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Javier Krahe: ¡Ay Democracia! (Entrevista)

17 septiembre 2012

Acaso el cantautor Javier Krahe (Madrid, 30 de marzo de 1944) se haya convertido en autor de eslóganes sin proponérselo. Aunque  ha declarado, y cantado, en más de una ocasión que no le inspiran las gracias de la clase dirigente, la canción ¡Ay Democracia! de su disco Toser y cantar (18 Chulos, 2010) ha sido utilizada tanto para ilustrar la jornada electoral en el blog del periodista Ignacio Escolar, como para inspirar pancartas mostradas durante las manifestaciones del 15-M; que lo han visto estos ojitos.

Volvimos a charlar con él cuando se acercó a Sevilla a finales del pasado mes de enero para actuar en la sala Malandar; un día después actuaría en la Palo Palo de Marinaleda, donde también estuvimos. Si la primera entrevista que nos concedió nacía de la curiosidad que me despertaba un tipo de familia bien que cantaba sus canciones por garitos, esta segunda tenía que ver con algo que no acababa de concretarse en mi cabeza cuando ya podía ver a Javier encaminarse hacia mí, con una clave se sol en la solapa y unos clavos en la cadera, renqueante a causa de un accidente doméstico que lo había tenido en silla de ruedas durante la grabación del disco. Nos sentamos donde siempre para pedir cosas distintas.

Música de fondo: El primer verso de ¡Ay Democracia! (Me gustas Democracia porque estás como ausente/Con tu disfraz parlamentario) está inspirado en una conocida poesía.

Javier Krahe: Sí, de Pablo Neruda: “Me gusta cuando callas porque estás como ausente” (del libro Veinte poemas de amor y una canción desesperada, 1959).

Mdf: En la portada, la palabra ‘democracia’ está escrita con mayúsculas.

JK: Ya, porque la trato como si fuera una mujer.

Mdf: ¿Y qué te ha llevado a escribir de nuevo sobre estas gracias? Habías dicho que no volverías a hacerlo sobre política. ¿Estás cabreado?

JK: Sí. Como tantos, me considero estafado. De todas formas, más que yo mismo, creo que en la canción estoy expresando un sentimiento común a bastante gente. En principio yo me propuse hacer una canción sobre la democracia en donde explorara qué tipo de democracia me gustaría que no estuviera ahí.

Mdf: ¿Cuándo empiezas a escribirla?

JK:  Bueno, el primer verso… (Risas) El primer verso de la canción hará seis años y no avanzaba. Hice lo que es la primera estrofa hará más de dos años (Me gustas, Democracia, porque estás como ausente/con tu disfraz parlamentario/con tus listas cerradas, tu Rey, tan prominente/por no decir extraordinario/tus escaños marcados a ocultas de la gente/a la luz del lingote y del rosario). Así que hará unos seis años tenía el primer verso y me propuse sacar una canción de ahí.

Mdf: ¿Este lento proceso se debe a la pereza?

JK: Me dejo llevar por mis estados de ánimo. No tenía mucho empeño en terminarla porque la consideraba fallida.

Mdf: ¿Por qué?

JK: Pues porque no iba a explorar lo que yo quería explorar. Me metí a ello, lo que pasa es que no me salía, se convertía en una canción complicadísima. Esta fue una escritura muy lenta, que avanzaba a trompicones. De pronto me venía algo, lo apuntaba y luego, cuando tenía ya bastante, pensé que valía la pena que la terminara porque era lo que está rondando en la cabeza de mucha gente. Y así tengo una canción más para el repertorio.

Mdf: Creo que buena parte de tus seguidores desearía un disco completo con este tipo de canciones.

JK: Pues no creo que se lo vaya a dar, no me pega nada.

Mdf: Sin embargo tú te lo puedes permitir mientras otros no pueden.

JK: Yo me puedo permitir lo que quiera, porque decidí hace mucho que iba a ser así.

