Posts Tagged ‘Freddie Hubbard’

Billy Collins: Un poema

13 enero 2011

Pico un poco de perejil mientras escucho la versión de Three Blind Mice* de Art Blakey

Y me pregunto como habrán llegado a quedarse ciegos.
Si fuera congénito podrían ser hermanos y hermana,
e imagino a la pobre madre
cuidando de sus pequeños trillizos invidentes.

¿O fue en algún accidente casero, los tres dañados
por alguna explosión abrasadora, o por algún petardo?
Si no,
si cada uno se quedó ciego por separado,

¿cómo se las arreglaron para encontrarse?
Si ya es difícil para un ratón ciego
dar con algún compañero vidente
¿no lo es más aun dar con dos también ciegos?

¿Y cómo, en su oscuridad diminuta,
podrían huir de la esposa del granjero,
o de la esposa de cualquier otro si se diera el caso?
Y no hace falta decir por qué.

Simplemente porque les podría cortar las colas
con un cuchillo de trinchar, responde el cínico,
pero la imagen de esos ratones sin ojos
y ahora sin colas que arrastrar a través de la hierba húmeda

o poder deslizar sobre la esquina del rodapié
tiene al cínico que holgazanea en mi interior
subido el sofá y asomado a la ventana
intentando ocultar la creciente ternura que le embarga.

A éstas alturas ya me dispongo a trocear una cebolla
lo cual podría explicar el húmedo escozor
que siento en mis ojos, aunque la melancólica trompeta
de Freddie Hubbard en ‘Blue Moon’,

que resulta ser el siguiente corte,
no es probable que vaya a mejorar demasiado las cosas.

Art Blakey & The Jazz Messengers – Three Blind Mice (Three Blind Mice Vol.1, 1962)

Art Blakey & The Jazz Messengers – Blue Moon (Three Blind Mice Vol.1, 1962)

*Tres Ratones Ciegos

A la torpe traducción del inglés:

wagnerian

Andrew Cyrille: Un batería moderno consumado

10 agosto 2010

Espero que semejante título signifique algo para usted, que lee estas líneas inspiradas por cierto deseo contenido durante largas y satisfactorias escuchas de un artefacto sonoro que tuvo antaño (sic) la consideración de disco de vinilo. Sepa que tan rimbombante descripción (“un batería moderno consumado”), que The New York Times publicó un día en sus páginas, puede acompañarse de otra de la Penguin Guide to Jazz: “Un gran batería, un buen compositor y un estupendo líder; si te lo pierdes es por tu cuenta y riesgo”. Como para hacerse el despistado.

Y resulta que Andrew Charles Cyrille (Brooklyn, NYC, 1939) estudió de mozuelo los rudimentos de la batería con el ya clásico Philly Joe Jones, después pasó la primera mitad de los años sesenta completando estudios musicales primero en la Juilliard y posteriormente en la Hartnett School of Music. Al mismo tiempo, empezó a tocar con diversos músicos de jazz, desde Illinois Jacquet y Coleman Hawkins hasta Kenny Dorham, Freddie Hubbard y Rahsaan Roland Kirk, entre otros; también tocó con el batería nigeriano Babtunde Olatunji y trabajó en un espectáculo con bailarinas, es decir, Cyrille se convirtió en un batería versátil, capaz de acompañar a cualquiera. En 1964 instauró la que sería una sociedad de once años con el controvertido pianista Cecil Taylor, que le valió reconocimiento suficiente como para establecerse a la vanguardia de los baterías de jazz. Fue entonces cuando The New York Times y “un batería moderno consumado”, a la espera de que los lectores lo descifraran.

Porque hay que empezar por algún sitio, cualquier disco de Cyrille puede ser el principio. Mi experiencia comenzó con Ode to the Living Tree (1997), y puede ser cierto que escuchar una versión de cerca de veinte minutos del A Love Supreme (Acknowledgement and Resolution) de John Coltrane en el segundo lugar de la lista de temas resulte, según el momento, algo exigente, pero Ode to the Living Tree (que contiene también versión de Mr. P.C.) parece un disco sobresaliente a la luz de esta vela.

Como la historia de la gestación del mismo. En diciembre de 1994, cuando realizó su primer viaje a África, Andrew Cyrille tenía 55 años; viajó a Ghana para tocar en un festival, después se dirigió a Senegal, donde grabó el disco en un estudio de Dakar. Según Cyrille, fue el primero de jazz grabado en Senegal, y ciertos espíritus se dieron cita durante las sesiones. Hay dos temas interpretados en solitario por Cyrille (o en colaboración con un percusionista local), Coast to Coast, que abre el disco planteando el escenario como si de un viaje de costa a costa se tratara, y Water, Water, Water, que concluye como todo viaje, aun de vuelta, en otra parte distinta de donde uno partió.

Andrew Cyrille – Water, Water, Water (Ode to the Living Tree, 1995)

Andrew Cyrille – Dakar Darkness (Ode to the Living Tree, 1995)

Andrew Cyrille – batería
David Murray – saxo tenor
Oliver Lake – saxo alto
Adegoke Steve Colson – piano eléctrico
Fred Hopkins – contrabajo
Mor Thiam – percusión

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El diseño gráfico del jazz

10 agosto 2009

hub-tones

Blue Note, uno de los sellos discográficos más importantes de la historia del jazz, nacido en 1939 gracias al empeño de Alfred Lion y Francis Wolff, y que actualmente pertenece al grupo EMI. Para Blue Note ha grabado la crema y nata de los músicos de jazz del siglo veinte: Horace Silver, John Coltrane, Thelonious Monk, Jimmy Smith, Freddie Hubbard, Sonny Rollins, Lee Morgan, Art Blakey y Miles Davis entre muchos otros.

Art Blakey & the Jazz Messengers – Free for All (Free for All, Blue Note, 1964)

Un sello que se caracterizó desde sus inicios no sólo por la música sino por el cuidado diseño de las cubiertas de sus discos, reconocidas por los aficionados como uno de las mejores muestras de diseño gráfico y fotografía relacionada al jazz del siglo pasado. Como muestra un botón gracias a la web pixagogo.

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Descubriendo a Dave Douglas

3 abril 2009

Tres escuchas y ya siento deseos de dar a conocer lo conseguido en el disco A Thousand Evenings de Dave Douglas, editado en el año 2000. Sólo tres escuchas para una breve reseña a vuela pluma; por supuesto aquí prima el valor cualitativo y no el cuantitativo, esto es música, expresión humana. El logro no era nuevo, baste comentar la existencia de un disco anterior, de título Charms of the Night Sky (1998), grabado por la misma formación, a saber: Dave Douglas a la trompeta, Guy Klucevsek al acordeón, Mark Feldman al violín y Greg Cohen al contrabajo. Grandes músicos, relacionados en algún momento de su carrera con John Zorn, con un dominio notable de la armonía y la técnica, capaces de convertir el eclecticismo en género.

Con las primeras notas de su trompeta, Dave Douglas me hace verter otro lagrimón por Booker Little, como Freddie Hubbard con su lamento grabado hace ya más de cuarenta años. Queda claro, el tiempo es una abstracción, y la distancia entre culturas se difumina con el talento de cuatro músicos que interpretan esta maravillosa música de cámara. Apunta a música jazz como género, pero lo que el disco contiene es en realidad una extraña mezcla entre jazz, música clásica, tango y música tradicional de la Europa del este. Cuatro dimensiones del espacio-tiempo para, como su título propone, mil atardeceres.

Dave Douglas – A Thousand Evenings (A Thousand Evenings, 2000)

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