30 de julio de 2014

30 julio 2014

NASA_Mars_RoverLa Sonda Phoenix envía datos que confirman la existencia de agua en el planeta Marte. Los partes informativos comentan que la sonda se encuentra en perfecto estado y ha encontrado hielo sin lugar a dudas. Cabe saber que en el planeta Marte las temperaturas oscilan entre los 20 y -50 °C.

chicagoanoftheyearNace Buddy Guy, en Baton Rouge, Louisiana, fue en 1936. Aunque ha entrado ya en la setentena todavía sigue en activo. Guy es uno de los guitarristas que ha definido el sonido de la guitarra blues de Chicago. Comenzó acompañando a luminarias del sello Chess como Muddy Waters o Koko Taylor. En 1966 comenzó una fructífera carrera en solitario, editando joyas como A Man and the Blues.

Kate Bush  también nació “tal día como hoy” en Kent, Inglaterra. Ha sido una de las primeras mujeres que ha tendio éxito de ventas en el Reino Unido. Su primer disco, The Kick Inside (1977), contenía la canción por la que Bush será recordada: Wuthering Heights, que la catapultó hasta el número uno de ventas en UK durante cuatro semanas seguidas. No ha vuelto a alcanzar semejante éxito de ventas, pero ha construido una sólida carrera musical. Su último disco fue editado en 2011.


En el Festival de Blues de Béjar 2014

16 julio 2014

Festival de Blues de Béjar

Oooh, yeah… Estoy de blues hasta ahí, hasta ahí mismo. Y tan feliz.

Vengo del XV Festival Internacional de Blues de Béjar. Lo mejor: el ambiente general en el  pueblo. Se respira música. Muchas jams en los bares, te encuentras por el pueblo a los artistas que tocan el festival, echas una parrafada… esas cosas. En fin, que se respira ambiente de música de verdad, de músicos.

Lo peor: que existan los móviles. Mejor dicho: que existan gilipollas con móvil. Es imposible ver un concierto normalmente sin que se plante alguien delante de ti con los brazos extendidos y el móvil entre las manos al grito de: “es solo un minuto, ahora me quito”. También meto dentro de lo peor cierto engreimiento que he detectado en los músicos. Me refiero a los músicos de Madrid de los que te hablo más adelante. Igual es que yo soy muy susceptible, quizás. Toco blues, soy de barrio del Sur de Madrid, voy a Chicago a grabar y me codeo con los negros. Apártate, que paso. Anda, chaval, a mamarla.

Gov’t Mule, al margen de gustos personales, es un grupo muy profesional, son muy buenos músicos, saben lo que hacen. En directo no son tan cabezones como en disco. El concierto fue muy guitarrero, pasajes largos y buenos y una versión del Cortez The Killer de Neil Young de 15 minutos inolvidable. El pobre Warren Haynes esperando a que el público respondiera “Cortez, Cortez” en el estribillo y ahí no respondía ni Cristo. Yo no podía, tenía un cigarrillo en la boca.

Lucky Peterson tocaba semanalmente en el garito al que yo iba en mi visita a Chicago. Otro profesional. Y el epítome de showman afroamericano. Soul, Gospel, Blues, R&B, hubo de todo. Baja del escenario guitarra en ristre, se revuelca por el suelo, se levanta y camina 50 metros sin dejar de tocar hasta que llega a la barra y le ponen una cervecita… Dos guitarras, dos teclados, saxos y trompetas, abrasador, de alto voltaje. Imposible no disfrutar.

Kenny Wayne, un tipo de Nueva Orleans. R&B estilo Fats Domino. Le faltaba chicha, le faltaba voz, no me gustó, muy convencional en todo. Tocaba con un tal Bob Stroger (“soy el blues”, decía el tío), a quien confieso no conocer. Bob Esponja, como le llamaba alguno del público a voz en grito, tiene 80 años. Es un viejecito delicioso. Pero el hombre ya no está para subirse a un escenario.

Lazy Lester. No está para tocar. Nació en 1933. Me pasé todo el concierto rezando a algún Dios por ahí para que no le dé el jamacuco en el vuelo de vuelta. No creo que tenga hijos, no le dejarían subirse al avión. O eso, o los tiene y esperan heredar.

