Posts Tagged ‘Mick Jagger’

Brian Jones: Vida abreviada de un polvorilla

31 marzo 2013

Brian Jones vivió rápido, como se escribe su historia. Nació el 28 de febrero de 1942 en Cheltenham, UK, bautizado como Lewis Brian Hopkins Jones. Su madre era profesora de piano y su padre tenía una buena colección de discos de jazz y blues; desde edad temprana adquirió el dominio sobre varios instrumentos, en particular sobre la guitarra. A los 17 años ya se había fugado de casa, enrollado con una mujer casada y sido padre de dos hijos no reconocidos.

En 1962 fundó y dio nombre a una banda: The Rolling Stones, de la que fue músico principal, multi-instrumentista y arreglista; así como el único miembro que no provenía de una familia trabajadora. Dos de sus compañeros musicales, Jagger y Richards, se repartían los derechos de autor, Jones nunca apareció como compositor en ninguna de las canciones de la banda. Con Richards también compartió mujer: Anita Pallenberg, lo que provocó distanciamiento con el resto de músicos en especial con el citado. Fue un esteta que cultivaba una imagen de dandy decadente; como integrante de un grupo musical de éxito, sus seguidores se cuentan por decenas.

Brian Jones grabó un par de proyectos al margen de los Stones. Compuso, dirigió e interpretó la banda sonora de la película Mord und Totschlag (también conocida como A Degree Of Murder, dirigida en 1966 por Volker Schlöndorff), un filme protagonizado por su entonces novia Anita Pallenberg. También grabó con los marroquíes Master Musicians of Joujouka; grabaciones que se publicarían a título póstumo en 1971, en el álbum Brian Jones Presents the Pipes of Pan at Joujouka.

El 10 de junio de 1969 fue despedido de su propia banda, un mes después lo encontraron ahogado, flotando sin vida en la piscina de su granja de Sussex. Los informes policiales apuntaron a un ataque de asma como causante de la muerte del músico, versión que todavía hoy es discutida. Jones, como buen polvorilla, es miembro del Club 27, del que forman parte los músicos de rock muertos a esa edad; entre ellos Jimi Hendrix, Kurt Cobain, Janis Joplin o Jim Morrison.

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Smash: Hombres de las praderas I

27 octubre 2010

Sevilla era un sitio chungo a finales de los sesenta para los hombres de las praderas. Entonces llevar el pelo largo en la capital andaluza era andar de manifestación continua, así que eran conscientes de las consecuencias cuando adoptaron ese nombre en su Manifiesto de lo borde. En aquel texto los hombres de las praderas eran Dylan, Hendrix o Jagger, cabría añadir a sus autores: Gonzalo García-Pelayo y los Smash. En contraposición, los hombres de las cuevas, los funcionarios, y los de las cuevas suntuosas, presidentes de consejos de administración y grandes mercaderes. Completaban su “cosmogonía de la estética de lo borde” los hombres de las montañas: Charles Manson o Hitler (a Franco era mejor no mentarlo si uno quería conservar la cara bonita). En aquella Sevilla de olor a incienso y sonido de pandereta un hombre de las praderas se enorgullecía de vivir al margen, de tumbarse sobre el techo de la catedral de madrugada a ver las estrellas. “Los hombres de las praderas son los únicos que están en el rollo y que han salido del huevo. Sus carnets de identidad son sus caritas”. Se reconocieron enseguida.

Julio Matito (bajo, guitarra y voz), aunque sevillano, había pasado unos años en un seminario malagueño. De allí salió tocando la guitarra, después se dejó crecer el pelo y la barba. A Gualberto García (guitarra, bajo y sitar) y Antonio Rodríguez (batería y voz) les conoció de vuelta a Sevilla, en un local que ellos denominaron underground, regentado por el citado Gonzalo. Hay anécdotas como las que cuenta Javier, el hermano de Gonzalo y futuro representante de la banda, quien durante un viaje en autobús escuchó a una madre decirle a su hija que no se le ocurriera entrar en aquel antro de perdición del que había oído comentar que las muchachas salían embarazadas. Nada más lejos de la realidad, claro está, tan sólo algunos porros (que vendían liados) fumados a escondidas en los aledaños del local, las chicas no se dejaban. Dentro copas y, eso sí, la música de moda que había entrado en Andalucía a través de los militares norteamericanos destinados en las bases de Morón de la Frontera y Rota: el R&B y el Rock and roll que hacía furor allende los mares, a los que los sevillanos añadieron otras salsas. Lo demuestran en su primer sencillo, editado en noviembre de 1969.

Smash – Scouting (Todas sus grabaciones, 2001)

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Yo No He Dicho Nada De Esto

21 mayo 2010

En la lucha por llevarse el botín, sea cual sea, cada artista utiliza sus armas de seducción de igual forma que cada uno de nosotros tenemos nuestros propios criterios para valorarles. En algunos casos, por ejemplo, no se acostumbra a etiquetar a nadie porque no se es un especialista. O no se analiza el arte desde la óptica de un psicólogo, un sociólogo o similar, sino que se pone en juego fundamentalmente el sentido común, estableciendo con frecuencia referencias de lo que alguien extrae de su propia vida y experiencia de forma que esa extrapolación le sea útil de forma bidireccional. O diría que, sobre todo, muchas veces el que narra se deja guiar por sus sentimientos y percepciones. Para esto último cuenta con la sensibilidad, los principios y también los valores, aunque estos hayan sido devaluados previamente por algunos espabilados que han repetido desde dentro de sus burbujas absurdas apelaciones a los ‘valores humanos’ para regatear preguntas, cuestiones, actos incómodos y/o certeros. ¿Acaso hay valores que no sean humanos? ¿de qué diablos hablan?