Javier Krahe – ¡Ay Democracia!  (Toser y cantar, 2010)

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Javier López de Guereña: Nada del quinto Beatle

9 febrero 2011

274552726_200Javier López de Guereña tiene un currículum que da gusto repasar: Nació en Bilbao, el 17 de agosto de 1957, y se licenció en Ciencias Biológicas por la Universidad de Navarra  en 1979; en su día fue crítico de jazz para El País, de lo que hoy no se enorgullece, “aquellos eran otros tiempos”, me dice y se acuerda de sus amigos -por ejemplo de Chema García Martínez-, “que lo hacen mucho mejor que yo”. Hoy vive en Madrid y ejerce como compositor, productor discográfico y guitarrista; esto último acompañando en exclusiva al cantautor Javier Krahe desde 1984. “Como guitarrista no me considero pertinente para nadie más. Incluso en los discos que grabo con Krahe, traigo a alguien que toque bien la guitarra. Como productor, prescindo de mí mismo siempre que puedo”.

Con Javier Krahe le une una relación de amistad más allá de la profesional, cosa rara en el negocio, habiendo producido todos sus discos desde Elígeme (1988). Él fue el responsable de la antología homenaje a Krahe …Y todo es vanidad (18 Chulos, 2004), en la que participaron cantantes de los estilos más diversos, desde Alejandro Sanz a Joaquín Sabina, también pintores y literatos (Forges, Máximo, Peridis, Manuel Vicent…). Le enorgullece haber trabajado en su grabación con Javier Ruibal (para quien además ha producido Lo que me dice tu boca, 2008), Enrique Morente, Pasión Vega o Rosendo.“Para Rosendo preparé unos arreglos del tema Y todo es vanidad que él se negaba a cantar. Yo quería que fuera él quien lo cantara porque ése era el tema principal del disco, a otros les dejé elegir pero a Rosendo le pedí que fuera ése; como Krahe está siempre con que si la vanidad esto y aquello, pues toma. Pero Rosendo no quería grabar los arreglos que yo le había escrito, quería hacer una versión con su banda; al final tuve que recurrir a un amigo común para conseguirlo. Cuando escuchó el resultado final no se lo creía, había descubierto que sabía cantar”.

Guereña trabaja ahora en la producción de un nuevo disco de Javier Ruibal, con la orquesta de Córdoba, “pero de la producción musical no se come, se hace por pura amistad. Realizar una buena producción requiere mucho tiempo y ya no se venden discos, ahora se descargan”. ¿Y de la composición? “Depende de las temporadas, se vive pero como titiriteros. Por ejemplo ahora tengo trabajo, pero el año pasado me estuve chupando el dedo, y no es una queja. Desde luego de prestigio no se come”. Entre sus muchos trabajos “para la imagen”, ha compuesto la música para películas de Fernando Colomo (Miss Caribe, 1987) -que confieso no haber visto (“ni lo hagas”)-, documentales dirigidos por Pedro Arjona, “con el que colaboro a menudo”, (Luchadores: 50 años de CC.OO., Corazones de hielo, 2007), Marco Besas (Barreiros, motor humano, 2007), o para la televisión (por ejemplo, desde septiembre de 1996 hasta septiembre 2004 compuso la música para los informativos de la primera cadena de TVE o en el 1994 la de los Goya); también varios conciertos y danzas… “Yo escucho mucha música occidental, a Varèse, a Ravel… Pero no soy un erudito; oigo muchas cosas y luego se me olvida quién lo ha hecho”. ¿Qué compositores de cine contemporáneos te interesan? “Contemporáneos me gustan Patrick Doyle, James Newton Howard o ese otro… el de Superman. John Williams. “Ése”.