Luego había una fisiculturista de Texas. que como te meta una hostia te parte a la mitad. Carloyn Wonderland. Quería ser Janis Joplin pero no le salía ni a tiros, claro.

Y al resto ya no los vi. Preferí irme a beber al garito de blues que hay en Béjar antes que escuchar el ethno-jazz de una tal Ester Rada y la cosa rara esa que hacen los Corizonas. Me siento mayor y cansado para ethno-jazz. Una cosa que no me gusta de estos festivales. La ausencia de sentido crítico. Hablas con la gente, con el público en general o incluso con algún músico de blues de Madrid y el discurso es infalible: todos son leyendas. Todos son la reputa hostia p’arriba. Todos se salen. No es así, hombre, no es así. Como el tal Bob Stroger y como el cual Kenny Wayne hay 200 solo en el estado de Mississippi. Y el doble en Luisiana. Lo he visto, lo he visto.

Tanto Kenny Wayne como Bob Stroger no tocaron con su banda. Tocaron con unos chicos de Madrid, un tal Quique Gómez (armónica, voz) y Eduardo no sé cuántos (un pavo con aspecto de ser repartidor de butano en Fuenlabrada y que es igual a Joe Strummer solo que con coleta. Toca la guitarra de puta madre el manostijeras este). También había otro guitarra italiano, Luca Giordano, bastante bueno. Estaba famélico el tío, la doliente anemia. Le hubiera invitado a un rissotto, pero me sopló 15 euros por su disco así que el rissotto se lo tendrá que cocinar mamá. Hablé un buen rato con esta gente, han grabado un disco en Chicago, viven en Chicago a temporadas, viajan por Mississippi, por los pueblos perdidos. Son unos pirados del blues. Aunque solo sea por eso, de puta madre. Por otra cosa no va a ser porque el disco es malísimo.

Felix SlimEl surrealismo vuelve. Había un bluesmen gaditano tocando por los bares. Felix Slim. Tocaba folk blues, estilo Snooks Eaglin, Willie McTell. Tocaba rags, cantaba en inglés. Entre tema y tema levantaba una copa y decía al camarero “pisha, ponme otro cafetito de estos”. El cafetito era tintorro. Se trasegaba su tintorro y atacaba un rag.

Felix Slim – Cele’s Rag (Midtown Blues, 2014)

ciruja


Lurrie Bell: Hacer blues por hacer

26 mayo 2014

Lurrie Bell

Lurrie Bell deambula por Chicago. Ha heredado el blues como otros heredan un piso en las afueras, sólo que él sin necesidad de notario y testamento. Efectivamente, su padre, Carey Bell, fue un virtuoso de la armónica que llegó incluso a formar parte de la banda del genial Muddy Waters.

Es fácil tropezarse con Lurrie Bell en los clubs de blues de la avenida Halsted. Mejor dicho, es matemático tropezarse con él. La escena se repite noche tras noche en el Kingston Mines o en el B.L.U.E.S: un negro entrado en años, dando paseos casi frenéticos de punta a cabo del garito unas veces, semidormido sobre la barra otras. Siempre solo. Siempre portando una mirada delatora de ese extravío tan propio de quien ha visto todo y no vende nada, de quien hace música por hacer música. A su vez, los parroquianos del Kingston o del B.L.U.E.S., miran a Lurrie con esa mezcla de compasión y respeto profundo que suelen inspirar los genios, los locos, quienes no venden nada, quienes hacen por hacer. Y quienes lo hacen con maestría subyugante, además.

Lurrie es músico de blues. Afamado, además. Pero no toca en el Kingston ni el B.L.U.E.S. Se planta ante el escenario, escruta, examina atentamente, pega la oreja a la guitarra solista de la banda que toca esa noche. Cada poco, cuando le apetece, saca su armónica del bolsillo del pantalón, toca dos notas y la guarda de nuevo. Repite ese gesto de forma compulsiva. A veces, derrama casi todo el líquido que contiene su copa. E, indefectiblemente, la banda que ocupa el escenario invita a Lurrie a tocar un tema, quizás dos. “Venga, Lurrie, sube”. Y Lurrie sube. Y toca, vaya si toca, vaya cómo toca. Toca la guitarra con seguridad, con fluidez. Tiene un timbre de voz adecuado para el blues. En escena -como fuera de ella- muestra la extravagancia y el desparpajo de quienes no venden nada.

