el entuerto. El director y coreógrafo Bob Fosse (Chicago, 1927) es conocido por los musicales Cabaret (1972) y Chicago (estrenado en Broadway en 1975 y llevado al cine con gran éxito de público en 2002), el resto de su producción cinematográfica permanece ajena al gran público y es una pena porque Fosse ha creado obras tan soberbias como Lenny (en la que Dustin Hoffman interpreta al cómico Lenny Bruce) y la que nos ocupa.

El musical All That Jazz contiene momentos en que el cine es ventana al trasluz de la vida del artista o, al menos, eso parece insinuar Fosse. Las similitudes entre la vida del protagonista, interpretado por Roy Scheider, y la de Fosse son notables. Scheider, en conversaciones con la Muerte (Jessica Lange), nos muestra una vida consagrada al mundo del espectáculo, en la que ha desarrollado un baja tolerancia al aburrimiento desde la cual acaso acepte la vida en la máxima expresión que ésta permite, consumiéndola con celeridad.

Es opinión unánime considerar a Fosse un maestro coreógrafo y bailarín consumado. All That Jazz contiene secuencias de baile antológicas (como las que se muestran en los siguientes vídeos). La producción de una obra de Broadway es el escenario en el que se desarrolla el drama. La banda sonora, que contiene canciones de George Benson o Peter Allen así como la que compuso Ralph Burns para la película, nos acerca Broadway desde la pantalla. Al final de la película el círculo se cierra a ritmo de rock and roll en el que probablemente sea el número musical más destacado.

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Marc Ribot: Componiendo su banda sonora

9 febrero 2011

Marc Ribot (Newark, Nueva Jersey, Estados Unidos, 1954) es un guitarrista y compositor y, como el buen sentido no es lo que mejor repartido está entre todo el mundo, destaca entre sus semejantes. Sus aventuras musicales le han llevado por múltiples proyectos, lo que para muchos supone un problema para colocar sus discos en la estantería. Sin embargo, si las etiquetas sirven para ayudar a los dependientes de las tiendas de discos, también pueden romperse o, mejor aún, hacer como que no están, en definitiva, que no sirven. Así, no es de extrañar que el músico haya propinado a diestro y siniestro los más angustiosos guitarrazos rockeros (Yo! I Killed Your God, 1999), visitado Cuba con los muy recomendables Cubanos Postizos (en el homónimo, pero en inglés, The Prosthetic Cubans de 1998 y, dos años después, con Muy Divertido!), colaborado una y otra vez  con John Zorn (etiquetado sin rubor como ‘músico de vanguardia’) o acompañado a Tom Waits. Será que de un tipo que cita como influencia al controvertido saxofonista ‘sin normas’ Albert Ayler se puede esperar cualquier cosa.

Con su último disco, Silent Movies (Pi Recordings, 2010), Ribot se presenta en solitario musicando la banda sonora de películas mudas imaginadas; solipsismo que rondará lo introspectivo y distante para aquellos cuyas emociones sean ajenas a las del músico y, sin embargo, hará las delicias de aquellos que sepan escuchar ese ‘Sí’ que a veces revolotea dentro. Nada nuevo para los que conozcan bien su discografía. Los paréntesis siempre cuentan más de lo que parecen y, por tanto, Marc Ribot es un guitarrista estadounidense, uno que escucha música de aquí, de allá y de más adentro, pero sobretodo uno con la habilidad instrumental suficiente y la personalidad necesaria para que su música sea inconfundible.

Marc Ribot – Delancey Waltz (Silent Movies, 2010)

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The Road (John Hillcoat, 2009)

6 diciembre 2010

Ayer tarde vi llover, vi The Road y, como no estabas tú, te lo cuento. Aviso: la película es indiferente al mundo apocalíptico en el que se desarrolla, lo de menos son las causas de una hecatombe que, a diferencia de películas concebidas para sacar el sombrero en taquilla, aquí sirve de perfecto MacGuffin. Contemplamos un mundo poblado no por salvadores sino por supervivientes; los acontecimientos no son importantes, sí sus consecuencias.

Sé que el personal acudió a las salas esperando ver una película de acción para encontrarse otra cosa, con un alegato contra la deshumanización de la especie que nos ocupa. Pero el mérito es de la novela de Cormac McCarthy, no de la película de John Hillcoat. Un buen director con este material hubiera conseguido que los espectadores salieran arrastrándose de la sala, presos de la angustia. Una historia no va a cambiar el mundo, pero sí podemos pedirle unos instantes de sacudida que motiven para la reflexión, Hillcoat tiene que recurrir a la sangre para acercarse a algo parecido. Además, como tantas veces en el cine moderno, los flashbacks sobran; claro que entonces no podrían haber colado a Charlize Theron, hada de (otra vez) las taquillas.