Le pregunto si se considera una especie de George Martin, el productor de los Beatles, por aquello de producir los discos de Krahe y que luego le pidan la entrada en la puerta de los garitos en los que toca con él (“Yo he hecho cola en una entrada tratando de explicar al de turno que estaba involucrado en el evento y citado por el organizador, con toda la credibilidad que confiere la verdad, y me la pasé en la calle, paciente, hasta que apareció, tranquilo, el susodicho”); los dos habíamos leído la charla digital concedida al diario Público en la que Krahe, interrogado sobre el disco del que se sentía más orgulloso, contestaba con un lacónico: “El disco blanco de los Beatles”. Guereña tiene claro que nada de George Martin, “además mató a su mujer, así que mucho menos” (fue Phil Spector, el lapsus que tiene cualquiera). Otra cosa es que señale que los Beatles lograron cosas que cincuenta años después todavía se copian. “Es curioso, porque la respuesta de Krahe parece una broma, pero lo cierto es que el disco blanco de los Beatles fue importante para nosotros. A mí me pilló más pequeño, pero te puedo decir que empecé a tocar la guitarra por ese disco”. Por ejemplo, en el nuevo disco de Krahe, Toser y cantar (18 Chulos, 2010) sorprende el tratamiento que recibe La vil televisión, que tiene un formato pop inaudito en su repertorio. “Eso fue idea de Krahe, que tuviera esa forma; como una de Sabina”. Pues da el pego. “Si ya te digo que lo de los Beatles está muy bien, pero es que si a estas alturas no sabemos hacer pop…”. Apaga y vámonos.

Javier López de Guereña – El refugio del mal (tema principal) (El refugio del mal, 2002)

www.lopezdeguerena.com

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Javier Krahe: ¡Ay, Democracia!

9 enero 2011

Me gustas, Democracia, porque estás como ausente
con tu disfraz parlamentario,
con tus listas cerradas, tu Rey, tan prominente,
por no decir extraordinario,
tus escaños marcados a ocultas de la gente,
a la luz del lingote y del rosario.

Me gustas, ya te digo, pero a veces querría
tenerte algo más presente
y tocarte, palparte y echarte fantasía,
te toco poco últimamente.
Pero, en fin, ahí estás, mucho peor sería
que te esfumaras como antiguamente.

Los sesos rebozados de delfín
que Franco se zampaba en el Azor
nos muestran hasta qué grado era ruin
el frígido y cristiano dictador.

Fue un tiempo de pololos, tinieblas y torturas…
volvamos al aquí y ahora
donde tú, Democracia, ya sé que me procuras
alguna ley conciliadora,
pero caes a menudo en sucias imposturas,
fealdades que el buen gusto deplora.

Como el marco legal siempre le queda chico,
y a eso el rico es muy sensible,
si tirando, aflojando, empleando un tiempo y pico,
se hace un embudo más flexible,
que tú apañes la ley a medida del rico
al fin y al cabo es muy comprensible.

¿Pero qué hay del que tiene poca voz,
privado de ejercer tantos derechos,
porqué al nudista pones albornoz,
qué hay de los raros, qué hay de los maltrechos?

Y tus representantes selectos, Democracia,
tus güelfos y tus gibelinos,
cada día que pasa me hacen menos gracia,
sus chistes son para pollinos.
A enmendar tus carencias te veo muy reacia
y están mis sentimientos muy cansinos

y como ya me aburre decir continuamente
“eso no estaba en el programa”
no cuentes con que vaya hacia ti cuatrianualmente,
no compartamos más la cama,
vamos a separarnos civilizadamente.
Y sigue tú viviendo de tu fama.

Cuando veas mi imagen taciturna
por las cívicas sendas de la vida
verás que no me acercan a tu urna.
No alarguemos ya más la despedida.

