Posts Tagged ‘Jimmy Dawkins’

Lurrie Bell: Hacer blues por hacer

26 mayo 2014

Lurrie Bell

Lurrie Bell deambula por Chicago. Ha heredado el blues como otros heredan un piso en las afueras, sólo que él sin necesidad de notario y testamento. Efectivamente, su padre, Carey Bell, fue un virtuoso de la armónica que llegó incluso a formar parte de la banda del genial Muddy Waters.

Es fácil tropezarse con Lurrie Bell en los clubs de blues de la avenida Halsted. Mejor dicho, es matemático tropezarse con él. La escena se repite noche tras noche en el Kingston Mines o en el B.L.U.E.S: un negro entrado en años, dando paseos casi frenéticos de punta a cabo del garito unas veces, semidormido sobre la barra otras. Siempre solo. Siempre portando una mirada delatora de ese extravío tan propio de quien ha visto todo y no vende nada, de quien hace música por hacer música. A su vez, los parroquianos del Kingston o del B.L.U.E.S., miran a Lurrie con esa mezcla de compasión y respeto profundo que suelen inspirar los genios, los locos, quienes no venden nada, quienes hacen por hacer. Y quienes lo hacen con maestría subyugante, además.

Lurrie es músico de blues. Afamado, además. Pero no toca en el Kingston ni el B.L.U.E.S. Se planta ante el escenario, escruta, examina atentamente, pega la oreja a la guitarra solista de la banda que toca esa noche. Cada poco, cuando le apetece, saca su armónica del bolsillo del pantalón, toca dos notas y la guarda de nuevo. Repite ese gesto de forma compulsiva. A veces, derrama casi todo el líquido que contiene su copa. E, indefectiblemente, la banda que ocupa el escenario invita a Lurrie a tocar un tema, quizás dos. “Venga, Lurrie, sube”. Y Lurrie sube. Y toca, vaya si toca, vaya cómo toca. Toca la guitarra con seguridad, con fluidez. Tiene un timbre de voz adecuado para el blues. En escena -como fuera de ella- muestra la extravagancia y el desparpajo de quienes no venden nada.

Hacer música por hacer.

Confieso que no conocía a Lurrie Bell. No debo de ser tan aficionado al blues como yo mismo me creo. Ha sido ahora, una vez de vuelta en España, cuando he leído sobre él. Un entorno de blues desde la infancia. Padres, hermanos, primos, un “hola” a Sunnyland Slim que entra por su casa, un “adiós” a Jimmy Dawkins que sale de ella. Blues por todos los lados. A los cinco años coge una guitarra por vez primera. A los diecisiete comparte escenario con Willie Dixon. Efectivamente, iba para figura. De las consagradas. Depresiones nerviosas, aislamientos, demonios internos, espantadas a mitad de los conciertos…

Y, en lugar de en el Olimpo de las figuras, se le puede ver -noche tras noche- en el Kingston Mines, en el B.L.U.E.S., haciendo música por hacer. Casi mejor así, casi mejor. Os recomiendo encarecidamente escuchar alguno de sus discos. Al escuchar su música, excéntrica, disparatada, será cuando cobren sentido las palabras que he escrito sobre Lurrie Bell.

Blues. Haciendo por hacer.

Lurrie Bell – Blues All Around Me (Mercurial Son, 1995)

ciruja

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Luther Allison, uno de los nuestros

16 diciembre 2013

luther

Nacido el 17 de agosto de 1939 en Widener, AR, Luther Allison fue el penúltimo de quince hermanos, concebidos todos en una granja de algodón. Sus padres decidieron mudarse a Chicago cuando él tenía diez años, buscando sin duda unas condiciones de trabajo más dignas. Por entonces ya conocía el blues gracias a la radio que su padre escuchaba cada noche: el Grand Ole Opry y a B.B. King en el King Biscuit Show en la emisora WDIA de Memphis. El joven Allison se aficionó a la música: tocaba el órgano de la iglesia de su Widener natal y también había aprendido a cantar gospel. Luego, en Chicago, comenzó a frecuentar los clubes de blues y jazz de la ciudad mientras de día cursaba estudios en el instituto. A los dieciocho años, uno de sus hermanos le enseñó los principales acordes de la guitarra, el talentoso Allison enseguida consiguió dominar la escala pentatónica. Vivía en el lugar adecuado para ello, su familia residía en el famoso “Lado Oeste” de Chicago (el West Side, cuna del mejor blues eléctrico con sonido urbano), allí pudo conocer al guitarrista Jimmy Dawkins, con quien tocó el bajo en la que fue su primera banda.

En 1969 Allison consigió grabar un disco a su nombre. De la mano de Bob Koester de Delmark Records, publicó Love Me Mama, disco de poco recorrido comercial pero con el que consigió hacerse un nombre en los circuitos especializados, llegando a participar en tres ediciones consecutivas del Ann Arbor Blues Festival. Estas actuaciones lograron que los aficionados de base empezaran a interesarse por él. En 1972 firmó un contrato con Motown Records, convirtiéndose así en el primer músico de blues del sello de Detroit (ilustre por el soul de salón de genios como Stevie Wonder o Marvin Gaye), donde graba dos discos imprescindibles: Bad News Is Coming y Luther’s Blues. Los aficionados al rock comienzaron a acudir a sus conciertos, su estilo les recordaba al de Jimi Hendrix, sin embargo sus discos no se vendían excesivamente bien. Allison decidió trasladarse a Europa, en concreto a París, donde pasó el resto de la década de los 70, y parte de los 80, grabando para sellos ignotos y retornando a los EE.UU. cuando era invitado a algún festival.

En 1994 grabó una serie de dos discos bien producidos y distribuidos por el sello Alligator, especializado en el blues de Chicago, del que Luther era ya un consumado especialista. Los discos Soul Fixin’ Man y Blue Streak vendieron como nunca. Eso provocó que comenzaran las reediciones de su catálogo, empezando en 1992 por Love Me Papa. En 1996, Motown decidió reeditar el material que había grabado con ellos entre 1972 y 1976, tres álbumes en total, en formato CD. Con cerca de sesenta años, Luther Allison continuó deleitando en clubes y festivales de todo el mundo con su impresionante forma de tocar al guitarra y la energía de su voz, hasta que en julio de 1997 le diagnosticaron un cáncer. Un mes después falleció en un hospital de Madison, Wisconsin. Ésta es la historia.

Luther Allison – Bad News Is Coming (Bad News Is Coming, 1973)

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