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Johnny Thunders: Dispuesto a cambiar su suerte

22 enero 2010

Vivir de la música sin realizar excesivas concesiones a la industria discográfica, que ha hecho un imperio económico a costa de explotar a los artistas con contratos leoninos en los que en más de una ocasión el autor llegaba a ceder los derechos de su obra para poder grabar un disco y que ahora, cuando ha empezado a no obtener con su mercadeo los pingües beneficios a los que estaba acostumbrada, se erige en máxima defensora de los autores, ha llevado a demasiada gente con talento al ostracismo. Johnny Thunders es un ejemplo.

Músico de culto, de aquellos que nunca salen en los medios de información (y persuasión), pero reciben llamadas de admiradores a altas horas de la madrugada; bajito, escuálido y pálido; adicto sin tapujos a la heroína; Johnny Thunders (nacido John Anthony Genzale Jr. el 15 de julio de 1952 en Leesburg, Florida) encarnó a la perfección el papel del perdedor, el mito nocivo ejemplo de aquello que la juventud no debe hacer con su vida. Y sin embargo, él proclamó desde el trono de su pequeño reino, conquistado en los corazones de los que necesitan de vez en cuando un buen chute de energía, que había nacido para perder. Thunders encarnó un mito consecuente.

Ningún género musical ha conseguido canalizar la rabia y frustración adolescente como el rock and roll, Thunders siguió la corriente eléctrica hasta desparecer consumido antes de hacerse viejo. A eso se le llama vivir duro, pero en realidad es vivir a secas. Johnny era de aquellos que te gritaban a la oreja que existía otra forma de vida, mejor o peor en función de las necesidades de cada uno, pero sí distinta a la que habían vivido tus padres y abuelos, y él se ponía de ejemplo.

Sus discos no vendieron mucho y sin embargo hoy se siguen escuchando, parece que, como dijo el poeta, las respuestas no habrán sido válidas, pero las preguntas siguen planteadas. Disfrazada de romanticismo, de lujuria por la vida, de la fascinación por caminar por el lado peligroso, de la marca de la derrota, a día de hoy la vida de gente como Thunders gana mucho comparada con la de según qué oficinista. Johnny Thunders murió en abril de 1991, dejando escrito que no puedes abrazar un recuerdo, toca ser nuestros propios héroes.

Johnny Thunders – You Can’t Put Your Arms Around a Memory (So Alone, 1978)


Vineshoot

Milestones y la puerta abierta al jazz

2 agosto 2009

Milestones (1958)

Interrogado en un foro [www.jazzitis.com] acerca de mi todavía incipiente afición al jazz, he soltado el siguiente rollete existencial. Espero me sepan perdonar.

Lo mío fue escuchar el disco Milestones de Miles Davis en un bar de la costa tarraconense, regentado por un matrimonio inglés que había decidido pasar los últimos años de su vida al sol de Calafell; y de paso abrirme las orejas con un disco que más tarde encontraría a precio de ganga, en un tienda en plena reconversión del disco de vinilo al CD. 95 pesetas me costó, hará cosa de catorce años, los hay que no respetan nada.

Con el tiempo fui descubriendo lo que contenía el álbum; que aquel saxofonista que tanto me desconcertaba era John Coltrane; que el otro, que describía al inicio de su solo en el tema Milestones algo que yo todavía percibo como el arco iris, era Cannonball Adderley; que aquel pianista sofisticado y chabacano a la vez no era sino Red Garland; y Paul Chambers y Joe Jones también por allí, formando una sección de ritmo brutal; y Miles, por supuesto, aunque cada día que lo escuchaba parecía perder peso entre tanto monstruo del jazz. Lo que me llevó a empezar a zambullirme en la discografía de todos estos tipos.

Y hasta aquí. Bueno, he de ser justo y reconocer al César lo que es suyo: El primer jazz que había escuchado de forma asidua fue el de Louis Armstrong y a mi adorada Billie Holiday (su My Man me volvía loco), en sendos discos compactos que pedí prestados a un amigo. Y la estupenda trompeta de Blue Mitchell en un par de John Mayall. La música de Miles me costaba más pero, por algún motivo, supongo que por melómano, insistí hasta rendirme a sus encantos.

Luego discos del sello Blue Note de los sesenta hasta hartarme: Blakey, Dexter, Hubbard, McLean, Mobley, Hill, etc. Hasta que llegué a Charles Mingus, Ornette Coleman, Sun Ra y el espacio exterior (sólo de vez en cuando, oigan). Sin contar que sigo escuchando rock and roll como el primer día; bueno, ya un poco menos que de adolescente, pero a mí no me quitan de mi Tom Waits o mi Johnny Thunders así como así.

Miles Davis – Milestones (Milestones, 1958)

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