Posts Tagged ‘Sun Ra’

Los discos Saturno de Sun Ra

8 febrero 2011

Acaso este texto hubiera tenido que escribirse en color verde, porque trata de melodías extraterrestres, del jazz que un día, allá por los años cincuenta, partió desde Saturno y empezó a sobrevolar la Tierra comandado por un tipo que se hacía llamar Sun Ra. Como todos tenemos un pasado, aunque a algunos no nos importe, el de Sun Ra comenzó en Birmingham, (¿Sweet home?) Alabama, en 1914 bajo el nombre de Herman Sonny Blount, fallecido en 1993.

Llamamos Saturn a los discos editados por la Sun Ra Arkestra (sic) como colectividad autónoma, auténticas rarezas desde el mismo día de su edición. Se distribuían casi en exclusiva en los conciertos de la banda, en tiradas breves, en ocasiones de menos de cien ejemplares. A diferencia de los discos publicados por los pocos sellos discográficos a los que Sun Ra se unió en lo contractual, la elaboración de los Saturn era artesanal; sus portadas se confeccionaban a mano por los propios músicos y no solían contener información alguna sobre los participantes en la grabación o los temas incluidos. En ocasiones un mismo Saturn se editaba con distintas portadas, numeradas sí, pero no de forma correlativa. Todo ello inútil zancadilla al coleccionismo.

Agradezcamos la labor de aficionados como Robert L. Campbell y Harmut Geerken, que nos pusieron tras la pista de las grabaciones completas de Sun Ra y, cómo no, al negocio realizado por Jerry Gordon de Evidence Records; y en fin, a todos los sellos independientes que publican a aquí allá discos desde Saturno, convertidos ya en rodajas digitales asequibles para todos los bolsillos. Desde que el jazz se divorció de la música popular durante los años cincuenta, y por ende de la clase que la consume, los Saturn se pagan bien en el mercado de segunda mano. La Sun Ra Arkestra vivía en comuna, sus discos costaban cuatro duros y nadie los compraba, hoy los atesoran coleccionistas en sus lofts.

Y lo bien que deben sonar, Mr. Gilmore.

Sun Ra – Enlightenment (Sound Sun Pleasure, 1958)

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El jazz debe morir

8 noviembre 2009

The Cry of Jazz

Retrocedamos en el tiempo. Estamos en 1959, en una minúscula habitación de Chicago, en la que se desarrolla una discusión entre unos afroamericanos concienciados y unos chicos blancos. Estos últimos no están de acuerdo con la siguiente afirmación: “Para que la América negra viva, el jazz debe morir”, ya que es la manifestación del sufrimiento y la rebeldía del pueblo negro en los Estados Unidos. Los chicos blancos consideran que el jazz sólo es un estilo musical, y que los músicos blancos pueden tocarlo igual de bien que los negros.

En esencia, ésta es la base argumental de la película de Edward O. Bland, The Cry of Jazz (1959), un cortometraje poco conocido puesto que permaneció prácticamente inédito hasta su edición en DVD en el año 2004. La película propone la existencia de un vínculo indisoluble entre el pueblo afroamericano y el jazz. Durante escasos 35 minutos, el film incorpora imágenes de la Sun Ra & His Arkestra, quienes a su vez sirven de resonante banda sonora a ritmo de swing interplanetario, junto a disertaciones sobre el jazz y la historia de los afroamericanos en los EE.UU. Resulta, en fin, una visión sociológica de la música jazz más interesante que la serie documental de Ken Burns entera.

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Milestones y la puerta abierta al jazz

2 agosto 2009

Milestones (1958)

Interrogado en un foro [www.jazzitis.com] acerca de mi todavía incipiente afición al jazz, he soltado el siguiente rollete existencial. Espero me sepan perdonar.

Lo mío fue escuchar el disco Milestones de Miles Davis en un bar de la costa tarraconense, regentado por un matrimonio inglés que había decidido pasar los últimos años de su vida al sol de Calafell; y de paso abrirme las orejas con un disco que más tarde encontraría a precio de ganga, en un tienda en plena reconversión del disco de vinilo al CD. 95 pesetas me costó, hará cosa de catorce años, los hay que no respetan nada.

Con el tiempo fui descubriendo lo que contenía el álbum; que aquel saxofonista que tanto me desconcertaba era John Coltrane; que el otro, que describía al inicio de su solo en el tema Milestones algo que yo todavía percibo como el arco iris, era Cannonball Adderley; que aquel pianista sofisticado y chabacano a la vez no era sino Red Garland; y Paul Chambers y Joe Jones también por allí, formando una sección de ritmo brutal; y Miles, por supuesto, aunque cada día que lo escuchaba parecía perder peso entre tanto monstruo del jazz. Lo que me llevó a empezar a zambullirme en la discografía de todos estos tipos.

Y hasta aquí. Bueno, he de ser justo y reconocer al César lo que es suyo: El primer jazz que había escuchado de forma asidua fue el de Louis Armstrong y a mi adorada Billie Holiday (su My Man me volvía loco), en sendos discos compactos que pedí prestados a un amigo. Y la estupenda trompeta de Blue Mitchell en un par de John Mayall. La música de Miles me costaba más pero, por algún motivo, supongo que por melómano, insistí hasta rendirme a sus encantos.

Luego discos del sello Blue Note de los sesenta hasta hartarme: Blakey, Dexter, Hubbard, McLean, Mobley, Hill, etc. Hasta que llegué a Charles Mingus, Ornette Coleman, Sun Ra y el espacio exterior (sólo de vez en cuando, oigan). Sin contar que sigo escuchando rock and roll como el primer día; bueno, ya un poco menos que de adolescente, pero a mí no me quitan de mi Tom Waits o mi Johnny Thunders así como así.

Miles Davis – Milestones (Milestones, 1958)

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