Mérito también del autor de la novela que los personajes estén bien definidos. El hijo representa la esperanza de la humanidad, no como especie sino como animal civilizado (es el portador del “fuego interior”), por su parte, un notable Viggo Mortensen en el papel de padre simboliza el instinto de supervivencia, por tanto, la desconfianza que vivimos los unos respecto a los otros. McCarthy escenifica la tesis de Hobbes sobre el hombre como un lobo (feroz) para el hombre, permitiéndonos apreciar que se cumple en un medio en el que la existencia de los seres humanos no es segura. En un hipotético mundo en el que las necesidades básicas de las personas estuvieran garantizadas, Hobbes quedaría superado.

El final de la historia, que no revelaré, plantea una sencilla cuestión aritmética. Aunque nos pasemos la vida restando, a veces conocemos personas con la que sumar, gente que anda todo el tiempo tras nosotros (o por delante, quizá a la izquierda) y nosotros sin saberlo. Llegamos a la pescadilla, por fortuna el nudo gordiano es otra cosa.

Nick Cave & Warren Ellis – The Road (The Road, 2009)

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Marilyn Moroe: Donde habitan los sueños

21 noviembre 2010

En los años sesenta el director del FBI era J. Edgar Hoover quien, entre otras tareas, se ocupó de intentar demostrar que un misterioso individuo que disfrutaba de las atenciones de Marilyn Monroe era el presidente John Fitzgerald Kennedy. La escena estaba recogida en un vídeo casero, registrado en los años cincuenta en 16 milímetros y en blanco y negro, que había llegado a sus manos. En él se mostraba a la actriz de rodillas estimulando con la boca el pene de un hombre del que no se veía el rostro. El coleccionista Keya Morgan supo de la existencia de la película en los años sesenta, mientras buscaba material para un documental. Morgan explicó que un ex agente del FBI le puso en contacto con un informante anónimo que en su día había hecho saber a la agencia que existían 15 minutos de película de alto contenido sexual protagonizados por una solícita Marilyn Moroe. Según Morgan, la película se rodó años antes de que la actriz alcanzara fama internacional y conociera al presidente, aún así, el FBI había confiscado la película (y todavía la guarda bajo llave). Pero el informante había realizado una copia, adquirida por un empresario neoyorquino en 2008. Pagó 1.000.000 € por ella, la guarda en ese cajón.

Marilyn Monroe – I Wanna Be Loved by You (Some Like It Hot, 1956)

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Lucio (2007)

10 noviembre 2010

Documental de los directores Aitor Arregi (co-director de los largometrajes de animación Glup y Cristóbal Molón) y José María Goenaga (director de cortos como Tercero B o Sintonía) con Lucio Urtubia como protagonista, una persona que ha vivido de acuerdo al ideal anarquista. Numerosos anarquistas han cometido atracos o cualquier otra actividad ilícita para conseguir financiación, pero pocos han discutido estrategias con Ernesto Che Guevara o colaborado con el líder de los Panteras Negras, Eldridge Cleaver. Según cuentan en el documental, Lucio delinquía para joder al sistema mientras trabajaba como albañil, todos los días.

¿Un spoiler en un documental? Allá va:

Resulta memorable la reunión que mantiene con un gran banco estadounidense que le cita para llegar a un acuerdo. Lucio les había metido en aprietos falsificando sus cheques de viaje, varios millones de dólares de nada. Finalmente le atrapó la policía francesa, pero el banco no quería mala publicidad; aunque los cheques falsos seguían apareciendo por todas partes del mundo y la entidad se estaba haciendo cargo del valor de todos ellos para no perder la confianza de su clientela. A la reunión Lucio se presenta como si tal cosa, saludando y tendiendo la mano a los presentes, que incrédulos le recuerdan que se le acusa de ser un ladrón, y ellos entienden que en sus manos. Lucio les responde ofendido que los ladrones son ellos, y parece demostrarlo: el banco accede a no llevarlo a juicio, además paga una bonita suma por la entrega de la placa con la que Lucio falsificaba los cheques.

Lucio hoy día vive en París.

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