Posts Tagged ‘Eddie Bo’

Alfredo Rodríguez: Cuba linda

4 marzo 2010

Alfredo Rodríguez, “pianista nada virtuoso, compositor y cantante. Pero sobre todo, un gran bohemio”. Así me lo presentaron, por correo electrónico. Me contaron que murió hace apenas cinco años en París, donde vivía desde hacía más de veinte. Rodríguez se había marchado de su Cuba natal en 1960 para ir a vivir a Nueva York y después instalarse en París a partir de 1983. No volvió a Cuba hasta el año 1996, invitado por el joven trompetista Jesús Alemany para tocar en su disco Cubanismo. En su breve regreso a Cuba, Rodríguez no perdió la oportunidad de utilizar los mismos estudios y músicos de las sesiones de Cubanismo para registrar un disco a su nombre: Cuba linda.

Empecé a escuchar a Alfredo Rodríguez con ese disco. No estaba acostumbrado a escuchar música cubana y,  haciendo bueno aquello de que además de mala música también hay malos oyentes, la asociación que se produjo en mi cabeza entre los arreglos de viento del primer tema del disco y las verbenas populares presagiaba lo peor, que no iba a poder disfrutar de aquel artefacto sonoro que me habían recomendado a causa de condicionantes que uno quisiera abolidos de su vida. Sin embargo, con el tema que da título al álbum y con el siguiente, Cuando vuelvo a tu lado, pude reconocer un sentimiento familiar.

La melancolía que rezuma la música popular cubana de Cuba linda, interpretada por Alfredo Rodríguez en la isla en que nació y tuvo que abandonar, no era distinta de la que había escuchado en la de músicos con los que estaba más familiarizado, todos ellos con raíces africanas. En particular recordé la interpretación que hizo Eddie Bo del clásico When the Saints Go marching In para el disco Our New Orleans: A Benefit Album for the Gulf Coast, que reunió a distintos músicos de la ciudad para recaudar fondos después de los desastres producidos por el huracán Katrina en 2005. Hay algo que conecta ambas músicas, la cubana y la de Nueva Orleans, algo relacionado con el mestizaje y viajes de ida y vuelta de África a las Antillas. El sentimiento de profundo amor por un trozo de tierra que se ha perdido, quizá para siempre, es el mismo.

En todo caso, el reconocimiento del lenguaje viene siempre después. Repetidas escuchas han confirmado que Alfredo Rodríguez fue un músico excepcional. Un músico cubano que se hizo profesional fuera de Cuba, después de abandonar la música durante años, cuando partió rumbo a Estados Unidos en los años sesenta a formarse como músico, antes de viajar definitivamente a Europa para encontrar libertad en su arte. Y fue en Europa donde Rodríguez alcanzó la madurez que demostró en Cuba linda junto a otros grandes de la música cubana como el mítico Tata Güines a las congas y músicos jóvenes como el propio Alemany o el hijo de otro insigne pianista cubano, Pedro Justiz Peruchín Jr. a la guitarra (quien ha declarado que le impresionaba tanto ver tocar el piano a su padre que nunca tuvo tentación de tocarlo). Presente y pasado de la música cubana reunidos en un disco muy especial, de los que uno califica de imprescindible y se queda tan pancho. En palabras del propio Alfredo:

El disco Cuba linda es otro proyecto musical con una serie de influencias africanas de tipo religioso, diferente al de Cubanismo. Ahí hay un encuentro con músicas autóctonas cubanas como, además de cierta música religiosa como canto de palo, una verdadera conga santiaguera. El disco tiene otro estilo. Ahí hice algo que no se había hecho: piano con comparsa santiaguera. Fue una cosa improvisada. Jane Bunnet creo, según noticias que me han llegado, hizo después la misma cosa, ponerle piano a una comparsa santiaguera. Ésa fue una innovación.

Alfredo Rodríguez – Cuba linda (Cuba linda, 1996)

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James Booker, el genuino sonido Nueva Orleans

20 junio 2009

jb

No soy aficionado a comentar lo que no me gusta, cuando lo hago suelo acabar criticando el trabajo de los demás. Yo que probablemente me estaba rascando mientras ellos realizaban la obra y, luego, venga a darles caña con esto y con aquello. Pero qué quieren que les diga sino mi sincera opinión de vez en cuando. Y aclaro, antes de entrar en materia y explicar este galimatías, que soy un enamorado confeso del sonido Nueva Orleans.

Se ha publicado recientemente un disco a nombre de uno de los clásicos de R&B de Nueva Orleans: Allen Toussaint, uno de aquellos que tenían que pasar por estas páginas, como ya hicieran Snooks Eaglin, Eddie Bo y otro más que se avecina. Por cierto, el disco se llama The Bright Mississippi, y deducen lenguas autorizadas que proviene de una fina labor de producción, a cargo Joe Henry (Spinal Tap, 1992), y no tanto de la inspiración individual del músico. Resulta que son todo parabienes para este disco, pero a mí me recuerda al que Wynton Marsalis grabó el año pasado con Willie Nelson, con esa producción tan aseada que desvirtúa el sentido original de la música. Lo que ofrecen es un placebo, una versión profiláctica de música que tiene su origen en tabernas y lupanares.

