Posts Tagged ‘The Church’

Echo & The Bunnymen: Ahora.

16 agosto 2009

echothebunnymenechobunn

Hay grupos que merecen un desagravio, porque no es culpa suya que los pijos de determinada generación decidieran que fueran sus ositos de adolescencia. Conocemos a muchos de esos grupos, que se han hundido bajo el manto obsceno de otros grupos con su misma edad como U2, o bajo las bisagras chirriantes de los grandes popes del rock convertidos en héroes del equilibrismo escenográfico ergo Rolling Stones.
Al contrario que otros, siguen trayendo discos maduros, menos emocionantes que antes, pero no desechables. Nacieron con una marcada personalidad, y con las modas, caducaron sus posters, mientras ellos seguían como si nada hubiera pasado, con su música. Dos de mis preferidos son The Church, que ya tuvieron mis palabras de agradecimiento por su profunda carrera y su búsqueda de la entrada a cualquier laberinto de interés musical, y Echo & The Bunnymen.

La carrera de Echo & The Bunnymen fue como la seda: un primer disco, ‘Crocodiles‘, lanzado a toda velocidad desde un sello (Korova) desestructurado pero sensible. Tras éste, empieza la gran tríada: ‘Heaven Up Here‘, ‘Porcupine‘ y ‘Ocean Rain‘. Tres discos con las constantes personales en efervescencia: el terciopelo vocal de Ian McCulloch ya maduro, la guitarra imaginativa y arriesgada de Will Sergeant recreándose en cada hueco, y sin poder quitar protagonismo a la sección rítmica, comandada por la batería de Pete De Freitas, siempre dispuesto a aportar ideas originales y a evitar, generalmente con éxito, el aburrimiento del oyente.

Tras éstos discos, la banda sigue su carrera con buena estrella, ya convertidos en un grupo conocido, y se aúpan a las listas con un recopilatorio llamado ‘Songs To Learn and Sing‘, y un nuevo álbum homónimo, que incluye ‘Lips Like Sugar‘, su gran bombazo a nivel comercial. Todo bien.

Pero… llegan los malos tiempos. En 1989, Pete de Freitas muere en un accidente de tráfico (venía del rodaje del video ‘China Doll‘ de Julian Cope). El grupo decide no buscar un nuevo batería, ya que lo consideran irreemplazable. Se separan, y siguen carreras individuales con mayor o menor éxito. Se crean unos artificiosos Neobunnymen para un disco que será un fracaso en todos los sentidos, en el que no participa McCulloch. Pero finalmente, se acaba el duelo, y vuelven a unirse Sergeant y McCulloch, que siguen actualmente en la brecha, con aciertos y desaciertos dentro de discos dignos.

El tiempo y su trabajo, ahora silenciado, los va poniendo de nuevo en su lugar. A la larga, todos aquellos que aun conservan sus discos, verán o estarán viendo como sus hijos y sobrinos acuden a la estantería, en busca de ‘Ocean Rain‘.

Que viva Liverpool.

Echo & The Bunnymen – Stars Are Stars (Crocodiles, 1980)

Echo & The Bunnymen – The Back of Love (Porcupine, 1983)

Echo & The Bunnymen – Silver (Ocean Rain, 1984)

wagnerian

Anuncios

The Church: Old Flame (VOSE)

11 agosto 2009

No siempre se puede sentir una canción de la misma manera en que lo hizo aquel que la compuso. Pero hay días en los que a uno le llega repentinamente ese sentimiento ajeno que inició el proceso creativo. A partir de entonces, comprendemos con cierta facilidad los motivos que llevaron a determinado compositor a generar una música, a un pintor a crear un cuadro, a un escritor a escribir.
Y a dejar de hacerlo.
Los otros días, uno simplemente no se detiene, le importa muy poco lo que sueñen los demás, y pasa la mopa mientras suena el nuevo disco de uno de sus grupos preferidos. No le parece muy bueno y lo arrincona como si aquello nunca le fuera a cambiar un mal día por uno bueno.
Siempre es indoloro volver a ciertos sitios, especialmente a aquellos que a uno no le han marcado demasiado y de los que esperaba volver con una profunda huella. Es indoloro y productivo, porque el no esperar ya nada felizmente es uno de los mejores de regalos que se puede hacer a sí mismo un ser pensante.
Sí, porque, entonces suena el tintineo de dos rickenbackers entrelazándose como un tejido de cristal, y alguien susurra una melodía que nos precedió, y después ese susurro se divide en dos partes, y nos cuenta algo tan sencillo que nunca lo hubiéramos imaginado.
Un minuto y medio en el que nadie es capaz de encender un mechero.

