Archive for the 'Cómic' Category

Robert Crumb: Capítulo de confesiones

30 noviembre 2010

Joe Foss Hungry Sandlappers – Wee Dog Waltz (1928)

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Alberto Montt: En dosis diarias

18 mayo 2010

Si la viñeta les provoca la mitad de risa que a mí, habrá valido la pena esta entrada. En todo caso, sirva también para poner sobre aviso a posibles despistados de la existencia de Alberto Montt, su exitoso blog En dosis diarias y del lanzamiento en España y medio mundo de un libro del mismo nombre con una selección de viñetas cómicas del autor: Dosis diarias en España de la mano de Ediciones B.

Chileno de nacimiento, Montt estudió diseño gráfico y artes plásticas en Ecuador y, tras graduarse, se inició en la ilustración: Cosas que ilustro cuando ilustro cosas. Fue en Ecuador donde ganó el Tercer Premio en el Primer Concurso Nacional de Ilustración Infantil, labor a la que, de vuelta a Chile, se dedicó profesionalmente. Cuenta que creció con el humor de Gary Larson y Quino y que ahora hace lo que hace mucho quería: “Dibujar las idioteces que tengo en la cabeza”. Mantiene desde 2006 el compromiso de subir a su blog cinco viñetas semanales, desde las que observa la realidad con una distancia suficiente como para percibir que comedia y drama van de la mano. Lo tiene claro: “Mire sin compromiso y si le gusta, vuelva”.

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El otro jornal

3 mayo 2010

Carlos Giménez (Madrid, 16 de marzo de 1941) es uno de los grandes autores que ha dado el tebeo en España, sin embargo es poco conocido en su país; no sabemos si atribuir esto último a la casualidad. A buen seguro somos dos o muchos más los que recordamos cómo y cuándo leímos por primera vez una de sus obras, Paracuellos por ejemplo. Mi caso fue el de un chaval que los domingos por la mañana esperaba con emoción el periódico con las entregas del libro Historia de los Cómics del diario El País. Una de aquellas mañanas de finales de los ochenta descubrí Paracuellos, Barrio y Los Profesionales, la obra autobiográfica de Giménez; que se había empezado a publicar veinte años antes, en 1976.

Carlos Giménez pasó su infancia en uno de los centros de Auxilio Social, en la localidad madrileña de Paracuellos, tristemente recordada por los fusilamientos de prisioneros adictos a los militares sublevados, a cargo de partidarios de la República, durante la Guerra Civil española. Auxilio Social era una organización fascista englobada dentro de la Sección Femenina de la Falange Española que, según contó en sus memorias el marido de la fundadora (Mercedes Sanz Bachiller), siguió el modelo de una organización similar, la Winterhilfe de la Alemania Nazi (en su origen, Auxilio Social se llamó ‘Auxilio de Invierno’). De sus experiencias, narradas con un estilo que recuerda el neorrealismo cinematográfico italiano, el autor ha creado una obra que a día de hoy es utilizada en algunos institutos, no sólo en España sino también en Francia, para estudiar la Guerra Civil, un tema bastante espinoso para los docentes.

Paracuellos combina la tragedia con la comedia como sólo los maestros saben hacerlo; la cruda realidad de posguerra con la vida de unos huérfanos que no por ello han dejado de ser niños; y como recuerda el autor en la excelente entrevista realizada por Olga Ayuso en Canal Extremadura Radio, los niños juegan y ríen siempre que pueden. Carlos Giménez sería también el adolescente que en Barrio (1977) vuelve a la ciudad en busca de lo que queda de su familia. De nuevo queda retratada con crudeza la vida de los derrotados durante los primeros años del Franquismo, en una España donde el agravio metía mano a la resignación. En Los Profesionales cuenta sus inicios en el delirante mundo de la historieta en España. Tiene talento y pronto empieza a ganarse la vida dibujando unos tebeos que en su imaginación habrían de llevarle al éxito, representado por el ideal yé-yé: coches caros y chicas fáciles. Lejos quedaba todavía el concepto de ‘el otro jornal’ en su pensamiento.

El cómic es un género hoy denostado, pero muchos aprendimos gracias a los tebeos cómo eran los galeones y los piratas, dónde está Madagascar y qué fueron los tigres dientes de sable. Giménez ha adaptado al tebeo, entre otros, a Gustavo Adolfo Bécquer, a Jack London, a Robert Louis Stevenson y a Edgar Allan Poe; la ciencia ficción en Hom, a partir de una novela de Brian Aldiss, o la vida cotidiana en España una, grande y libre. Ahora vive de una profesión que poco tiene que ver con ganar dinero en exceso, pero se da por bien pagado cuando es invitado a dar conferencias en esos mismos institutos donde se enseña la historia de España leyendo su obra; con otro jornal que no sabe a resignación sino a provecho.

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Mis problemas con el Génesis

19 abril 2010

– Señor Rumson, ¿es que cree usted que todo lo que produce la tierra debe usarse para hacer licor?
– Sí, siempre que sea posible.
– Debería leer la
Biblia, señor Rumson.
– Ya he leído la
Biblia, señora Fenty.
– ¿Y no le animó a dejar la bebida?
– No, pero frenó mi interés por la lectura.

La leyenda de la ciudad sin nombre (Paint your Wagon)
(Joshua Logan, 1969)

El Génesis de Robert Crumb lleva meses en las librerías. “Va a provocar a la derecha religiosa” vaticinó la editorial británica de Crumb en The Guardian. No tiene por qué. Como señala el autor en su introducción, el tratamiento ha sido riguroso, reproduciendo el texto original en la medida de lo posible casi palabra por palabra. Si acaso, molestará a los que controlan la interpretación de esta colección de historias y a sus acólitos que, como la curiosidad está reñida con la costumbre, nada quieran saber más allá de la “palabra de Dios”.  No en vano, hasta hace doscientos años la Iglesia católica tuvo prohibida la traducción de la Biblia a cualquier lengua vulgar, garantizando así su monopolio sobre la reproducción e interpretación de la obra.

Esta adaptación al cómic puede ser tan delirante como reveladora, todo depende de las manos que la abran. “Si lees bien el Antiguo Testamento, [dios] no es más que un patriarca judío viejo y cabreado”, señaló Crumb cuando aún trabajaba en el proyecto. Quien también señala en la introducción que aunque la Biblia no es la palabra de ningún dios sino la de los seres humanos, no por ello deja de ser un texto menos poderoso, “con muchas capas de significado que profundizan en nuestro inconsciente colectivo, nuestro inconsciente histórico sí así lo preferís”. Por ejemplo, en un episodio como el de Abraham y su esposa Sara, a quien se intenta pasar como hermana de aquél en su llegada a Egipto, cediéndola su marido al faraón, que se repite en los relatos de Rebeca (esposa de Isaac) y de Raquel y Lía (esposas de Jacob), y que a día de hoy podemos encontrar extraño e incluso moralmente censurable, se esconde, oculto tras capas y capas de reinvenciones, la existencia de un poderoso orden matriarcal desaparecido hace siglos, que a día de hoy nos resultaría extraño y a más de uno bastante censurable.

En definitiva, una buena manera de acercarse al texto sin exégesis y con dibujitos.

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