Javier Krahe – ¡Ay, Democracia! (Toser y cantar, 2010)

www.18chulos.com

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Javier Krahe: Otra entrevista

7 junio 2010

krahe

Me senté con Javier Krahe en la mesa de un bar, horas antes de su concierto en la Sala Malandar de Sevilla. Tuvimos una charla de una media hora, justo antes de la prueba de sonido. Él pidió café y yo una cerveza. Planteado el escenario, mi primera pregunta nació, como todas las que le hice y él amablemente contestó, de la candorosa curiosidad que despierta en mí una persona nacida en una familia acomodada que ha acabado cantando en garitos. Inicié la cuestión partiendo de sus años de escolar en el Colegio del Pilar de Madrid, Javier me interrumpió nada más nombrar la institución. “Nueve años”, dijo, y sonó como una condena.

PREGUNTA. ¿Y de allí pasaste a alguna facultad?

RESPUESTA. No, de allí me voy porque no me dejaban repetir sexto, que tenía que repetirlo (Risas). Y entonces hago sexto y pre-universitario en otro lado, en una academia, y de allí paso a la Facultad de Económicas y hago un año, el primero, y ya está, y me largué.

P. No conozco el Colegio del Pilar, pero me hago la idea, por la gente que ha pasado por allí, que sería de pago, católico… ¿Qué es lo que hace que Javier Krahe cambie de rumbo?

R. Yo creo que los impulsos eróticos (Risas). Es lo que veo como explicación más clara.

P. Pero con dinero también se liga.

R. Pues no sé, seguramente… Se liga… por arriba y por abajo (Risas). Yo no veía ningún horizonte en el modelo de vida heredado, aparte de ser muy mal estudiante. En realidad yo no me cuestionaba casi nada, realmente me coincide casi todo justo al hacer la mili, ya con veintiún años, donde decido que yo no puedo vivir con el modelo de vida que me han dado. En la mili, sentí un desprecio enorme por lo que era el ejército; me hice ateo de pronto, además en misa, que era obligado ir.

P. ¿Hasta entonces habías sido creyente?

R. Creyente sí, otra cosa es que no iba a comulgar, pero yo sí creía, y de pronto me di cuenta de que aquello no cuadraba por ningún lado.

P. ¿Qué te sucede en la mili?

R. ¿Qué te voy a decir? Lo que no era gris era pardo. Es que no apetecía nada de nada. Y entonces cuando acabé me dediqué a escaquearme, porque mis padres creían que yo seguía en la Facultad de Económicas. Cuando descubrieron mis chanchullos, me dijeron: “Oye, o trabajas o…”, entonces me puse a trabajar. Trabajé tres años en una agencia de publicidad y me marché a Canadá, estuve tres años allí; regresé, y volví a la agencia de publicidad, y estuve nueve años.

P. ¿Ya estabas escribiendo canciones?

R. En Canadá escribo varias canciones que tengo grabadas.

P. Siempre se nombra a Georges Brassens como tu gran (y obvia) influencia, pero habrá otras, por ejemplo, allí escucharías a Leonard Cohen.

R. En Canadá escuché bastante a Leonard Cohen, pero no me ocurrió con Cohen lo que me ocurrió con Brassens.

P. ¿Sabías francés cuando llegaste a Canadá?

R. No, algo del colegio, pero no lo hablaba.

P. Porque en Canadá estuviste en el francófono, ¿verdad?

R. Sí, estuve en el francófono, es allí donde lo aprendo.

P. ¿Es entonces cuando conoces a Brassens en profundidad?

R. En España había oído algunas canciones suyas, tres o cuatro. Mis hermanas decían que había un señor en Francia que decía muchos tacos, pero no lo entendíamos. Por ejemplo, en una canción que dice “cuando la muerte vino a golpear mi puerta”, como golpear es “cogner” (pronunciado sería algo así como coñé), pues yo pensaba que decía eso. Yo no entendía nada de nada de lo que decía, yo oía una musiquilla agradable y ya está. En Canadá aprendí realmente a toda velocidad, y cuando llevaba allí tres meses lo entendía todo, entonces me puse un disco de Brassens que había en casa de mis suegros y quedé fascinado, diciendo “pero bueno, qué cosas dice este hombre”. Desde luego para mí fue un zambombazo. Y me di cuenta de que dos canciones que yo había escrito eran totalmente ‘brassensianas’. Bueno, ojalá lo hubieran sido del todo (Risas).