Digo todo lo anterior porque ayer una persona cercana y querida me hizo dos preguntas interesantes. En la primera me preguntaba si yo considero el rock una forma de rebeldía social, a lo cual le respondí que no me apetece revisitar un concepto que no sé si tendría que ser revisado o es tan injusto ahora como cuando surgió. Probablemente sea igual de válido, pero no me acostumbro a etiquetar los hechos más allá de los actos que realizan las personas que los protagonizan, como debería haber dicho previamente. Mi rechazo hacia algunos comportamientos en el rock son irreversibles y muy a mi pesar, ya que considero que esa presunta rebeldía es uno de los grandes acicates y seducciones de ésta pequeña música primitiva. Cuando en el rock se habla de sexo, se habla de algo muy distinto al sexo, para bien la mayoría de las veces, mal para el resto. Lo mismo que cuando se habla de drogas. Y hablo de la música en sí, no de las vidas de los que la rodean, aunque al final sean lo mismo. Pero ocuparnos de esto sería lastimoso, porque la mayor parte de lo que consideramos rock no está formado por pelagatos melenudos que no se paran a pensar en el porqué de lo que hacen, sobre todo a ciertas edades, cuando la pasión por la música equilibra los impulsos sexuales implícitos de todo comienzo.

He aquí que con esas simples palabras pongo en duda uno de los tópicos más odiosos del rock y continúo con el asunto que me traía entre manos: no puedo pasar por ciertas cosas de puntillas, ya que me han provocado una risotada frontal al chocar contra mi propia sensibilidad. Y, aun más importante, ciertos actos me parecen divertidos si me los cuenta sin pretensiones mi amigo mientras subimos en el ascensor, o me parecen dignos de un cretino, lo cual es igualmente definitivo, si se comentan en una rueda de prensa multitudinaria.

Como la risa es contagiosa, escucho a Mick Jagger decir en Cannes, en la charla correspondiente al documental Stones in Exile, que en aquellos días eramos guapos y jóvenes. Hoy somos unos estúpidos. Se refiere a los Rolling Stones del 1972, año de publicación de Exile on Main Street. En otro momento refiere que de aquella época le impresionó la visión de Apocalypse Now. Añade que a principios de los setenta la guerra de Vietnam seguía en marcha, Nixon estaba en la Casa Blanca y Merckx volvía a ganar el Tour de Francia. Pero nosotros no nos enteramos de nada. No quisiera puntualizar que ser guapo y joven no te vacuna contra la estupidez, ni ahora ni nunca. Tampoco que la película de Coppola data de 1979. Ni me gustaría comentar que fue aclamado por un público fervoroso. No le(s) culpo, así son las cosas a menudo. Lo que digas o dejes de decir tiene la importancia que le supongan los que te escuchan. Así que ya puestos, haremos como que no he dicho nada.

La segunda pregunta que respondía a mi amigo (cuando ya salíamos del ascensor) implicaba a un crítico de cine al que espero no tener que mencionar en los días que quedan antes de nuestra despedida. Se sorprendía mi amigo de que no hubiera hecho ningún comentario sobre el silencio del mundo de las artes acerca de los últimos debates de la temporada en el mundo occidental. Pues bien, me interesan tan poco ciertos personajes que no ha de extrañar mi silencio. Pero algunos de ellos vocean su lucrativa ineptitud a los cuatro vientos, y las escasas intervenciones que les leo me parecen tan lamentables que aunque se critican solas, me llevan a cometer el error de re-comentarlas omitiendo lo más importante para el que espera nuestro comentario y a ser posible una guerra.

Los hechos: Jean-Luc Godard envia una misiva a Cannes: Queridos Thierry Frémaux, Wild Bunch, Vega Films, Alain Sarde; debido a problemas de tipo griego, no podré ser su invitado en Cannes. Amistosamente, Jean-Luc Godard. El crítico, porque estamos hablando de un crítico, dice no entender la frase, y hace una burla cruel y sobre todo infundada de la acción del director, muy alejada de las intenciones originales. El simple hecho de que se juegue a la confusión con frases tan claras, basadas en hechos que todos conocemos y pretendiendo hacer de todos los demás unos mentirosos sin serlo, hace que éste plumilla desaparezca para mí en tres, dos, uno. Ya puede hacer un triple salto mortal con tirabuzón y palomilla mientras se da la vuelta a la camisa y cae al suelo sujetándose con el dedo meñique de la mano izquierda, que para mí como si no existiera. Si quiere forjarse una carrera adoptiva y seguir sin dar un palo al agua, me da igual si lo consigue (que es posible), porque ya es la nada. Por suerte, casi nadie aclama. Por desgracia, a veces consigue que caigamos en la trampa de leer sus artículos.

Sobre ésto último también preferiría que hiciéramos como que no he dicho nada, amigos, aunque sería un placer haberlo dicho.

Mea culpa.

wagnerian

Mina Agossi, Voodoo Child

5 julio 2009

Cuentan malas leguas, pero autorizadas, que Mina Agossi sobre un escenario es puro sexo, al menos es lo que cuenta Chema García Martínez en su estupendo blog Jazz y otras hierbas. Y sin embargo fueron pocos los que acudieron a verla en directo el pasado mes de marzo en el Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid (el famoso Johnny, que finalmente no se cierra).

Este humilde escribiente no estuvo en la lista de asistentes, por razones de distancia, y mientras le llega la vez se contenta con vídeos como éste en el que se reconoce como Agossi se contonea mejor que Mick Jagger, algo fácil de apreciar si se distingue entre una persona entregada al ritmo de la música y un mono epiléptico.

Además sabe cantar jazz y lo que le pongan, Hendrix por ejemplo.

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