Posts Tagged ‘Woody Allen’

Woody Allen: Whatever Works

17 junio 2010

“Las enseñanzas básicas acerca de Jesús son maravillosas -que, por cierto, es la intención original de Karl Marx-. ¿Qué podría ir mal? Todos deberían compartir por igual. Desea lo mejor a los demás, democracia, gobierno conducido por el pueblo. Grandes ideas. Todas son grandes ideas, pero todas tienen un gran defecto: Todas están basadas en la noción falaz de que la gente es fundamentalmente decente. Dales la oportunidad de hacer lo correcto y lo harán. No son estúpidos, egoístas, codiciosos, cobardes o miopes. Lo que quiero decir es que la gente complica la vida más de lo que es y, créeme, es una pesadilla sin su ayuda. Pero en general, lamento decirlo, somos una especie fallida”.

(Whatever Works −Si la cosa funciona, 2009, Woody Allen)

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La mirada de Ozu

10 mayo 2010

Ozu-san.com es una página dedicada a Yasujiro Ozu (小津安二郎, Tokio, 1903-1963), “uno de los más grandes cineastas del mundo”, dicen en la web, y es cierto. Merece la pena dedicarle una visita porque luce un diseño estupendo, sin cobrar entrada ni solicitar invitación o reserva. Sólo por el banco de imágenes almacenadas se me hace antojo para los que gustan del buen cine, que en este caso es decir fotografía. Llaman la atención los fotogramas de las imágenes de Ozu con una fuerza a la que es difícil resistirse. Contienen la mirada de un autor capaz de filmar el paso del tiempo, el olor a la comida que humea en la cocina, o lo que la imaginación del espectador alcance dentro del escenario propuesto. Un plano fijo del pasillo de una casa humilde, recorrido por los personajes, no es explícito, hasta puede resultar tedioso; decía Hitchcock que la realidad aburre, que es algo con lo que uno se encuentra todos los días al abrir la puerta del portal y salir a la calle, que el espectador necesita algo diferente. Ozu fue capaz de desmentir una afirmación de lo más sensata. En todo caso, como dice un filósofo neoyorquino, el mundo es una mierda, pero es el mejor sitio donde comer un buen filete.

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Un bostezo o un par de ellos

18 marzo 2010

Como representó Woody Allen en Zelig, la ropa que elegimos, los sitios y personas que frecuentamos, los discos que escuchamos, en fin, las mentiras que contamos proyectan la imagen que nos conviene; una máscara, tirana por biológica, detrás de la que se esconde la persona, a la que acaso se conozca por sus actos o por su apatía. Cuando nos referimos al “niño que todos llevamos dentro” nos referimos a nosotros mismos, al caprichoso, al que recela del otro porque parece limitar sus posibilidades; también al soñador, al utópico, al que le gustaría ser de una manera y es de otra, al que vive escondido tras la máscara de lo superficial.

Un amigo escribió que el cuerpo es la máscara que nos contiene. Y no dejará de sorprenderme la obra musical de tipos duros como el músico de jazz Ben Webster, capaz de soltar un puñetazo a la cara de cualquiera antes o después de acariciar los corazones con ese sonido rotundo pero suave de su saxo tenor. Cuentan que no había cosa peor que hacer despertar a Ben Webster. Cuando los músicos de la banda acudían a casa de su madre para recogerle camino de una actuación, sólo ella podía subir a llamar a su habitación. Y todo ello con sumo cuidado, porque lo que éste hacía nada más ser sacado de su sueño era intentar golpear a quien lo hacía. Luego, sobre el escenario, el equilibrio entre la vigilia y el sueño se hacía música.

