Archive for the 'Humor' Category

Un momento, que la están peinando

10 abril 2011

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El Corazón de las Tinieblas

11 diciembre 2010

El loro sueña con una entrada libre al mundo del tiempo. El loro secuaz de los prismáticos, robot, prótesis de la palabra. Maraca, verde, pico, alas. El loro con sus eternas decoraciones pastel, sus garras basculantes, su pipa y sus pipas. Ésto no es un loro, en absoluto. Ésto es la imagen que proyectasteis el primer día de Un Chien Andalou, o el mismo misterio, la misma pipa, las mismas pipas, alejaos del loro, pipas, todo está señalado y él es ahora no un loro más sino la especie protegida de la célula, el celuloide triple que estuvo allí, aquí, y estará. Las catacumbas de un loro. Prohibido el plano frontal, prohibida la nube de humo de tabaco. El loro con los sentidos convertidos en biznietos da el gran salto a la fama. Y bien, en la fama, allí está, haciéndose preguntas que se multiplican.

LolloploploppoM

Un castigo para K.C.

21 septiembre 2010

Ha llegado el momento de que K.C. rinda cuentas con la sociedad, de que pague su justo castigo. Bien es cierto que no tiene la culpa de habitar este planeta, como a mí le han parido en él, pero sí de su relación con los semejantes. No voy a tolerar determinados comportamientos.

Sabemos que de pequeño fue malo con su hermana recién nacida a quien, víctima de la envidia, tiró de las orejas hasta que la pequeña empezó a llorar. En el colegio, negó cualquier favor a sus amigos con el habitual celo que muestran los niños por la propiedad privada, en especial con la que les pertenece. No cabe duda que K.C. había sido malo con los semejantes en la facultad, donde corrió el primero a la biblioteca a solicitar el manual necesario para un trabajo, escondiendo el resto de ejemplares para que sus compañeros de clase no tuvieran acceso a ellos. Nunca fue buen compañero en el trabajo sino más bien pelota del jefe; como celebración a su puesto en el comité de empresa, pasó un fin de semana en la playa malgastando dieciocho horas sindicales.

Puede que alguien piense que estos y otros defectos habían sido aprehendidos de sus mayores, estos a su vez habían sido niños a los que preferí indultar.

No se me olvida, K.C: es culpable de un matrimonio sin amor con una chica enamorada de la imagen que él proyectaba de puertas afuera. Un mal padre, siempre ocupado, que llegó a utilizar tres subterfugios distintos una misma semana para eludir pasar la noche con sus hijos; K.C. se había echado una nueva novia. Durante aquellos años de resurgimiento de la líbido, los tres siguientes a la definitiva separación de su primera esposa, K.C. se convirtió en un presumido, tanto que no se daba cuenta de que en realidad era un superficial. A esa primera novia la dejó, asustado de un deseo nuevo que prefirió mantener insatisfecho. La había conocido paseando por el parque, o quizá fue en una disco de moda, pero aquel día a K.C. le mordieron en el corazón. Cuando tras la tercera cita fue consciente de ello no supo qué decir y menos qué hacer, y se marchó a casa abatido.

Consultada la moral popular que reconoce lo qué está mal en lo que vulnera los derechos de los semejantes, afirmo que K.C. ha sido malo. Y va a pagar el precio.

Los Enemigos – La venganza de H.P. Expósito (Tras el último no va nadie, 1994)

ogimenE

Objeciones

8 agosto 2010

– ¡Claro que estábamos también allí, por supuesto! por la mañana llovió, fue emocionante, y a mediodía descubrimos que habíamos empezado el trabajo de muy buen humor.
– Me temo que están ustedes equivocados, allí no había nadie más. Ese día del que nos hablan no existe. Quizá creyeron que pasaban los minutos y nada ocurría, y empezaron a imaginarnos. Pero sólo estábamos nosotros y era otro día.
– No es posible, hubiera parecido artificial. Y no hubiéramos podido mover toda esa montaña de material hasta aquí solos. Y ustedes tampoco… ¡pero mire, si ahí mismo tiene los bártulos y las cajas!
– Puede que eso sea cierto, pero allí no había nadie más.

LolloploploppoM

Carga Exitosa

3 agosto 2010

Los abuelos perezosos siempre están abriendo una caja de pastillas. Esas son sus carantoñas tímidas de mamíferos invitados a una fiesta que siempre les sube por las escaleras. Desaparecen en un país que ya no existe. Lo ocultaron durante mucho tiempo, pero los viejos muebles acabaron haciendo sitio para lo evidente. Ya no recuerdan haber encontrado el trébol de cuatro hojas, ni haber visto al hipopótamo. Se dan prisa por salir de las casas, y eso es lo que ahora les resulta emocionante. Pero el mundo es el mismo, sólo que ellos nunca volvieron. Lo consideraron un sistemático ejercicio de armonía. Y lo mismo ocurría con los coleópteros, con el latín, con la colección de crujidos del salón-comedor.

Pero ahora levantan la mano y la tocan: su piel de hace miles de años. Sus brazos apoyados en sillones Luis XIV y toda clase de remedios contra la congelación se remueven abatidos. Reconocen, mirando las violetas, que están pensando en inventar el fuego.

Massive Attack – Be Thankful For What You’ve Got (Blue Lines, 1991)

LolloploploppoM