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Javier López de Guereña: Nada del quinto Beatle

9 febrero 2011

274552726_200Javier López de Guereña tiene un currículum que da gusto repasar: Nació en Bilbao, el 17 de agosto de 1957, y se licenció en Ciencias Biológicas por la Universidad de Navarra  en 1979; en su día fue crítico de jazz para El País, de lo que hoy no se enorgullece, “aquellos eran otros tiempos”, me dice y se acuerda de sus amigos -por ejemplo de Chema García Martínez-, “que lo hacen mucho mejor que yo”. Hoy vive en Madrid y ejerce como compositor, productor discográfico y guitarrista; esto último acompañando en exclusiva al cantautor Javier Krahe desde 1984. “Como guitarrista no me considero pertinente para nadie más. Incluso en los discos que grabo con Krahe, traigo a alguien que toque bien la guitarra. Como productor, prescindo de mí mismo siempre que puedo”.

Con Javier Krahe le une una relación de amistad más allá de la profesional, cosa rara en el negocio, habiendo producido todos sus discos desde Elígeme (1988). Él fue el responsable de la antología homenaje a Krahe …Y todo es vanidad (18 Chulos, 2004), en la que participaron cantantes de los estilos más diversos, desde Alejandro Sanz a Joaquín Sabina, también pintores y literatos (Forges, Máximo, Peridis, Manuel Vicent…). Le enorgullece haber trabajado en su grabación con Javier Ruibal (para quien además ha producido Lo que me dice tu boca, 2008), Enrique Morente, Pasión Vega o Rosendo.“Para Rosendo preparé unos arreglos del tema Y todo es vanidad que él se negaba a cantar. Yo quería que fuera él quien lo cantara porque ése era el tema principal del disco, a otros les dejé elegir pero a Rosendo le pedí que fuera ése; como Krahe está siempre con que si la vanidad esto y aquello, pues toma. Pero Rosendo no quería grabar los arreglos que yo le había escrito, quería hacer una versión con su banda; al final tuve que recurrir a un amigo común para conseguirlo. Cuando escuchó el resultado final no se lo creía, había descubierto que sabía cantar”.

Guereña trabaja ahora en la producción de un nuevo disco de Javier Ruibal, con la orquesta de Córdoba, “pero de la producción musical no se come, se hace por pura amistad. Realizar una buena producción requiere mucho tiempo y ya no se venden discos, ahora se descargan”. ¿Y de la composición? “Depende de las temporadas, se vive pero como titiriteros. Por ejemplo ahora tengo trabajo, pero el año pasado me estuve chupando el dedo, y no es una queja. Desde luego de prestigio no se come”. Entre sus muchos trabajos “para la imagen”, ha compuesto la música para películas de Fernando Colomo (Miss Caribe, 1987) -que confieso no haber visto (“ni lo hagas”)-, documentales dirigidos por Pedro Arjona, “con el que colaboro a menudo”, (Luchadores: 50 años de CC.OO., Corazones de hielo, 2007), Marco Besas (Barreiros, motor humano, 2007), o para la televisión (por ejemplo, desde septiembre de 1996 hasta septiembre 2004 compuso la música para los informativos de la primera cadena de TVE o en el 1994 la de los Goya); también varios conciertos y danzas… “Yo escucho mucha música occidental, a Varèse, a Ravel… Pero no soy un erudito; oigo muchas cosas y luego se me olvida quién lo ha hecho”. ¿Qué compositores de cine contemporáneos te interesan? “Contemporáneos me gustan Patrick Doyle, James Newton Howard o ese otro… el de Superman. John Williams. “Ése”.

Le pregunto si se considera una especie de George Martin, el productor de los Beatles, por aquello de producir los discos de Krahe y que luego le pidan la entrada en la puerta de los garitos en los que toca con él (“Yo he hecho cola en una entrada tratando de explicar al de turno que estaba involucrado en el evento y citado por el organizador, con toda la credibilidad que confiere la verdad, y me la pasé en la calle, paciente, hasta que apareció, tranquilo, el susodicho”); los dos habíamos leído la charla digital concedida al diario Público en la que Krahe, interrogado sobre el disco del que se sentía más orgulloso, contestaba con un lacónico: “El disco blanco de los Beatles”. Guereña tiene claro que nada de George Martin, “además mató a su mujer, así que mucho menos” (fue Phil Spector, el lapsus que tiene cualquiera). Otra cosa es que señale que los Beatles lograron cosas que cincuenta años después todavía se copian. “Es curioso, porque la respuesta de Krahe parece una broma, pero lo cierto es que el disco blanco de los Beatles fue importante para nosotros. A mí me pilló más pequeño, pero te puedo decir que empecé a tocar la guitarra por ese disco”. Por ejemplo, en el nuevo disco de Krahe, Toser y cantar (18 Chulos, 2010) sorprende el tratamiento que recibe La vil televisión, que tiene un formato pop inaudito en su repertorio. “Eso fue idea de Krahe, que tuviera esa forma; como una de Sabina”. Pues da el pego. “Si ya te digo que lo de los Beatles está muy bien, pero es que si a estas alturas no sabemos hacer pop…”. Apaga y vámonos.

