Robert Smith y Tomatito

10 Noviembre 2009

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Algunos se quedarán un tanto perplejos al saber que el líder de The Cure, Robert Smith, es aficionado al flamenco, y que cada vez que viene a España se le puede encontrar en algún local al uso, acechando entre las sombras a los bailaores, cantaoras y demás músicos.

En una entrevista con el cantante, por éstas cosas que tiene la falta de casualidad y las ganas de hacer sangre de algunos periodistas, se pudo contactar con rapidez a Tomatito, que acudió a dicha entrevista como invitado adyacente y con la mejor fe, para intentar agasajar a Smith con un poco de buen flamenco.

En el previo a la entrada de Tomatito, los periodistas ya habían sacado tema, y al invitado se le notaba algo nervioso. Pero ante la aparición del guitarrista, que se sentó al lado de Smith con naturalidad, empezaron los balbuceos. De hecho, la tensión de Smith hizo que se fuera abriendo un espacio vital cada vez mayor entre Tomatito y él. Cuando el guitarrista empezó a tocar, Smith lo contemplaba de reojo, apabullado. Una vez finalizado el toque, llegó la pregunta que Smith temía: ‘¿Quiere ud. improvisar algo con Tomatito?‘. Su ego soltó un bufido, y admitió, visto lo visto, que tocaba muy mal, y que le daba envidia advertir la destreza al mástil del hijo del Tomate.

Tomatito, viendo el mal trago que estaba pasando Smith, y probablemente haciendo uso de esa empatía que tienen los artistas que ya se han visto en alguna parecida, indicó: ‘No sabrá tocar, pero cuando Robert viene a España, la lía‘. Smith, agradecido por el capote, sonrió, aunque en esos momentos ya debía estar rezando para que la siguiente pregunta no tuviera que ver con los tópicos aires, entre flamencos y árabes, de la canción ‘The Blood‘, que pueden escuchar un poco más abajo.

Por suerte para él, el suplicio acabó ahí, ya que los periodistas pasaron a interrogarle sobre sus hábitos de higiene, y él recobró rápidamente la compostura, animado por el nuevo rumbo que había tomado la extraña interview.

The Cure – The Blood (The Head on the Door, 1985)


Willie Williams: Uniendo Paralelas

8 Noviembre 2009

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Willie Williams es saxofonista de jazz. Nació el 1 de noviembre de 1958 en Wilmington (Carolina del Norte), y desde los seis meses reside en Filadelfia. Ha editado cuatro discos como frontman, de localización complicada.

Orgulloso de ser y haber sido un peón del jazz, como lo fue Coltrane, su presunta humildad jamás le hubiera permitido formar un grupo y convertirse en su líder, aunque en éstos casos el liderazgo siempre sea relativo, y persiga más que nada atraer al público con el nombre más conocido en busca de unos cimientos que nada tienen que ver con la fama, pero sí con el dinero (con el dinero que uno se merece y que le permite sobrevivir, nada que ver con el otro dinero) y la necesidad de crear música a toda costa.

Aunque fue un niño predispuesto, y aunque Art Blakey o Jackie Byard no dejaran de alabarle los dones y lo añadieran a algunas de sus sumas jazzísticas, ante su, repito, presumida humildad, tuvo que existir una muy limitada pero fervorosa presión popular y crítica, que obligó a Willie a subir el escalón, probablemente más por ilusión privada que por ambiciones personales.

Personaje silencioso, acostumbrado a explicarse como los músicos de raza, a través de sístoles-diástoles musicales, su figura nos sirve para disfrutar y para que nos eche una mano a la hora de comprender mejor los manejos de su maestro Coltrane. A comprender en particular esa espiritualidad que pretendía reflejar en su música Coltrane, no como hecho religioso transcendente sino como expresión única del alma humana.

El que comprende también puede explicar, por eso cuando Willie Williams da vida a su música suena algo más que ese toque a lo Coltrane, suena la explicación de los puntos fuertes del maestro a cargo del alumno, y suenan las carencias de éste último, ya que remarca con su imprudencia eso que iba más allá de las ‘normas’ de Coltrane, y que forma su genialidad: lo inexplicable, y por tanto, intransferible.

Williams nació en una pobreza delicada. De familia de músicos, el saxo se lo encontraba por los rincones de su casa. Como a muchos otros, la música le salvó de su entorno y de sí mismo. Poco a poco, Williams le fue devolviendo el favor a la música. En sus cuatro discos ha ido en difícil crescendo, apostando como Coltrane por formas cada vez más experimentales, o al menos más complejas, pero siempre buscando apartarlas de la frialdad.

Tras toda una vida soñando con una música como camino, da la impresión de que Coltrane continúa una parte de su vida en él. No tenemos que poner a Williams en ese brete, no es justo pedirle que iguale a Coltrane, ni técnica ni estilísticamente. Pero cuando lo escuchamos, Coltrane está ahí, como si alguna de las ruedas que lo animaban nunca hubiera dejado de girar.

En tiempos en que el alma terrena se devalúa, si un día brilla en los oropeles del circuito su impertinente esplendor puede que algunos críticos arrojen su saxo a los leones por ser menos que un émulo, y pretenda crear a través de las virtudes de algo ya reconocido. Pero Williams tiene ese sentimiento que es capaz de mover montañas a golpes de corazón, y eso ni se compra ni se vende. Está, pues, en el buen camino, y ya ha recorrido trechos en los que ha dejado huella en paisajes magníficos.

Que siga naciendo siempre que quiera.

Suerte, buen Willie.

Willie Williams - Spirit Willie (Spirit Willie, 1992)


El jazz debe morir

8 Noviembre 2009

The Cry of Jazz

Retrocedamos en el tiempo. Estamos en 1959, en una minúscula habitación de Chicago, en la que se desarrolla una discusión entre unos afroamericanos concienciados y unos chicos blancos. Estos últimos no están de acuerdo con la siguiente afirmación: “Para que la América negra viva, el jazz debe morir”, ya que es la manifestación del sufrimiento y la rebeldía del pueblo negro en los Estados Unidos. Los chicos blancos consideran que el jazz sólo es un estilo musical, y que los músicos blancos pueden tocarlo igual de bien que los negros.

En esencia, ésta es la base argumental de la película de Edward O. Bland, The Cry of Jazz (1959), un cortometraje poco conocido puesto que permaneció prácticamente inédito hasta su edición en DVD en el año 2004. La película propone la existencia de un vínculo indisoluble entre el pueblo afroamericano y el jazz. Durante escasos 35 minutos, el film incorpora imágenes de la Sun Ra & His Arkestra, quienes a su vez sirven de resonante banda sonora a ritmo de swing interplanetario, junto a disertaciones sobre el jazz y la historia de los afroamericanos en los EE.UU. Resulta, en fin, una visión sociológica de la música jazz más interesante que la serie documental de Ken Burns entera.

Sun Ra – Space Is the Place (Space Is the Place, 1972)