Naomi will not be consoled by your blues
A Naomi no le consolará tu tristeza

She calls down the crows then she pulls on her shoes
Llama a los cuervos y se pone los zapatos

Out into the empty street she walks
Sale a pasear por las calles vacías

Past the little piles of smouldering leaves
Pasa junto a los pequeños montones de hojas quemadas

Beware, an old flame is still burning there
Cuidado, aun arde allí una vieja llama

Don’t stare,
No mires,

Shadows in the smoke whisper everywhere
Las sombras del humo murmuran por todas partes

Everywhere, anywhere is nowhere when you don’t care
En todas partes, cualquier lugar es ningún lugar cuando nada te importa

So beware, an old flame is still burning there
Así que cuidado, aun arde allí una vieja llama

The Church – Old Flame (Priest = Aura, 1992)

wagnerian

The Church: Homenaje a los Humildes

2 abril 2009

Image Hosted by ImageShack.us

Quizá mucha gente no considere justo que grupos como The Church continúen sobreviviendo cuando hay otras propuestas mucho menos interesantes con las que llenar el ocio musical y las salas de baile. Quizá incluso consideren que el grupo perdió el norte tras publicar su alabado Starfish, reduciendo la no aparición de los discos siguientes en las listas de éxitos a un fracaso musical.

Es cierto que en lo estrictamente musical el grupo no superó esa creación ni antes ni después, pero los riesgos que corrieron les hace merecedores de algunas reverencias y mucho cariño.

21 discos oficiales, y editando desde 1981, con el buen hacer de sus músicos y conociendo la sabiduría de sus juegos de guitarras, son mala presa para esos derribos críticos.

Of Skins and Heart, primer disco, marcaría su pop-rock melancólico, más por la voz de Steve Kilbey, su cantante, que por la falta de fuerza de los temas. La producción también les jugará malas pasadas hasta Starfish. Y después de éste disco, seguirán topando con malos productores. Pero bueno ¿quién estaba a salvo en los 80?

De todos los discos de ésta ‘primera época’ siempre Seance apareció como una pieza de culto. Portada oscura y experimentos más o menos acertados empezaban a configurar lo que vendría, la inquietud del grupo por ir un poco más allá de la música como (no) la entiende la mayor parte de los mortales. El disco vendió poco en España, quedó en las caras estanterías de importación, para los que pudieran permitirse extravagancias y el buen gusto.

Sí llegaron a precios respetables The Blurred Crusade y Heyday. Faltó Remote Luxury, quizá el disco más brillante del período.

Tras Starfish, su presunta carrera comercial se hunde, en parte por la mala gestión del sello, en parte por la decisión de encarar riesgos del grupo. Con Priest=Aura ya no hay sello que se atreva a editarlos fuera de EE.UU. o de su natal Australia. Así empieza un calvario de discográficas, primero con Thirsty Ear como mecenas, y después marcando el acorde de aquí para allá.

Hay que escuchar cada uno de estos discos para reencontrar decenas de títulos relevantes para la historia de nuestra música vital.

Sólo una vez se rindieron, a su manera y casi en broma, a una crítica que le hacía su propio público: nunca quisieron hacer una versión, dar una pista. Para reconocer influencias y jugar a matarlas, publicaron finalmente A Box of Birds, un disco tan irregular como revelador. Versiones de Neil Young, Kevin Ayers, Television… tendieron al sol sus misterios. No les quitó honradez.

A día de hoy, sus escapadas van teniendo menos atracción para la prensa mediática. Y sin esa presión, cada vez maduran con más lógica. No son dinosaurios, nunca lo serán. No bajo esa forma hipertrofiada en la que se mueven U2 o The Rolling Stones. Conocen sus posibilidades y ahí siguen: un disco a punto de salir al mercado, 27 años de carrera de fondo. Con sonidos tan elegantes como los primeros, sólidos y emocionados.

Reconozco que estas palabras son sólo un pequeño homenaje, incluso quizá personal. Lo lamento, y será la última vez, pero es justo por mi parte dejar una huella en su jardín. Me dieron todo lo que hubo después, cuando nadie dijo nada. Puede que no hubiera tenido una adolescencia feliz si una tarde, por casualidad, aburrido de la música comercial, cambiara de emisora sin mucha convicción (sólo un centímetro de diferencia) y sin aviso previo, sonara Under the milky way. Hizo aparecer un castillo bajo un paisaje lluvioso en mi habitación. Eso no se olvida.

No solo por esto The Church merecen salir de las sombras de la adolescencia a menudo. Si no es así, no importa, muchos entraremos en sus habitaciones sónicas, un poco enfermos de nostalgia, un poco sorprendidos por su férreo presente.

The ChurchA Month of Sundays (Remote Luxury, 1984)

The ChurchReptile (Starfish, 1988)

The Church – Sealine (El Momento Descuidado, 2005)

wagnerian