Archive for the 'Pintura' Category

Un momento, que la están peinando

10 abril 2011

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Vassily Kandinski: Entwicklung in Braun, 1933

7 julio 2010

Vassily Kandinski (Moscú, 1866-Neuilly-sur-Seine, 1944), padre natural de la abstracción pictórica, llega a Alemania eludiendo presiones de su Rusia natal respecto a temas artísticos al instaurarse las leyes de propaganda de la Revolución. Se vincula durante esa larga etapa alemana a la escuela Bauhaus (1922-1933), cuya filosofía y acción artística estaba inspirada en tesis socialistas.

En 1933, con el advenimiento del régimen nazi, la labor educativa de la Bauhaus fue considerada arte degenerado. La Bauhaus perdió las subvenciones estatales, y se vio obligada a cerrar sus puertas. El artista es señalado por los nazis como persona non grata, y debe abandonar el país.

La paleta de colores brillantes que suele utilizar Kandinski, reflejo de su personalidad vital y de sus teorías emocionales respecto al color, se sustituye, en el cuadro que vemos arriba y que cierra ésta etapa, por tonalidades marrones. Finalizado en sus últimos días en Berlín, esos tonos poco propios del autor aluden al color marrón de las camisas de las milicias nazis. El marrón crea una fuerte presión sobre el área central repleta de figuras geométricas de colores vivos, como una serie de puertas que se cierran.

La esperanza ahogada del pintor en un futuro mejor respirará en París, donde vuelve a los colores plenos con la ayuda y el apoyo de Joan Miró.

wagnerian

Andrew Wyeth: ‘Christina’s World’ (1948)

17 febrero 2010

Ahora que nos atrevemos a pensar en cosas que nunca vamos a decir, sabemos que lo que no decimos lo diríamos mejor si pudiéramos convertir la palabra en experiencia.

En una zona de paso del MoMA de Nueva York está expuesto uno de los mejores y más evocadores cuadros del minucioso Andrew Wyeth (1917-2009). Para verlo, hay que sacar el cuello sobre la coronilla de las personas que entran y salen de las salas, o meter la cabeza entre las que suben y bajan las escaleras, y no tienen más remedio que permitir vernos la obra o impedirnos disfrutarla. Se planificó así, como si molestara tener un cuadro tan apto para admirar y discutir en un museo tan lleno de gente. Lo mismo ocurre, sin ser mi pretensión mentir pero uniendo cierto espíritu al de la verdad, en el mismo museo y con obras de, curiosamente, Edward Hopper.

Duele porque, al menos el de Wyeth, es uno de esos cuadros que nos cuenta cosas mejores que las que nosotros pensamos, las digamos o no, y también porque nos habla de las personas que pudimos ser no hace mucho sin saberlo hasta entonces. O de cosas que no hemos vivido pero que en determinado momento decidimos que probablemente también nos pertenecen.

Wyeth contaba que la mujer que pintó arrastrándose a través de la hierba era su vecina en Maine:

Lisiada por la polio, estaba limitada físicamente pero jamás espiritualmente. Mi reto consistió en hacer justicia a su extraordinaria conquista de una vida que muchos consideraban carente de esperanza.’

Dos niños, junto a mí y como yo, intentaban echar un tranquilo vistazo al cuadro. Lo que llama la atención de un niño casi siempre merece la pena, así que insistí con ellos un buen rato, entre risas. Por eso ahora, y quizá ya entonces, cuando veo la mirada detenida de un niño, pienso en el mundo de Christina, o en el aquí y el más allá del cuadro de Wyeth. Y pienso en que el niño y su mirada también forman parte de mi vida, y de la vida de muchas miradas que no han sabido decepcionarnos demasiado a menudo.

wagnerian