P. ¿Las has grabado?

R. No, ésas no. Entonces me compré discos de Brassens, que estaba en activo y sacaba discos y esas cosas; recuerdo que los escuchaba en un tocadiscos de cartón, el más barato que encontré, porque yo no tenía dinero, era de cartón y se oía. Y todos los días pasaba dos horas escuchando a Brassens, todos los días. Y entonces, como yo había empezado a escribir canciones, decidí dejarlo porque, claro, pienso que ese hombre ha hecho todo lo que yo me pueda imaginar.

P. ¿Te intimida?

R. Me intimida totalmente, pero la intimidación no debió durar demasiado (Risas).

P. ¿Estudiaste la estructura de sus canciones?

R. Las estudié muy a fondo, sí.

P. ¿Cuándo empezaste a dar a conocer tus canciones?

R. Se las enviaba todas a mi hermano (Jorge Krahe) y él las cantaba, alguna se hizo bastante conocida por ahí. Mi hermano era ocho años menor que yo, tocaba muy bien la guitarra y cantaba muy bien. Pero él cantaba, por ejemplo, cosas de Dylan, bueno, afortunadamente cosas bastante variadas, y yo le pregunté si quería poner música a alguna letra que yo le diera, y me dijo que sí. Y así empecé.

P. ¿Te planteabas la posibilidad de ganar dinero con tus canciones o buscabas otro tipo de beneficio?

R. No, no… Bueno, vagamente sí. Me enteré que había gente que escribía letras de canciones, es decir, recibían derechos de autor, y me dije: “Oye, pues si un día…” Sé que eso me pasó por la cabeza, pero desde luego no era el motivo. El motivo era divertirme, es que yo tenía mucho tiempo libre en Canadá, porque de los tres años que estoy allí trabajo cinco meses y luego, a lo mejor, trabajaba algún día suelto.

P. En el documental Esta no es la vida privada de Javier Krahe (2006, Ana Murugarren, Joaquín Trincado) cuentas que te echaron de una librería por leer.

R. Sí. Entonces tenía mucho tiempo libre y me divertía pensando historias. Escribía a Jorge, le mandaba una carta con una letra a ver qué le parecía. Escribí veinticinco canciones con Jorge, de las cuales yo he grabado ocho (Don Andrés Octogenario, Hoy por hoy, Me internarán, Nos ocupamos del mar, Once años antes, Raúl, Tiralevitas y Un trivial comentario).

P. Tengo especial preferencia por la de Buñuel (Once años antes), con todas sus referencias cinéfilas.

R. Es que yo en aquel tiempo era cinéfilo.

P. Incluso llegaste a rodar algún cortometraje.

R. Sí, pero eso ya posteriormente, con treinta y algo. Era muy cinéfilo, me veía todo lo que se estrenaba en Madrid y más, porque me iba a la Filmoteca, me iba a la Casa Italiana, me iba la Casa Francesa. En ese plan podía ver mucho cine.

P. ¿Películas que no se exhibían en las salas?

R. Sí, recuerdo La batalla de Argel (La battaglia di Algeri, 1965, Gillo Pontecorvo), por ejemplo, que estaba prohibida en Francia y que yo vi en Madrid. Les di un corte a la gente de Francia cuando me dijeron que en España estaba todo prohibido, les dije que en Francia también prohibían cosas, ellos decían que no prohibían nada, entonces les pregunté si habían visto La batalla de Argel, contestaron que no y yo dije: “Pues mira, yo sí” (Risas). Claro que la tuve que ver en el Instituto Italiano, de complicado que era verla. Y ponían otras que no se estrenaban, pues a lo mejor porque no iban a ser comerciales, como alguna película de Buñuel. Y lo mismo en la Casa Francesa, que no se llamaba Casa, se llamaba ni sé cómo, era un centro cultural francés, allí todos los años había un ciclo. Yendo a la filmoteca se veían un montón de cosas. Yo me vi ocho de Mizoguchi seguidas, y sin subtítulos (Risas). Una de ellas con subtítulos en inglés, que no tenía yo ni idea o sea que lo mismo me daba.