Hacer música por hacer.

Confieso que no conocía a Lurrie Bell. No debo de ser tan aficionado al blues como yo mismo me creo. Ha sido ahora, una vez de vuelta en España, cuando he leído sobre él. Un entorno de blues desde la infancia. Padres, hermanos, primos, un “hola” a Sunnyland Slim que entra por su casa, un “adiós” a Jimmy Dawkins que sale de ella. Blues por todos los lados. A los cinco años coge una guitarra por vez primera. A los diecisiete comparte escenario con Willie Dixon. Efectivamente, iba para figura. De las consagradas. Depresiones nerviosas, aislamientos, demonios internos, espantadas a mitad de los conciertos…

Y, en lugar de en el Olimpo de las figuras, se le puede ver -noche tras noche- en el Kingston Mines, en el B.L.U.E.S., haciendo música por hacer. Casi mejor así, casi mejor. Os recomiendo encarecidamente escuchar alguno de sus discos. Al escuchar su música, excéntrica, disparatada, será cuando cobren sentido las palabras que he escrito sobre Lurrie Bell.

Blues. Haciendo por hacer.

Lurrie Bell – Blues All Around Me (Mercurial Son, 1995)

ciruja


Luther Allison, uno de los nuestros

16 diciembre 2013

luther

Nacido el 17 de agosto de 1939 en Widener, AR, Luther Allison fue el penúltimo de quince hermanos, concebidos todos en una granja de algodón. Sus padres decidieron mudarse a Chicago cuando él tenía diez años, buscando sin duda unas condiciones de trabajo más dignas. Por entonces ya conocía el blues gracias a la radio que su padre escuchaba cada noche: el Grand Ole Opry y a B.B. King en el King Biscuit Show en la emisora WDIA de Memphis. El joven Allison se aficionó a la música: tocaba el órgano de la iglesia de su Widener natal y también había aprendido a cantar gospel. Luego, en Chicago, comenzó a frecuentar los clubes de blues y jazz de la ciudad mientras de día cursaba estudios en el instituto. A los dieciocho años, uno de sus hermanos le enseñó los principales acordes de la guitarra, el talentoso Allison enseguida consiguió dominar la escala pentatónica. Vivía en el lugar adecuado para ello, su familia residía en el famoso “Lado Oeste” de Chicago (el West Side, cuna del mejor blues eléctrico con sonido urbano), allí pudo conocer al guitarrista Jimmy Dawkins, con quien tocó el bajo en la que fue su primera banda.

En 1969 Allison consigió grabar un disco a su nombre. De la mano de Bob Koester de Delmark Records, publicó Love Me Mama, disco de poco recorrido comercial pero con el que consigió hacerse un nombre en los circuitos especializados, llegando a participar en tres ediciones consecutivas del Ann Arbor Blues Festival. Estas actuaciones lograron que los aficionados de base empezaran a interesarse por él. En 1972 firmó un contrato con Motown Records, convirtiéndose así en el primer músico de blues del sello de Detroit (ilustre por el soul de salón de genios como Stevie Wonder o Marvin Gaye), donde graba dos discos imprescindibles: Bad News Is Coming y Luther’s Blues. Los aficionados al rock comienzaron a acudir a sus conciertos, su estilo les recordaba al de Jimi Hendrix, sin embargo sus discos no se vendían excesivamente bien. Allison decidió trasladarse a Europa, en concreto a París, donde pasó el resto de la década de los 70, y parte de los 80, grabando para sellos ignotos y retornando a los EE.UU. cuando era invitado a algún festival.

