Archive for the 'Una canción…' Category

The Replacements: I Will Dare

22 febrero 2011

No deja de ser curioso que entre los aparatajes de nuestras levantadas de telón diarias nos veamos a menudo sometidos a las exigencias de la felicidad a través de las amenazas de todos sus contrarios, mientras con esa estrategia se consigue ignorar a dos bandas las potencias fundamentales de la alegría.

Lo que se nos ofrece para alcanzar la plenitud constante no pasa de ser una mayor tristeza acumulada en cuerpos y cajones: hoy un implante mamario para ella, o un corrector dental para él, mañana la revolución de un electrodoméstico o la seda de una sinrazón en forma de velocípedo. Así vamos asegurando nuestro sufrimiento y alguna otra causa que tiene que ver con que la humillación ajena acabe forjándonos la nuestra, además de someternos al dolor de terminar cambiando lo propio por el aspecto indisoluble de lo extraño. Lo cual hará, adecuada la duda a cualquier mentira, que lo conseguido con entereza resulte casi imposible de reconocer como una necesidad y que por tanto resulte un merecido premio a nuestro valor. Es fácil adivinar que lo que nos exigen raramente puede considerarse como un triunfo personal. ¿Cuánto de lo que no somos, de la realidad que aun somos, se puede ver compensado por el dudoso mérito de haber renunciado a la íntima alegría a cambio del imposible, totalmente imposible, reconocimiento de otros?

Lo siniestro tiene la mejor de las famas. El optimismo sensato de los que creen que los demás les entienden y su contarlo cada día con una sonrisa reside en la voluntad de renunciar una y otra vez a lo esencial, depositando todas las esperanzas en la alegría, esa que guarda todo lo que nuestra opaca realidad ignora. No es necesario que para la triste celebración de lo alegre nos vistamos de perros y gatos. La podemos ir acotando con un par de lápices de colores, con cuatro notas, o con el derecho a seguir escuchando.

Y siempre es mejor en cualquier compañía que inútilmente victoriosos.

The Replacements – I Will Dare (Let It Be, 1984)

wagnerian

Crosby, Stills, Nash and Young se cortan el pelo

5 febrero 2011

Empachados de paso del tiempo se presentan esta noche a mis oídos los muy anacrónicos Crosby, Stills & Nash (con Neil Young desde su segundo disco). Y quizá sea el del paréntesis quien todavía sostenga la llama de la modernidad, por ejemplo trabajando a dúo el año pasado con el gurú de la producción musical con raíces, Daniel Lanois, en el disco Le Noise. El resto, a saber: David Crosby (The Byrds), Stephen Stills (Buffalo Springfield, Manassas) y Graham Nash (The Hollies), formaron a finales de los sesenta el perfecto supergrupo; superhippies en acción por la contracultura naif que representó el bienintencionado pero ingenuo movimiento.

Se pusieron de largo en el festival de Woodstock, donde claro, entre calada y calada, gustaron mucho. Su primer disco, homónimo, data de 1969 y en él dieron cabida a tonadas que todavía hoy pueden escucharse en las radiofórmulas como Suite: Judy Blue Eyes o Marrakesh Express; más peligro que las dos anteriores llevaría Teach Your Children (well), gancho publicitario de su segundo disco, Déjà Vu; responsables todas de un cierto olor a alcanfor que se desprende al escuchar hoy sus discos; por pachulí que le pusieran en temas como Almost Cut My Hair (Casi me corto el pelo). Y es que, como ponen de manifiesto las fotografías promocionales de las varias reuniones de la banda, después de su poco definitiva separación en 1971 con el doble en directo 4 Way Street, sólo cuando Neil Young aparece la cosa promete.

Pero convengamos en que otras están muy bien.

Crosby, Stills & Nash – Helplessly Hoping (Crosby, Stills & Nash, 1969)

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The Del-Vetts: Chicago’s North Shore

19 enero 2011

Corrían los primeros meses de 1966. Ya bien nacidos en los suburbios del norte de Chicago, y una vez cerrado el trasiego de músicos inherente a toda banda que arranca sin demasiadas pretensiones, la formación más sólida de The Del-Vetts consiguió entrar en estudio y grabar un tema que nos anima a ejercer con alegría los deberes exigidos por el oficio de vivir. Dicho tema se llamó y se llama Last Time Around.

Marcado eficazmente por el sonido de la era Beck de los Yardbirds, conseguirá, entre otras muchas ventajas para el cutis y la piel de dentro, un éxito local remarcable. La promesa, por si fuera poco, les invita a meterse de nuevo en la madriguera para enfrentarse a la grabación de I Call my Baby STP, tema que no corre la misma suerte, y acaba despistado en los charts del momento.

Tras el revés, y para despistar al demonio, se rebautizan como The Pride and Joy, y de paso recuerdan dejar olvidada en el sótano de las pequeñas frustraciones su alma de garage-punk. Acaban igualmente desmantelados, allá por 1968.

Aquella prosaica joya de los Del-Vetts se quedó dormida en las paradojas numeradas del éxito e incluso en los archivos de los coleccionistas, hasta que el sello Rhino la recuperó para una revisión aumentada y digitalizada del famoso recopilatorio Nuggets, editada en 1998.