P. Supongo que sólo con la fotografía ya disfrutabas.

R. Yo es que me iba a verlo todo. Ya no lo hago.

P. ¿De qué años hablamos?

R. Hablo de mis dieciocho a mis… treinta o así. En Montreal iba muchísimo al cine, tacadas de cuatro películas en un día. Y procuraba aprenderlo todo, hasta quién era el cámara. Es curioso porque cuando hoy voy al cine a ver una película no me fijo ni en quién la dirige ni en nada. Ya no siento aquello. A ver, disfruto mucho viendo cine, pero es distinto a lo que era antes.

P. ¿Qué había en aquellas películas como para que quisieras aprenderlo todo de ellas?

R. Pues que el cine era el espectáculo que más disfrutaba.

P. He escuchado a personas de tu generación decir que lo que les gustaba del cine que veían durante el Franquismo era que les permitía contemplar una forma de vida distinta que les encandilaba.

R. Y no sólo eso. Lo del cine también lo atribuyo a los impulsos eróticos. El cine es mucho más erótico que cualquier otro arte, la mayoría de las películas tienen un aspecto erótico. Recuerdo que tenía el libro de Ado Kyrou, todavía lo tengo, Amor, erotismo y cine, en donde eso queda muy claro, porque él escribe una historia del cine desde el punto de vista del erotismo y cuadra todo más o menos con cualquier historia del cine realizada bajo otro enfoque, siempre que la primera sea en serio. Porque Kyrou se lo toma muy serio, además era un escritor muy divertido porque era un radical total. O sea, él decía “la mejor película de la historia del cine es tal”, hala.

P. ¿Y cuál decía que era?

R. La edad de oro (1930) de Buñuel. Luego Ado Kyrou, lastimosamente, dirigió una película y qué mal la hizo (Risas). Y eso que era El monje (1972), con guión de Buñuel, del que se hizo amigo, claro, diciendo que la mejor película era La edad de oro y la segunda otra de Buñuel.

P. Me fijo en cómo has llevado tu carrera, tan distinta a la de otros cantantes y músicos, y me pregunto cómo has llegado a escapar de lo que podríamos llamar el modelo mayoritario de explotación de la industria discográfica. Porque tú empezaste firmando con una multinacional, CBS.

R. Sí, a la primera. Pues teniendo yo treinta y cinco años cuando empiezo y, como todos los de la CBS eran de veintitantos, pues a mí no me decían lo que decían a otros. Porque hace años conocí a mucha gente del mundo de la música, no sólo cantautores sino del mundo de la música en general, y era lastimoso porque eran todos de veinte años y les decía la discográfica que tenían que pintarse de colorado y se pintaban de colorado. A mí no me decían nada; no sé, me verían ya como un señor.

P. ¿Cómo acaba tu relación con CBS?

R. Bueno, hice Valle de lágrimas (1980), luego se graba La Mandrágora (1981), y después hago Aparejo de fortuna (1984). Con La Mandrágora ya me echaron. El disco iba muy bien, pero consiguieron una actuación en la gala televisiva de nochevieja, para que fuéramos nosotros (junto a Joaquín Sabina y Alberto Pérez), y yo dije que no, que nos acabábamos de separar. Me pidieron que nos juntáramos para esa noche y yo dije que no, que cuando una cosa se separa se separa. Y entonces me echaron de CBS. Pero al año cambia un directivo y éste me pregunta qué había pasado conmigo, porque en realidad los dos discos habían ido bien, yo se lo explico y entonces me ofrece grabar otro disco, y grabo Aparejo de fortuna, y ocurre que me llaman al cabo de poco porque han conseguido que actúe en Un, dos, tres, yo me negué y entonces me echaron otra vez. Y pasaron tres años o así, hasta que entra otro nuevo que me ofrece grabar un disco (Risas) y les hago Corral de cuernos (1985), y allí metí una canción, que era El hombre y el oso y el madroño, y ellos me quitaron el final de la canción.