Alguien dijo que el disco era la tumba del jazz, pero que los músicos tienen derecho a vivir. Este disco suena estupendamente, a los músicos que participan ya los conocemos y son excelentes, te lo puedes poner el domingo por la mañana mientras desayunas; precisamente por ello produce la sensación de que lo hayan grabado recién levantados, con una taza de café humeante y un plato de galletas al lado. Comparándolo con otras obras del género, me quedo por ejemplo con el Junco Partner de James Booker (el de la foto), claro que todos diremos que este disco no tiene tanta “clase”.

Si he realizado esta digresión es porque me vengo percatando, muchos otros antes que yo lo han hecho, desconozco si con acierto, que en la vida en general, y en la música en particular, las personas prefieren moverse en torno a una zona confortable que no les prepara para lo inesperado y claro, por mucho que intenten mirar para otro lado, lo inesperado existe. Y perdón por el rollete existencialista, pero no sé cómo explicarlo de otro modo. The Bright Mississippi es un disco de una factura impecable, pero como pasa con buena parte de la producción del anatematizado Marsalis, y de ahí la comparación, al escucharlo me da la sensación de poder anticipar todas las notas, ninguna sorprende. Esto da una apariencia de seguridad que hoy día puede resultar imprescindible para vender discos, pero que a mí personalmente me toca las narices.

Por otro lado, Junco Partner es un gran disco, el mejor que he oído jamás de James Booker, y también uno de los paradigmas del sonido de Nueva Orleans del que tanto hablo. No esperéis acompañamiento más allá del piano, del que el tío sacaba ecos hasta de música clásica, desconozco si estos eran reminiscencias de sus primeras clases de música. Booker fue de los que hicieron sus pinitos de la mano de sus progenitores en la iglesia, pero mezclar con Chopin con el  blues de forma natural tiene su aquel. Sobre este disco uno puede hablar de mestizaje, en eso Nueva Orleans se las traía. Y el tío dominaba como nadie el estilo de su ciudad, esa mezcla tan infecciosa de blues, jazz, R&B, boogie-woogie… Lo mejor de este tipo de música es su exuberancia y alegría porque, como dice un amigo, son cuatro días.

James Booker – Black Minute Waltz (1976, Junco Partner)

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Eddie Bo: Nacido en Nueva Orleans

7 abril 2009

Tiene la muerte algo de cotidiano que no deja de indignar cuando atañe a alguien apreciable. Lo leímos el otro día en el diario como si tal cosa: ha muerto Eddie Bo, veterano pianista de la escena R&B de Nueva Orleans. Ciudad de rica tradición musical, cuna del jazz, nunca había faltado la música en las calles de esa ciudad, tanto en sus funerales como en su famoso carnaval y, sobretodo, en sus honky tonks y barrelhouses, antros de mal aspecto y peor reputación donde el instrumento estrella siempre fue el piano. Hasta que el ciclón tropical que bautizaron como Katrina la inundó de agua y fango en 2005, forzando a la mayor parte de su población al exilio. Eddie Bo fue uno de los primeros en regresar y comenzar la dura tarea de la reconstrucción, con sus propias manos. Había aprendido de joven albañilería, y estudiado piano y composición en la Grunewald School of Music de Nueva Orleans. Continuaba siendo un completo desconocido para el gran público, sin embargo, desde su debut discográfico en 1955, pasaba por haber editado más discos sencillos que ningún otro músico de Nueva Orleans salvo Fats Domino. Albañil de día, pianista de noche, aun tocaba en un garito de Nueva Orleans cuando falleció el pasado 18 de marzo de un ataque al corazón.

Nacido Edwin Joseph Bocage el 20 de septiembre de 1930, sus primeros pasos se encaminaron hacia la ferviente escena jazz de su ciudad, pero pronto cambiaría su repertorio por el más accesible y popular del R&B. Y si hay algo en el R&B de Nueva Orleans que contagia de ambiente festivo hasta el más sombrío de los textos, Eddie Bo dio buena cuenta de ello tanto en sus producciones para otros músicos como en sus propias composiciones y grabaciones. Sencillos tan contagiosos como Check Mr. Popeye de 1961, su mayor éxito de ventas, aunque atenuadas por las versiones de Chubby Checker y Huey ‘Piano’ Smith, o I’m Wise de 1962, éxito local que de nuevo otro artista, en este caso Little Richard, se encargaría de transformar en éxito nacional bajo el título Slippin’ and slidin’, son ejemplos de la exuberancia de un género musical que cayó en declive durante los sesenta en favor de los ritmos más crudos de la música funk. Eddie Bo adaptó su estilo a la nueva corriente sin mayor dificultad, consiguiendo cierto éxito en 1969 con Hook and Sling, Pts. 1 & 2. Entrados los setenta, Bo seguría grabando y actuando de forma esporádica, siempre con Nueva Orleans como base.

Como puede leerse en su página web, el pasado 1 de abril sus familiares, amigos y seguidores organizaron un acto conmemorativo en su honor. No se celebró funeral ninguno, por deseo expreso del propio Eddie Bo, en su lugar lo que se celebró fue su paso por este mundo con comida, bebida y buena música en un acto público a modo de despedida. A buen seguro se interpretó el When the Saints Go Marchin’ In.

Eddie Bo – When the Saints Go Marchin’ In (Our New Orleans: A Benefit Album for the Gulf Coast, 2005)

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