Parece que sigue sin descascarillarse al entrar en contacto con la realidad.

The Del-Vetts – Last Time Around (Last Time Around, 1966)

wagnerian

Javier Krahe: ¡Ay, Democracia!

9 enero 2011

Me gustas, Democracia, porque estás como ausente
con tu disfraz parlamentario,
con tus listas cerradas, tu Rey, tan prominente,
por no decir extraordinario,
tus escaños marcados a ocultas de la gente,
a la luz del lingote y del rosario.

Me gustas, ya te digo, pero a veces querría
tenerte algo más presente
y tocarte, palparte y echarte fantasía,
te toco poco últimamente.
Pero, en fin, ahí estás, mucho peor sería
que te esfumaras como antiguamente.

Los sesos rebozados de delfín
que Franco se zampaba en el Azor
nos muestran hasta qué grado era ruin
el frígido y cristiano dictador.

Fue un tiempo de pololos, tinieblas y torturas…
volvamos al aquí y ahora
donde tú, Democracia, ya sé que me procuras
alguna ley conciliadora,
pero caes a menudo en sucias imposturas,
fealdades que el buen gusto deplora.

Como el marco legal siempre le queda chico,
y a eso el rico es muy sensible,
si tirando, aflojando, empleando un tiempo y pico,
se hace un embudo más flexible,
que tú apañes la ley a medida del rico
al fin y al cabo es muy comprensible.

¿Pero qué hay del que tiene poca voz,
privado de ejercer tantos derechos,
porqué al nudista pones albornoz,
qué hay de los raros, qué hay de los maltrechos?

Y tus representantes selectos, Democracia,
tus güelfos y tus gibelinos,
cada día que pasa me hacen menos gracia,
sus chistes son para pollinos.
A enmendar tus carencias te veo muy reacia
y están mis sentimientos muy cansinos

y como ya me aburre decir continuamente
“eso no estaba en el programa”
no cuentes con que vaya hacia ti cuatrianualmente,
no compartamos más la cama,
vamos a separarnos civilizadamente.
Y sigue tú viviendo de tu fama.

Cuando veas mi imagen taciturna
por las cívicas sendas de la vida
verás que no me acercan a tu urna.
No alarguemos ya más la despedida.

Javier Krahe – ¡Ay, Democracia! (Toser y cantar, 2010)

www.18chulos.com

Vineshoot

David Bowie: Ziggy Stardust

29 diciembre 2010

Sujetado por un Ziggy con gomina, ese cojín en forma de llama situada en la parte inferior de la foto parece una pincelada recordatoria del paso del tiempo, un indicio, por si la textura de postal rescatada no fuese suficiente, de que el mundo retratado ya empieza a desaparecer.

En el centro la imagen, el David Bowie ya veterano del gesto que empezaba a ser catapultado a la cima de las listas de éxitos, cigarrillo en alto, con el gesto de victoria más preciso que hemos visto en ninguna de las portadas de sus álbumes, es alejado por una delgada neblina de su horizonte: los estudios de grabación de la RCA en Reino Unido.

No lo escolta en el autohomenaje Rick Wakeman. Ni Mick Ronson. Ni Ken Scott. Tal vez se advierta (no es seguro) un marco conteniendo algún trofeo discográfico ajeno. Rematando lo invisible se debería poder observar la silueta doble de nuestro hombre, con la mano a modo de visera sobre los ojos, casi cubriendo todo el cuadro, mirando hacia fuera. Hacia nosotros. Debería parecer sorprendido, como si dijese nunca pensé que a finales del 2010 hubiese todavía gente interesada en nuestro mundo. Puede que así fuera un segundo antes, pero el gesto fue otro, quizá porque los demonios no acostumbran a ser tan madrugadores.

Aun quedamos, pues, algunos de esos interesados en revivir retratos ficticios de Bowie, impulsados por la importancia que damos a abrir los ojos sin que necesitemos para ello de un desengaño, advirtiéndonos también entonces a nosotros mismos y a los demás de que como dicen en esa historia que nos va a empezar a contar el único rockero que queda vivo, no pienses que estás en ésta canción. Y todo puede resultar incluso ridículo, porque los sueños se encadenan igualmente, y sentado sobre la quinta silla de una total de nueve, sacando la cabeza por encima del cuello de una camisa blanca que parece dibujada a tiza por un niño, Ziggy Stardust se anima. El que está a su lado, ahora sí, es Mick Ronson, héroe del glam. Y de la figura de Rick Wakeman emerge una camisa morada sobre unos pantalones largos, mientras vemos como se sitúa de pie junto al puente por el que cruzan algunos inocentes que aun andan dormidos.

La foto imaginaria pudo haber sido tomada por muchos fotógrafos de renombre, pero para asegurarnos de que hacemos lo correcto, los que contamos debemos decir que sólo andábamos buscándoos un buen regalo, de esos valorados porque nos aclaran que nuestros nombres están apuntados, desde hace demasiado tiempo, a una contrarreloj.

David Bowie – Ziggy Stardust (Live in Santa Monica, 1972)

wagnerian