Posts Tagged ‘Art Blakey’

Billy Collins: Un poema

13 enero 2011

Pico un poco de perejil mientras escucho la versión de Three Blind Mice* de Art Blakey

Y me pregunto como habrán llegado a quedarse ciegos.
Si fuera congénito podrían ser hermanos y hermana,
e imagino a la pobre madre
cuidando de sus pequeños trillizos invidentes.

¿O fue en algún accidente casero, los tres dañados
por alguna explosión abrasadora, o por algún petardo?
Si no,
si cada uno se quedó ciego por separado,

¿cómo se las arreglaron para encontrarse?
Si ya es difícil para un ratón ciego
dar con algún compañero vidente
¿no lo es más aun dar con dos también ciegos?

¿Y cómo, en su oscuridad diminuta,
podrían huir de la esposa del granjero,
o de la esposa de cualquier otro si se diera el caso?
Y no hace falta decir por qué.

Simplemente porque les podría cortar las colas
con un cuchillo de trinchar, responde el cínico,
pero la imagen de esos ratones sin ojos
y ahora sin colas que arrastrar a través de la hierba húmeda

o poder deslizar sobre la esquina del rodapié
tiene al cínico que holgazanea en mi interior
subido el sofá y asomado a la ventana
intentando ocultar la creciente ternura que le embarga.

A éstas alturas ya me dispongo a trocear una cebolla
lo cual podría explicar el húmedo escozor
que siento en mis ojos, aunque la melancólica trompeta
de Freddie Hubbard en ‘Blue Moon’,

que resulta ser el siguiente corte,
no es probable que vaya a mejorar demasiado las cosas.

Art Blakey & The Jazz Messengers – Three Blind Mice (Three Blind Mice Vol.1, 1962)

Art Blakey & The Jazz Messengers – Blue Moon (Three Blind Mice Vol.1, 1962)

*Tres Ratones Ciegos

A la torpe traducción del inglés:

wagnerian

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Willie Williams: Uniendo Paralelas

8 noviembre 2009

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Willie Williams es saxofonista de jazz. Nació el 1 de noviembre de 1958 en Wilmington (Carolina del Norte), y desde los seis meses reside en Filadelfia. Ha editado cuatro discos como frontman, de localización complicada.

Orgulloso de ser y haber sido un peón del jazz, como lo fue Coltrane, su presunta humildad jamás le hubiera permitido formar un grupo y convertirse en su líder, aunque en éstos casos el liderazgo siempre sea relativo, y persiga más que nada atraer al público con el nombre más conocido en busca de unos cimientos que nada tienen que ver con la fama, pero sí con el dinero (con el dinero que uno se merece y que le permite sobrevivir, nada que ver con el otro dinero) y la necesidad de crear música a toda costa.

Aunque fue un niño predispuesto, y aunque Art Blakey o Jackie Byard no dejaran de alabarle los dones y lo añadieran a algunas de sus sumas jazzísticas, ante su, repito, presumida humildad, tuvo que existir una muy limitada pero fervorosa presión popular y crítica, que obligó a Willie a subir el escalón, probablemente más por ilusión privada que por ambiciones personales.

Personaje silencioso, acostumbrado a explicarse como los músicos de raza, a través de sístoles-diástoles musicales, su figura nos sirve para disfrutar y para que nos eche una mano a la hora de comprender mejor los manejos de su maestro Coltrane. A comprender en particular esa espiritualidad que pretendía reflejar en su música Coltrane, no como hecho religioso transcendente sino como expresión única del alma humana.

El que comprende también puede explicar, por eso cuando Willie Williams da vida a su música suena algo más que ese toque a lo Coltrane, suena la explicación de los puntos fuertes del maestro a cargo del alumno, y suenan las carencias de éste último, ya que remarca con su imprudencia eso que iba más allá de las ‘normas’ de Coltrane, y que forma su genialidad: lo inexplicable, y por tanto, intransferible.

Williams nació en una pobreza delicada. De familia de músicos, el saxo se lo encontraba por los rincones de su casa. Como a muchos otros, la música le salvó de su entorno y de sí mismo. Poco a poco, Williams le fue devolviendo el favor a la música. En sus cuatro discos ha ido en difícil crescendo, apostando como Coltrane por formas cada vez más experimentales, o al menos más complejas, pero siempre buscando apartarlas de la frialdad.

Tras toda una vida soñando con una música como camino, da la impresión de que Coltrane continúa una parte de su vida en él. No tenemos que poner a Williams en ese brete, no es justo pedirle que iguale a Coltrane, ni técnica ni estilísticamente. Pero cuando lo escuchamos, Coltrane está ahí, como si alguna de las ruedas que lo animaban nunca hubiera dejado de girar.

En tiempos en que el alma terrena se devalúa, si un día brilla en los oropeles del circuito su impertinente esplendor puede que algunos críticos arrojen su saxo a los leones por ser menos que un émulo, y pretenda crear a través de las virtudes de algo ya reconocido. Pero Williams tiene ese sentimiento que es capaz de mover montañas a golpes de corazón, y eso ni se compra ni se vende. Está, pues, en el buen camino, y ya ha recorrido trechos en los que ha dejado huella en paisajes magníficos.

Que siga naciendo siempre que quiera.

Suerte, buen Willie.

Willie Williams – Spirit Willie (Spirit Willie, 1992)

wagnerian

El diseño gráfico del jazz

10 agosto 2009

hub-tones

Blue Note, uno de los sellos discográficos más importantes de la historia del jazz, nacido en 1939 gracias al empeño de Alfred Lion y Francis Wolff, y que actualmente pertenece al grupo EMI. Para Blue Note ha grabado la crema y nata de los músicos de jazz del siglo veinte: Horace Silver, John Coltrane, Thelonious Monk, Jimmy Smith, Freddie Hubbard, Sonny Rollins, Lee Morgan, Art Blakey y Miles Davis entre muchos otros.

Art Blakey & the Jazz Messengers – Free for All (Free for All, Blue Note, 1964)

Un sello que se caracterizó desde sus inicios no sólo por la música sino por el cuidado diseño de las cubiertas de sus discos, reconocidas por los aficionados como uno de las mejores muestras de diseño gráfico y fotografía relacionada al jazz del siglo pasado. Como muestra un botón gracias a la web pixagogo.

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