Ben Webster – Time on My Hands (Soulville, 1957)

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Thelonious Monk: Escribiendo garabatos

13 febrero 2010

Empecemos por el capítulo de las confesiones: Me cuesta expresar lo que siento cuando escucho a Thelonious Monk, otros lo han probado con mejor fortuna. Su música es algo distinto, algo difícil de explicar, algo cercano al inconsciente. A veces me dan ganas de calificar sus solos de pueriles, sin ánimo peyorativo, todo lo contrario, por su pureza. Monk es de los pocos que han sido capaces de expresar su propio universo particular con música, por eso la que él interpretó es tan personal, tan rara y tan maravillosa. Su forma de tocar el piano me gusta imaginármela como la búsqueda de unas notas que se esconden en la melodía, que sólo él sabe encontrar.

Monk fue un ser diferente. Su estado de ánimo era inestable: podía dejar el piano y ponerse a bailar la música que tocaba la banda un día y otro encerrarse en sí mismo y no hablar sino con su música. Como sabía expresarse de maravilla con su piano, llevarte de visita a ese universo particular suyo, su forma de tocar no puede emularse. Si bien Monk es una inspiración para tantos y tantos músicos de jazz, no ha creado escuela. No podemos encontrar una veintena de músicos que suenen como él, como sí se pueden encontrar más de una veintena que suenen como Charlie Parker. Esto es consecuencia de lo anterior. Woody Allen, que ha utilizado la música de Monk en su cine (el disco Monk’s Dream aparece en su película Alice, de 1990, protagonizada por Mia Farrow) y se declara admirador de Thelonious Monk, ha llegado a comparar su caso con el suyo, en el sentido de que él también se sabe un creador muy valorado, pero nadie hace el mismo tipo de cine que él.

No es fácil escribir un garabato.

Thelonious Monk – Just a Gigolo (Monk’s Dream, 1962)

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Maestro Woody Allen

6 agosto 2009

woody

No suelo tener la oportunidad de llamar a alguien maestro desde que los tuve en colegio e instituto, dándome lecciones de tantas cosas y tan deprisa que a duras penas pude retener una tercera parte de la información recibida: ni hablemos de hacer una raíz cuadrada, por ejemplo. Sin embargo, a veces, doy con la argumentación de alguien que me ofrece las palabras que, cual sabueso, buscaba por las paredes, supongo húmedas, del pensamiento. Determinas personas me proporcionan abundante material teórico para mis divagaciones, muchas de las cuales asoman tímidamente por mis escritos y conversaciones. Uno de los habituales es Woody Allen.

Recomiendo la lectura de un libro escrito por Jean-Michel Frodon y publicado por Ediciones Paidós, de nombre Conversaciones con Woody Allen. En realidad es una recopilación de las numerosas entrevistas que Frodon realizó a Allen, la mayoría de las veces con motivo de las visitas del cineasta por suelo francés para presentar una película. De las materias tratadas en estas entrevistas una ha llamado en especial mi atención de cinéfilo en ciernes. Algo que barruntaba desde hace tiempo y Allen, un cineasta que ha conseguido realizar su carrera al margen de los grandes estudios cinematográficos norteamericanos, y por tanto no debe nada a estos, me ha ayudado a configurar mentalmente.

Se trata de la desmitificación de la producción cinematográfica del Hollywood clásico. Ésta última, al menos la comprendida entre los mediados los años treinta hasta los sesenta, se suele considerar el no va más de la historia del cine. Pero hay que tener en cuenta que Hollywood, la llamada “Fábrica de Sueños”, durante aquellas décadas producía centenares de películas al año y, como afirma Allen: “En su mayor parte sólo eran dignas del cubo de la basura, cosas horribles, aunque sólo conservemos el recuerdo de las obras maestras que despiertan nuestra admiración”. No más de una decena, como pueden comprobar si tienen un rato y bibliografía sobre la materia, en todo caso un porcentaje ínfimo de la producción anual.

Prosigue, y sentencia, Allen: “Hollywood ha sido siempre una fábrica, por lo menos desde los años veinte. Siempre han existido grandes compañías y siempre ha sido muy difícil trabajar con ellas. El sistema ha asfixiado a un gran número de creadores, pero es tal la cantidad de individuos con talento que de cuando en cuando surge una buena película pese a todas las presiones”.

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