P. Porque contenía una referencia al consumo de cannabis (Tú pásame la china, que vamos a fumar aquí en la capital) a ritmo de La Verbena de la Paloma.

R. Sí, diciéndome mentiras y sin tener razón. Me hablaron de que no podía hacerlo porque la canción tenía la música de La Verbena de la Paloma, que no podía ser porque los herederos de Tomás Bretón, que había dos que eran sobrinos-nietos o yo que sé, se iban a ofender, que si la memoria de su abuelo, que si eso de “pásame la china” era una vergüenza…

De repente sonó el móvil de Javier, le reclamaban para la prueba de sonido. Me invitó a que le acompañara hasta la sala y por el camino continuó contándome sus desventuras con la industria musical, cómo consiguió llevarse los másters del disco en directo Elígeme, que él ofreció después a una independiente para su publicación. Cuando llegamos a la puerta de la Malandar, con una sonrisa se despidió diciéndome “apáñate como puedas con lo que tienes”. Y eso hago, anotando hasta la despedida.

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Sobre el concierto: Javier Krahe: Live in Sevilla

La alargada sombra del anacronismo

20 mayo 2010

Mil años tardó en morirse,
pero por fin la palmó.
Los muertos del cementerio
están de Fiesta Mayor.
Seguro que está en el Cielo
a la derecha de Dios.
Adivina, adivinanza,
escuchen con atención.

A su entierro de paisano
asistió Napoleón, Torquemada,
y el caballo del noble Cid Campeador;
Marcelino de cabeza
marcándole a Rusia un gol,
el coño de la Bernarda,
y un dentista de León;
y Celia Gámez, Manolete,
San Isidro Labrador,
y el soldado desconocido
a quien nadir conoció;
Santa Teresa iba dando
su brazo incorrupto a Don
Pelayo que no podía
resistir el mal olor.

Y el marqués que ustedes saben
iba muy elegantón,
con uniforme de gala
de la Santa Inquisición.
Bernabeu encendía puros
con billetes de millón,
y el niño Jesús de Praga
de primera comunión.
Mil quinientas doce monjas
pidiendo con devoción
al Papa santo de Roma
pronta canonización.
Y un pantano inagurado
de los del plan Badajoz.
Y el Ku-Klus-Klan que no vino
pero mandó una adhesión.

y Rita la cantaora,
y don Cristóbal Colón,
y una teta disecada
de Agustina de Aragón.
La tuna compostelana
cerraba la procesión
cantando a diez voces
‘Clavelitos de mi corazón’.
San José María Pemán
unos versos recitó,
servía Perico Chicote
copas de vino español.
Nunca enterrador alguno
conoció tan alto honor,
dar sepultura a quien era
sepulturero mayor.

Ese día en el infierno
hubo gran agitación,
muertos de asco y fusilados
bailaban de sol a sol.
Siete días con siete noches
duró la celebración,
en leguas a la redonda
el champán se terminó.
Combatientes de Brunete,
braceros de Castellón,
los del exilio de fuera
y los del exilio interior
celebraban la victoria
que la historia les robó.
Más que alegría, la suya
era desesperación.

Como ya habrá adivinado,
la señora y el señor,
los apellidos del muerto
a quien me refiero yo,
pues colorín colorado,
igualito que empezó,
adivina, adivinanza,
se termina mi canción,
se termina mi canción.

Joaquín Sabina – Adivina, adivinanza (La Mandrágora, 1981)

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