Archive for the 'Fotografía' Category

El tío Charlie de Marc Ansin

23 noviembre 2013

Marc Ansin es un fotógrafo de Brooklyn. Tiene esa clase de estilo que algunos llamarán “pasado de moda” pero que, parándose a pensar las cosas, es el estilo fotográfico que mayor cota de impacto consigue, el estilo que consigue que te acojones. Ese acojone cuya receta secreta conocen algunos fotógrafos y que consiste en no querer apartar la vista de unas imágenes desagradables. Que, por muy desagradables que sean, incita a mirarlas hipnóticamente y pensar. Pensar mucho. Conseguir todo eso a día de hoy, a día de la verdadera saturación de imágenes, es situarse por encima de la media.

Marc Ansin ha publicado un libro llamado Uncle Charlie. Durante 30 años ha seguido a su tío Charlie y ha documentado de forma sobrecogedora el descenso al infierno del tal Charlie. El proyecto empezó en 1981. Marc Ansin, buscaba un tipo duro, un simple tipo con tatuajes, un callejero que ejemplificara lo que al propio Marc le hubiera gustado ser. En ese punto de partida comenzó a retratar a su tío Charlie y a su familia.
30 años más tarde y un montón de fotografías por el medio, el círculo se cierra. El tío Charlie ya no es el tipo duro. El tío Charlie está en el infierno.
Así que ya os queda clara la moraleja: dejad de esnifar pegamento en el parque y poneos a estudiar de una puta vez, por favor. Haceos funcionarios, por ejemplo. O profesores de primaria, también vale profesor de primaria.
Dejo unas fotos. Relato de un batacazo.

ciruja

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David Bowie: Ziggy Stardust

29 diciembre 2010

Sujetado por un Ziggy con gomina, ese cojín en forma de llama situada en la parte inferior de la foto parece una pincelada recordatoria del paso del tiempo, un indicio, por si la textura de postal rescatada no fuese suficiente, de que el mundo retratado ya empieza a desaparecer.

En el centro la imagen, el David Bowie ya veterano del gesto que empezaba a ser catapultado a la cima de las listas de éxitos, cigarrillo en alto, con el gesto de victoria más preciso que hemos visto en ninguna de las portadas de sus álbumes, es alejado por una delgada neblina de su horizonte: los estudios de grabación de la RCA en Reino Unido.

No lo escolta en el autohomenaje Rick Wakeman. Ni Mick Ronson. Ni Ken Scott. Tal vez se advierta (no es seguro) un marco conteniendo algún trofeo discográfico ajeno. Rematando lo invisible se debería poder observar la silueta doble de nuestro hombre, con la mano a modo de visera sobre los ojos, casi cubriendo todo el cuadro, mirando hacia fuera. Hacia nosotros. Debería parecer sorprendido, como si dijese nunca pensé que a finales del 2010 hubiese todavía gente interesada en nuestro mundo. Puede que así fuera un segundo antes, pero el gesto fue otro, quizá porque los demonios no acostumbran a ser tan madrugadores.

Aun quedamos, pues, algunos de esos interesados en revivir retratos ficticios de Bowie, impulsados por la importancia que damos a abrir los ojos sin que necesitemos para ello de un desengaño, advirtiéndonos también entonces a nosotros mismos y a los demás de que como dicen en esa historia que nos va a empezar a contar el único rockero que queda vivo, no pienses que estás en ésta canción. Y todo puede resultar incluso ridículo, porque los sueños se encadenan igualmente, y sentado sobre la quinta silla de una total de nueve, sacando la cabeza por encima del cuello de una camisa blanca que parece dibujada a tiza por un niño, Ziggy Stardust se anima. El que está a su lado, ahora sí, es Mick Ronson, héroe del glam. Y de la figura de Rick Wakeman emerge una camisa morada sobre unos pantalones largos, mientras vemos como se sitúa de pie junto al puente por el que cruzan algunos inocentes que aun andan dormidos.

La foto imaginaria pudo haber sido tomada por muchos fotógrafos de renombre, pero para asegurarnos de que hacemos lo correcto, los que contamos debemos decir que sólo andábamos buscándoos un buen regalo, de esos valorados porque nos aclaran que nuestros nombres están apuntados, desde hace demasiado tiempo, a una contrarreloj.

David Bowie – Ziggy Stardust (Live in Santa Monica, 1972)

wagnerian

Garry Winogrand: El Escaso Valor de la Distracción

5 julio 2010

El interés por lo que dice la foto, y no la técnica. Las imágenes de Garry Winogrand (Nueva York, 1928-1984) no necesitan de la perfección. Su mayor habilidad como fotógrafo consistía en intentar adivinar que en algún momento algo iba a ocurrir, y desafiando una pereza que le hubiera impedido ser quien fue, crear una propuesta idéntica al momento en que la vida, tan normal, sufre una pequeña mutación, y se convierte en una quietud que posteriormente nos permitirá detenernos más allá de nosotros mismos y tratar de encontrar explicaciones a lo que normalmente sucede demasiado rápido para que los más serenos puedan lanzar preguntas.

