Archive for the 'Literatura' Category

Pessoa, anarquismo

19 diciembre 2010

Fernando Pessoa
Anarquismo

La noche y el caos forman parte de mi.
Me remonto al silencio de las estrellas.
Soy el efecto de una causa del tiempo,
del Universo [quizás lo excedo].
Para encontrarme, debo buscarme entre las flores,
los pájaros, los campos y las ciudades,
en los actos, las palabras y los pensamientos de los hombres,
en la noche del sol y las ruinas olvidadas de mundos hoy desaparecidos.
Cuanto más crezco, menos soy.
Cuando más me encuentro, más me pierdo.
Cuanto más me pruebo, más veo que soy flor
y pájaro y estrella y universo.
Cuanto más me defino, menos límites tengo.
Lo desbordo todo. En el fondo soy lo mismo que Dios.
Mi presencia actual contiene las edades anteriores a la vida,
los tiempos más viejos que la tierra,
los huecos del espacio antes de que el mundo fuera.

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29 mayo 2010

El tiempo pasa y la memoria, como el metal, se oxida. A veces es recomendable echar mano del archivo, allí donde guardamos (en la memoria) ciertas noticias que ya son historia. Porque nos repetimos una y otra vez el concepto de lo cíclico, según el cual todo lo ocurrido vuelve a pasar, sin darnos cuenta de que nada vuelve, que siempre ha estado con nosotros. 2010, el nombre del año en curso, suena a futuro, a un futuro que ya está aquí, y el ser humano sigue recurriendo a patrones de conducta que viene reproduciendo, con múltiples variantes, adaptando el mismo comportamiento a los nuevos tiempos, desde el paleolítico. Un ejemplo de ello sería el gregarismo. No ha amanecido el día en el que cada individuo sea su propio héroe, se sigue buscando un líder, sin atender a que juntos somos más. Difuminado en la masa, mimetizando el comportamiento de sus semejantes, el ser humano casi siempre sigue los pasos de un líder. Y dicen que…

Había una vez una isla volcánica en el Lejano Este, con una población de cincuenta mil habitantes. Nadie se preocupaba por el volcán, que había permanecido inactivo durante cien años, pero un día empezaron las erupciones. Al principio eran pequeñas, pero su intensidad aumentó en cuestión de horas. Cundió el pánico, y la gente intentó apiñarse en los pocos botes disponibles para alcanzar el continente.

Pero se encontraba al frente de la isla un comandante que estaba decidido a mantener el orden a toda costa. Publicó proclamas asegurando que no existía peligro alguno y envió tropas a que ocupasen los barcos para que no hubiera pérdida de vidas en los intentos de abandonar la isla en embarcaciones sobrecargadas. Su personalidad era tan fuerte, y su valor tan ejemplar, que consiguió calmar a la multitud, y aquellos que intentaban escapar volvieron avergonzados a sus casas y se sentaron a esperar que se restableciera la normalidad. Cuando el volcán voló por los aires un par de horas más tarde, llevándose consigo la isla entera, no quedó ni un solo superviviente.

(Fragmento de Masa Crítica, relato incluido en Cuentos de la Taberna del Ciervo Blanco, Arthur C. Clarke)

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El temor de lo insólito

22 abril 2010

¿No había un viejo chiste acerca de la mujer que habla tanto por teléfono que el marido, desesperado, corre a la tienda más próxima y la llama por teléfono para preguntarle qué cenarían esa noche?

Y, de repente, [su mujer] le resultó tan extraña que Montag no pudo creer que la conociese. Estaba en otra casa; como en ese chiste que contaba la gente acerca del caballero embriagado que llegaba a casa ya entrada la noche, abría una puerta que no era la suya, se metía en la habitación que no era la suya, se acostaba con un desconocida, se levantaba temprano y se marchaba a trabajar sin que ninguno de los dos hubiese notado nada.

(Fahrenheit 451, Ray Bradbury)

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