En 1994 grabó una serie de dos discos bien producidos y distribuidos por el sello Alligator, especializado en el blues de Chicago, del que Luther era ya un consumado especialista. Los discos Soul Fixin’ Man y Blue Streak vendieron como nunca. Eso provocó que comenzaran las reediciones de su catálogo, empezando en 1992 por Love Me Papa. En 1996, Motown decidió reeditar el material que había grabado con ellos entre 1972 y 1976, tres álbumes en total, en formato CD. Con cerca de sesenta años, Luther Allison continuó deleitando en clubes y festivales de todo el mundo con su impresionante forma de tocar al guitarra y la energía de su voz, hasta que en julio de 1997 le diagnosticaron un cáncer. Un mes después falleció en un hospital de Madison, Wisconsin. Ésta es la historia.

Luther Allison – Bad News Is Coming (Bad News Is Coming, 1973)

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Liberation Music Orchestra: Canciones protesta sin letra

9 diciembre 2013

Liberation Music Orchestra (Impulse!, 1969)

1969, la Guerra de Vietnam se encuentra en pleno apogeo, Charlie Haden, contrabajista del cuarteto de Ornette Coleman que reformó el jazz a finales de los cincuenta, funda la Liberation Music Orchestra y, con la colaboración primordial de la  pianista, arreglista y compositora Carla Bley, graba la banda sonora de la disidencia. ¿Acaso pretendía cambiar el mundo sin palabras, con el mero empleo de armonías? Pongamos en duda ante los escépticos el potencial comercial de mezclar viejos himnos republicanos de tiempos de la Guerra Civil española con el free jazz. ¿Cabe imaginarse una big band postmoderna avanzando orgullosa por las listas de éxito al compás de El Quinto Regimiento, Los Cuatro Generales o Viva la Quince Brigada? En septiembre de 2006, Haden contó a Democracy Now! cómo se gestó semejante proyecto: “Me preocupaba lo que estaba sucediendo en el mundo a causa de la administración Nixon y la guerra de Vietnam, pensaba que tenía que hacer algo al respecto. Tenía algo de música de la Guerra Civil española y empecé a pensar en que quizá podía hacer algo donde interpretar esas canciones de contenido político”.

No resultó fácil que un sello discográfico se hiciera cargo de la grabación. Más sencillo fue conseguir interesar a un conjunto de músicos con los que Haden había tocado en el pasado para que integraran la primera formación de la Liberation Music Orchestra. En cuarenta años por sus filas han pasado diferentes intérpretes dirigidos siempre en lo musical por Bley (Gato Barbieri, Sam T. Brown, Don Cherry, Earl Gardner, Joe Lovano y Branford Marsalis entre otros), reunidos para giras y grabaciones esporádicas, cuando los acontecimientos despertaban la ira de su líder. La política exterior de Ronald Reagan en Centroamérica inspiró el álbum The Ballad of the Fallen (ECM) en 1982, Dream Keeper (Blue Note) apareció en 1990 con Sudáfrica y Sudamérica como trasfondo y Not In Our Name (Verve) en 2005 como reacción a la invasión de Iraq.

En las notas de la cubierta de aquel primer disco de 1969, homónimo, para el sello Impulse! Haden escribió: “Después de que la plataforma minoritaria contra la guerra del Vietnam fuera derrotada en una votación en el Congreso [Congreso Demócrata de Chicago de 1968], las delegaciones de California y Nueva York empezaron a cantar de forma espontánea We Shall Overcome [Venceremos, himno del movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos, que se incluyó como última canción del disco] como protesta. Incapaz de mantener el orden en la sala, la tribuna ordenó a la orquesta de la convención que sofocara los cantos. Entonces pudieron escucharse las patrióticas You’re a Grand Old Flag y Happy Days Are Here Again en un intento de extinguir We Shall Overcome. Para mí ésta es la historia, en términos musicales, de lo que sucede en la política de nuestro país”.

Decía Phil Ochs que en tiempos tan desagradables la verdadera protesta es la belleza, sirvan estas líneas para dejar constancia de esta encarnación.

Liberation Music Orchestra – El Quinto Regimiento/Los Cuatro Generales/Viva la Quince Brigada (Liberation Music Orchestra, Impulse!, 1969)

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