Justo para que ésto ocurriera, Winogrand era todo lo contrario. Era el que captaba esas imágenes para los demás. Con una Leica y un gran angular preenfocado, recorría las calles de Nueva York capturando imágenes a destajo. Tanto, que a su muerte sus archivos contaban con más de 300.000 imágenes sin editar.

Y lo que se ve: descripción de relaciones complejas, empatía, humor. Al fin y al cabo, era consciente de que un zoo en una ciudad como Nueva York sólo nos parece normal, pero no lo puede ser. No son propuestas idénticas. De ese fuego cruzado nace la imparcialidad de muchos fotógrafos, que no se preguntan sobre la moral que nos sustenta, sino que la suman a otros datos visuales para que los que quieran hagan sus disputas en paz, y algunos más tengan un buen motivo para sonreír. O que encuentren un motivo, si creen que un pequeño esfuerzo de ese tipo merece la pena.

wagnerian

Brian Jones: Desde la Estancia de los Inmortales

27 junio 2010

En aquel tiempo, del que sólo quedó detenido el instante que capta la fotografía de arriba, Brian Jones ya tenía casi completo al muerto del que dirían que había hecho de la locura una opción sensata. Han pasado muchos años desde entonces, pero la escena no ha perdido encanto. Sigue siendo aplicable a la adolescencia de cualquiera. Cada vez que soñamos con Brian, se exagera la distancia que nos separa de la nada.

Todos deberíamos acostumbrarnos a predicar en el desierto a menudo sin que se nos cayeran los anillos. Llevar una doble contabilidad sin pretextos. La triste y gris en nuestras palabras y la vital en nuestros actos, por ejemplo.

Hace mucho que murió Brian Jones, pero no se olvida del presente. El año pasado la policía de Hartfield, East Sussex, decidió volver a investigar por qué apareció muerto en el fondo de una piscina el 2 de julio de 1969. La vida y la muerte dedican a lo suyo lo mejor que tienen y cada uno de sus desvelos.

Cualquiera que se enfrente a la vida de una forma tan desastrosa e inspirada como Brian Jones merece al menos un segundo de silencio, aunque no sea el más necesario. Un segundo cualquiera. En éste caso, el de un fotógrafo concentrado.

The Rolling Stones – Out of Time (Aftermath, 1966)

wagnerian

Sopa de letras y una cruz gamada

19 junio 2010

Esto es sólo un pasatiempo, el del diseñador Rhett Dashwood, quien pasó meses buscando imágenes de satélite en Google Maps hasta hallar las de formaciones geográficas y construcciones humanas que recordasen la forma de una letra; una vez encontradas y fotografiadas, con ellas ha compuesto el abecedario. Es inútil buscar la “ñ” porque el autor es australiano, todas las fotografías son del estado de Victoria, Australia; no menos inútil puede resultar el pasatiempo del señor Dashwood si no entretiene. Por definición, también sería un pasatiempo carente de sentido si consiguiera detener el tiempo, algo que acaso sugiera la imagen, también localizable en Google Maps, de una base naval estadounidense situada en la localidad californiana de Coronado. Como puede apreciarse más abajo, la planta del edificio forma una inquietante esvástica, camuflada entre el resto del complejo militar y construida a finales de la década de los sesenta en plena base anfibia de la Armada de los EE.UU.

El edificio se hizo famoso a finales del verano de 2007 cuando fue descubierto por aquello que se da en llamar “comunidad internauta” y que no es más que el conjunto de personas que utilizan internet —no parece existir una verdadera comunidad internauta como tampoco existe una comunidad de usuarios de telefonía móvil sino un número de personas que utilizan el teléfono móvil con distintos intereses—. El revuelo que provocó que los ciudadanos conocieran su existencia ocasionó un desembolso de unos 600.000 dólares por parte de la Administración norteamericana, destinado a camuflar, con placas solares y vegetación, el actual aspecto de la construcción. El arquitecto de la misma, John Mock, llamado a declarar, afirmó que el ejército sabía que el edificio tenía forma de cruz gamada, que la Armada “sabía que iba a parecer”, una esvástica, pero “no lo es, son cuatro edificios en forma de ele”. Sobre los orígenes del proyecto arquitectónico nada se supo, la información aseguraron comprometería la seguridad de la nación. De manera que el personal se puso a hacer conjeturas sin freno en distintos blogs, que si fue construido por prisioneros de guerra alemanes de la Segunda Guerra Mundial en homenaje a Adolf Hitler, que si todo lo contrario puesto que los edificios vecinos parecen aviones que apuntan a la esvástica… Apunten un interés común de la mayoría de los englobados en la “comunidad internauta”: pasar el rato. A Google pongo por testigo.

Vineshoot