Javier López de Guereña – El refugio del mal (tema principal) (El refugio del mal, 2002)

www.lopezdeguerena.com

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Lo que algunos quisieron llamar eterófono

17 diciembre 2009

El Theremin (Théremin o Théreminvox), que algunos quisieron llamar eterófono, o cómo insinuar que la electricidad viene de otros mundos y el ser humano puede controlarla. Inventado en 1919 por el físico y músico ruso, aunque afrancesado, León Thérémin (Lev Serguéievich Termen), es éste un artefacto curioso siendo como es uno de los instrumentos musicales electrónicos más antiguos que se inventaron, allá por los años veinte, llegándose a comercializar sin éxito en los Estados Unidos bajo la firma RCA. Pero también, y sobretodo, por la forma en que se toca sin ser tocado, con alterar la distancia de las manos respecto a las antenas del Theremin es suficiente, éstas se encargan de convocar la electricidad para que el músico la moldee en honor a Terpsícore. Si bien en origen el timbre del instrumento se asemejaba a la voz humana o a la del violonchelo, no en vano el Señor Thérémin era violonchelista, a día de hoy se fabrican incorporando en ellos la tecnología MIDI, permitiendo la utilizaciones de samplers para que el instrumento emita en la práctica casi cualquier sonido.

Ejemplos de su uso pueden encontrarse en la banda sonora de películas de serie B rodadas en Hollywood entre los años cuarenta y cincuenta. Ya saben, el sonido del Theremin invita a interrogarse sobre lo extraterrestre y resulta perfecto para ambientar películas de ciencia ficción y terror por cuatro duros. Los maestros saben adaptarse a cualquier estilo, de manera que fue Bernard Herrmann quien compuso uno de los mejores exponentes para la banda sonora de The Day the Earth Stood Still (Ultimátum a la Tierra), dirigida en 1951 para la Fox por Robert Wise.

En cine también se ha utilizado este primitivo sintetizador para potenciar ciertas expresiones de los actores. Por ejemplo el compositor Miklós Rózsa utilizó el Theremin en Spellbound (Recuerda, 1945) de Alfred Hitchcok, cuando Gregory Peck perdía el control de sí mismo víctima de pensamientos obsesivos relacionados con un misterioso pasado que no recordaba; suerte que tenía a Ingrid Bergman para asistirle. Del mismo modo y ese mismo año, Rózsa volvió a utilizar el instrumento para  realzar el dramatismo de las escenas de embriaguez de Ray Milland en Días sin huella (The Lost Weekend), de Billy Wilder.

Distinto fue el uso que del Theremin hizo la señora de la fotografía, en la que posa dando muestra de su dominio del mismo. Clara Rockmore utilizó el instrumento para interpretar música clásica del romanticismo, confiriendo al Theremin entidad como instrumento solista dentro de una orquesta. A destacar su disco de 1976 The Art of the Theremin, en el que esta lituana de aspecto misterioso interpretaba transcripciones de composiciones de Ravel, Stravinsky, Tchaikovsky y Saint-Saëns, por citar algunos, con un lirismo equiparable al de las mejores sopranos. En la línea de Rockmore y en la actualidad, Lydia Kavina ha recibido notable éxito como virtuosa del instrumento, que ha utilizado en numerosas bandas sonoras. Resulta que León Thérémin era el tío abuelo de Lydia y la instruyó en el uso del instrumento cuando era niña. Claro, así cualquiera.

Ya que el Theremin nunca ha estado de moda pasa de ella, y todo aquel que ha querido estar a la última lo sabe. Muchos se han puesto delante de este sin par instrumento en alguna ocasión. Uno de los primeros en apuntarse el tanto fueron los Beach Boys con el sencillo Good Vibrations, que en 1966 salió al mercado con la vitola de ser el primer disco de música pop en el que se podía escuchar un Theremin. En vídeo pueden ustedes contemplar a Jimmy Page en la película The Song Remains the Same de Led Zeppelin improvisando con un vetusto Theremin de una sola antena durante el tema Whole Lotta Love. Pero la lista, como revela la Wikipedia, es enorme. Por citar unos cuantos: Pink Floyd, Nine Inch Nails, Skunk Anansie, Los Planetas, Jean Michel Jarre, Captain Beefheart & His Magic Band, Jon Spencer Blues Explosion, Portishead, The Gathering, Spock’s Beard, Lendi Vexer, Estirpe, Green Carnation, Messer Chups, Sunkfool, Fangoria, La oreja de Van Gogh, Amaral, Los Delinqüentes e incluso Estopa.

Por último mencionar una película documental que fue en parte responsable de la recuperación del Theremin durante los años noventa, Theremin, an Electronic Oddysey (1995), dirigida por Steven M. Martin y protagonizada junto a Robert Moog, otro pionero de los instrumentos electrónicos, por el propio León Thérémin.

Bernard Herrmann –  Prelude/Outer Space (The Day the Earth Stood Still, 1951)

Clara Rockmore – Tchaikovsky: Valse sentimentale (The Art of the Theremin, 1976)

Lydia Kavina – Dance in the Moon (Music from the Ether, 1996)

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