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Andrew Cyrille: Un batería moderno consumado

10 agosto 2010

Espero que semejante título signifique algo para usted, que lee estas líneas inspiradas por cierto deseo contenido durante largas y satisfactorias escuchas de un artefacto sonoro que tuvo antaño (sic) la consideración de disco de vinilo. Sepa que tan rimbombante descripción (“un batería moderno consumado”), que The New York Times publicó un día en sus páginas, puede acompañarse de otra de la Penguin Guide to Jazz: “Un gran batería, un buen compositor y un estupendo líder; si te lo pierdes es por tu cuenta y riesgo”. Como para hacerse el despistado.

Y resulta que Andrew Charles Cyrille (Brooklyn, NYC, 1939) estudió de mozuelo los rudimentos de la batería con el ya clásico Philly Joe Jones, después pasó la primera mitad de los años sesenta completando estudios musicales primero en la Juilliard y posteriormente en la Hartnett School of Music. Al mismo tiempo, empezó a tocar con diversos músicos de jazz, desde Illinois Jacquet y Coleman Hawkins hasta Kenny Dorham, Freddie Hubbard y Rahsaan Roland Kirk, entre otros; también tocó con el batería nigeriano Babtunde Olatunji y trabajó en un espectáculo con bailarinas, es decir, Cyrille se convirtió en un batería versátil, capaz de acompañar a cualquiera. En 1964 instauró la que sería una sociedad de once años con el controvertido pianista Cecil Taylor, que le valió reconocimiento suficiente como para establecerse a la vanguardia de los baterías de jazz. Fue entonces cuando The New York Times y “un batería moderno consumado”, a la espera de que los lectores lo descifraran.

Porque hay que empezar por algún sitio, cualquier disco de Cyrille puede ser el principio. Mi experiencia comenzó con Ode to the Living Tree (1997), y puede ser cierto que escuchar una versión de cerca de veinte minutos del A Love Supreme (Acknowledgement and Resolution) de John Coltrane en el segundo lugar de la lista de temas resulte, según el momento, algo exigente, pero Ode to the Living Tree (que contiene también versión de Mr. P.C.) parece un disco sobresaliente a la luz de esta vela.

Como la historia de la gestación del mismo. En diciembre de 1994, cuando realizó su primer viaje a África, Andrew Cyrille tenía 55 años; viajó a Ghana para tocar en un festival, después se dirigió a Senegal, donde grabó el disco en un estudio de Dakar. Según Cyrille, fue el primero de jazz grabado en Senegal, y ciertos espíritus se dieron cita durante las sesiones. Hay dos temas interpretados en solitario por Cyrille (o en colaboración con un percusionista local), Coast to Coast, que abre el disco planteando el escenario como si de un viaje de costa a costa se tratara, y Water, Water, Water, que concluye como todo viaje, aun de vuelta, en otra parte distinta de donde uno partió.

Andrew Cyrille – Water, Water, Water (Ode to the Living Tree, 1995)

Andrew Cyrille – Dakar Darkness (Ode to the Living Tree, 1995)

Andrew Cyrille – batería
David Murray – saxo tenor
Oliver Lake – saxo alto
Adegoke Steve Colson – piano eléctrico
Fred Hopkins – contrabajo
Mor Thiam – percusión

Vineshoot

Milestones y la puerta abierta al jazz

2 agosto 2009

Milestones (1958)

Interrogado en un foro [www.jazzitis.com] acerca de mi todavía incipiente afición al jazz, he soltado el siguiente rollete existencial. Espero me sepan perdonar.

Lo mío fue escuchar el disco Milestones de Miles Davis en un bar de la costa tarraconense, regentado por un matrimonio inglés que había decidido pasar los últimos años de su vida al sol de Calafell; y de paso abrirme las orejas con un disco que más tarde encontraría a precio de ganga, en un tienda en plena reconversión del disco de vinilo al CD. 95 pesetas me costó, hará cosa de catorce años, los hay que no respetan nada.

Con el tiempo fui descubriendo lo que contenía el álbum; que aquel saxofonista que tanto me desconcertaba era John Coltrane; que el otro, que describía al inicio de su solo en el tema Milestones algo que yo todavía percibo como el arco iris, era Cannonball Adderley; que aquel pianista sofisticado y chabacano a la vez no era sino Red Garland; y Paul Chambers y Joe Jones también por allí, formando una sección de ritmo brutal; y Miles, por supuesto, aunque cada día que lo escuchaba parecía perder peso entre tanto monstruo del jazz. Lo que me llevó a empezar a zambullirme en la discografía de todos estos tipos.

Y hasta aquí. Bueno, he de ser justo y reconocer al César lo que es suyo: El primer jazz que había escuchado de forma asidua fue el de Louis Armstrong y a mi adorada Billie Holiday (su My Man me volvía loco), en sendos discos compactos que pedí prestados a un amigo. Y la estupenda trompeta de Blue Mitchell en un par de John Mayall. La música de Miles me costaba más pero, por algún motivo, supongo que por melómano, insistí hasta rendirme a sus encantos.

Luego discos del sello Blue Note de los sesenta hasta hartarme: Blakey, Dexter, Hubbard, McLean, Mobley, Hill, etc. Hasta que llegué a Charles Mingus, Ornette Coleman, Sun Ra y el espacio exterior (sólo de vez en cuando, oigan). Sin contar que sigo escuchando rock and roll como el primer día; bueno, ya un poco menos que de adolescente, pero a mí no me quitan de mi Tom Waits o mi Johnny Thunders así como así.

Miles Davis – Milestones (Milestones, 1958)

Vineshoot